Después del borde y Almas

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En meses de carnaval, cuando las calles se inundan de ruidos estertóreos, hay quienes, no obstante, se animan a darse una vuelta por algún círculo del infierno.?Ojalá te sientas solamente un poco mal?

En meses de carnaval, cuando las calles se inundan de risas, luces y ruidos estertóreos, hay quienes, no obstante, se animan a darse una vuelta por algún círculo del infierno. A veces ese tan temido infierno puede encontrarse en la palabra desbordada, en la búsqueda de imposibles, en la desesperación y el deseo de muerte y puede ser representado en algún que otro teatro del circuito alternativo de la Ciudad de Buenos Aires. Tal es el caso de las obras que vimos la semana pasada, propuestas que abren interrogantes e invitan a la reflexión.

Todos los viernes a las 21 hs, en el Teatro Puerta Roja se presenta Almas de Griselda Gambaro. Con dirección de Pilar Lourenco y las actuaciones de Mariana Rodrigo (Marion) y María Pía Baschong (mucama), la obra nos muestra a una mujer empecinada en la búsqueda de su alma gemela, sus 21 gramos complementarios e igualmente sublimes.

En ese tránsito, que a nosotros nos significan cuarenta minutos en la sala, desde una habitación de hotel, la protagonista nos cuenta sus desventuras en esa empresa que está condenada al fracaso. Sola, intenta hablar consigo misma en busca de respuestas pero termina hablando sola (que no es lo mismo pero es igual). Intenta, acto seguido, acercarse a la mucama pero nadie puede entender su fragilidad, su vuelo de pájaros.

La búsqueda incesante del alma probablemente tienda a justificar una acción insospechada pero, sobre todo, a negar una vida dolorosamente terrenal, chata y carente de sentido que es, precisamente, aquello que andamos buscando en la vida.

Buenas actuaciones, excelente juego de luces y sombras y un discurso psicótico que deja en evidencia que la búsqueda de imposibles nos deja solos y desamparados.

El domingo nos acercamos al Teatro El extranjero para ver el reestreno de Después del borde, obra escrita, dirigida y actuada por Heidi Steinhardt. La frase de Joe Bousquet, ?Mi herida existe antes que yo. He nacido para encarnarla?, que aparece en el programa, resume el sentido de la obra. Es el discurso del dolor arrojado al viento de un bosque de cuentos de hadas que termina siendo siniestro.

Seis personajes, que conviven en escena pero que no interactúan entre sí, presentan sus personales historias de dolor: una bulímica confiesa su plan de macabra extinción, una doncella de otros tiempos llora un amor socialmente prohibido, una cleptómana delirante ?cosea? en un mundo hostil, una monja destila la culpa de pecados inconfesables, una jovencita hace lo propio por la muerte de su hermano y una niña en un cuerpo de mujer reclama la muerte para llegar a brazos de su padre.

Después del borde está el abismo, la locura, la muerte. La obra es estéticamente bella y bellas también son las palabras que bailan, se enredan y se endulzan en un constante regodeo en lo mórbido y en el dolor extremo.

Se destacan las actuaciones de Silvia Villazur, Sofía Wilhelmi y Heidi Steinhardt posiblemente también porque encarnan los monólogos más logrados de la puesta.

Ambos espectáculos se encuentran estos días iniciando su segunda temporada. El monólogo, más que como herramienta escénica, como medio para desatar la furia verbal de una tristeza extrema que se dice, es otro punto que los une. Además, por supuesto de las preguntas que nos dejan.

Resulta imposible salir de la función sin pensar, sin sentirse conmovido. Rescatamos eso: la posibilidad de abrir interrogantes.

Por nuestra parte, en un mes que es también el mes de la mujer (tal como lo anuncian algunas publicidades y sin llegar, nosotros, a comprender realmente qué es lo que eso significa) pensamos en aquellos lugares comunes que circundan el mundo (literario, poético si se quiere) de lo femenino, aquellos estigmas: la loca, la enferma, la sufrida, la abandonada, la maltratada. ¿Cuáles son sus alcances, sus prolongaciones, sus desviaciones y, por fin, sus superaciones?

Susana Thénon escribió un poema (?La antología?) que hablaba precisamente de ese lugar oscuro otorgado a las poetas argentinas desde Alfonsina en adelante. Decía:

?Porque tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no sólo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas

es una antología democrática
pero por favor no me traigas
ni sanas ni independientes?

Podemos prolongar el cuestionamiento al teatro y a los espacios femeninos en general, el lugar a donde nos sitúan y donde nos situamos, a veces sin querer. Probablemente ya no debamos sentirnos tan mal o, por lo menos, no peor que otros seres. ?Ojalá te sientas solamente un poco mal? nos deseó Andrés Calamaro en aquella canción que abre su Honestidad Brutal. Habrá que hacerle caso.

Este es solo un pensamiento que tal vez se esfume o se prolongue en el tiempo y en futuras lecturas. Por el momento, agradecemos simplemente a estas propuestas teatrales la posibilidad de disparar ideas y múltiples sentidos.

Publicado en Leedor 14-03-2011