Joaquín Sabina en el Luna Par

0
12

Una caricia en cada canción y cada palabra par las 6000 personas que estuvieron en el Luna Park en las vísperas del 24 de marzo, a 35 años del golpe militar de 1976. Vuelve hoy.Nos sobran los motivos

Nadie se muere en la víspera, ni en la desilusión de una letra venidera que no llega ni en las turbulencias de ancestrales nubes negras. En todos los infiernos llueve sobre mojado. Nadie sabe cuál será su último tren ni si tendrá fuerzas o ganas de abordarlo. El penúltimo tren, tal es el nombre de la última gira iniciada por Joaquín Sabina hace unos días en Tucumán, es un chascarrillo compasivo pero también una invitación a la nostalgia de quienes solíamos ser, al recuerdo o a la confirmación de que todavía estamos vivos, de que nos sobran los motivos.

Anoche el tren aparcó en Buenos Aires. La primera caprichosa luna , de otras tantas que se vienen, se inició pasadas las 21 y se extendió hasta después de medianoche. Con un amplio repertorio de canciones consagradas, Sabina supo deleitar a las más de 6000 personas que coreaban su nombre. Visiblemente emocionado, reconoció que había decidido no dar más conciertos pero ?llamaron desde Argentina, y ¿Cómo carajo se niega uno??.

Habló mucho y bien, contó historias, hizo chistes. Lejos de la demagogia rimbombante de visitantes oportunistas, resultó creíble o, más bien, fue verdadero, intenso. Cada palabra arrojada al público fue una caricia, para nosotros y para él. Esa boca es suya y, lo sabemos, nuestra también.

El fuego se abrió con ?Una noche contigo?, siguió con ?Tiramisú de limón?, ?Virgen de la amargura? y ?ganas de? en un vaivén entre Esa Boca es mía y Vinagre & rosas. Sonaron (sólo para nombrar algunas) ?Peor para el sol?, ?Medias negras?, ?Dieguitos y Mafaldas?, ?19 días y 500 noches?, ?Por boulevard de los sueños rotos? ?Noche de bodas?, ?Pastillas para no soñar?, ?Aves de paso?, ?Contigo?, ?Princesa? ?La del pirata cojo? y la hermosísima ?Peces de ciudad?, entre otras.

Mención aparte merece ?Todavía una canción de amor? precedida por el relato de la noche (o día ¿Qué importa eso?) en que Calamaro se la llevó, de un oscuro boliche de Buenos Aires, para inmortalizarla con los Rodríguez.

No le faltó oportunidad para tomar posición política sobre acontecimientos internacionales de público conocimiento ni para acordarse de hacer memoria: ?Con la frente marchita? sonó oportunamente a minutos de conmemorarse el 35 aniversario de los sucesos más sangrientos de nuestra historia.

No se privó de cantar, en ritmo de tango, una lograda versión de ?Cuando me hablan del destino? dedicada a Gardel y Le Pera. Dijo no animarse a versionar tangos aquí, como sí lo ha hecho en México o en España, por pudor, por respeto a esta tierra que tan sanamente lo ha cobijado.

No se privó tampoco de la gracia ni de la picardía. Agradeció a la lluvia porque impidió que la gente fuera a escuchar a Plácido Domingo y que, en cambio, vinieran a escucharlo a él, a escuchar una voz verdadera, auténtica. Más allá de la chicana y de los valores vocales y musicales de Domingo, nos quedamos pensando en la voz de Joaquín, en los motivos por los que algunos preferimos las voces roncas y trasnochadas. La voz del exceso, esa voz de callejón o estación de subte, no tiene valor en sí pero cuando va acompañada de poesía, a veces corrosiva a veces tierna, encriptada o transparente, algo de la verdad de cuerpo se conmueve.

Eso es lo que provocó Sabina la noche de anoche. El temblor continúa el 25 en el Luna Park, el 26 en Rosario, el 29 en Montevideo, el 31 en Córdoba, 2,3,6,7,8,9 y 13 de abril otra vez en Buenos Aires, el 17 en Asunción para finalizar en el mítico templo porteño el 19 de abril con una función agregada a pedido del público.

Nos sobran los motivos para seguir hablando de, escuchando y cantando los versos de este aprendiz de brujo. Los años pasan para todos. No seamos necios ni estúpidos. Un sólo verso suyo, alguna vez, bastó para sanarnos, aunque no sea dios ni diablo. Es un tipo y su guitarra transitando las calles, los infiernos, los prostíbulos, las despedidas. Es el pirata cojo y las mil máscaras, los trajes de hombres que nunca supo ni quiso ser.

Tan joven y tan viejo, Sabina está entero, tiene cuerda y versos para rato aunque estemos seguros de que un rato puede durar muy poco y desconozcamos cuál será la última estación. No importa, Joaquín Sabina ya es eterno.

Publicado en Leedor el 25-03-2011