David Viñas (II)

0
19

Junto con Walsh, el intelectual más lúcido de la Argentina fue también profesor provocador en Filosofía y LetrasMi Dios cotidiano.

Todos los hombres son mortales. David Viñas era un hombre aunque cuando lo veíamos llegar a las clases era un gigante, nuestro dios cotidiano en aquellas tardes-noches de Filosofía y Letras. David Viñas fue mortal aunque supo burlarse de cualquier silogismo, de cualquier pensamiento enquistado, seguro. Había muerto muchas veces por eso quizá pensamos que era eterno.

Rozaba la muerte con las palabras que no eran otra cosa que cuerpo, carne viva, deseo. Allá por los 90´ se quejaba de la tibieza de los intelectuales de la época, de la falta de dramaticidad, de la cultura light predominante. Creía que ?el lugar del intelectual crítico es estar fuera de lugar. Decir las cosas que no se dicen?. Lo sostuvo en la década del 60´, en los 90´ y en el 2010 también.

Porque pone las manos en el fuego, el intelectual crítico se quema. Y ahí otra vez lo esperaba la muerte. ?A mayor heterodoxia crítica, mayor riesgo de sanción? decía. Dar la cara y también hacerse cargo.

Vivió como dijo que debía vivirse. Escribió como dijo que debía vivirse. Leyó como dijo que debía vivirse. David Viñas fue uno de los intelectuales más lúcidos que dio este país. El más lúcido después de Walsh me animaría a arriesgar (el riesgo, el juicio de valor arriesgado será quizá su mayor legado).

Fue también profesor, mi profesor y el de tantos, los de la primavera democrática que lo disfrutaron en Literatura Argentina I, los de los seminarios de Literatura Argentina y los que en el 2003 corrimos a anotarnos en Problemas de Literatura Latinoamericana.

Aire fresco, frío, gélido corrió entonces en los tibios pasillos de la facultad de Filosofía y letras que se niegan todavía a reconocer del todo que afuera esta el mundo. ¿A quién le habla la gente de Letras? ¿Con quién dialogan? Casi siempre entre nosotros y con nosotros mismos. David te llenaba de preguntas que él no hacía pero alguna palabra suya bastaba para provocarlas.

Fue un cross a la mandíbula. Te dejaba dando vueltas como un trompo al final de cada clase. Entendimos entonces que la literatura podía ser otra cosa: batalla, pelea, política. Entendimos también que se podía desacralizar la literatura. Su clase práctica para robar libros (fama que se había ganado) era una provocación pero también la certeza de que la literatura estaba ahí para usarla, para apropiársela, para desafiarla.

Amigo de las polémicas, de la palabra desacatada, Viñas se animó a sacar a Borges del centro de canon para colocar en él a Rodolfo Walsh (?Yo creo que Walsh ?y si esto abre polémica, enhorabuena? trasciende a Borges. Si usted me apura, hasta le diría: es mejor que Borges.?). Movida que abrió una polémica que nadie todavía se animó a profundizar (¿quién se animará a hacerlo? ¿Quién podrá tomar la posta de lo que a ciencia cierta es arriesgado, oscuro, visceral?).

Podemos pensar ahora en la literatura del cuerpo, la que pone el cuerpo y da la vida. De qué nos sirven las palabras grandilocuentes arrojadas al viento de la pura intelectualidad y de la pura belleza. Borges y Walsh escribían maravillosamente bien. Pero en Walsh había un plus: La palabra como arma de guerra para, si no cambiar el mundo por lo menos denunciarlo, contrariarlo, arremeterlo. Sangre en las venas tenía Walsh. Y Viñas también.

Supo hacerse de enemigos válidos y de otros que no estaban a la altura del conflicto. No me sorprende que Jorge Asís saliera a hablar sobre su muerte. Quiere parecer provocador y sólo le alcanza para ser idiota. Es un cagón que arremete contra los muertos con argumentos que se desvanecen ante cualquier soplido. Se mueren los buenos, eso está clarísimo.

Hasta siempre, maestro. En algún lugar fuera de lugar te esperan Mariátegui, Martí, Walsh, Mansilla, Vallejo, tus amores y todas las luces y sombras que supiste conseguir. Hay golpes en la vida tan fuertes, como del odio de Dios, que para colmo de males, no existe.

Publiccado en Leedor el 12-03-2011