El asesino de chanchos

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Este es el tipo de libro que el lector casual compra después de haber sido avisado por alguien. Te estamos avisando.
Siempre implica un problema acceder finalmente a un libro que ha sido recomendado y elogiado por diferentes buenos lectores que no se conocen entre sí ni comparten necesariamente gustos similares. Entonces, cuando se llega ?El asesino de chanchos?, uno lo hace con una gran expectativa. Puede parecer inconducente este comentario, pero por el perfil de la editorial y el autor, no existe casi la posibilidad del lector casual que dando vueltas por una librería decida comprar el libro. Por el contrario, este es el tipo de volumen que incluso el lector casual compra, pero después de haber sido avisado por alguien.

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Los nueve cuentos que forman el libro tienen en común tanto virtudes como defectos, y casi que son intercambiables entre sí. No hay grandes distancias de calidad, estilo ni narración. El libro tiene una unidad absolutamente cohesiva y habrá que ver hasta qué punto eso ayuda o perjudica su lectura.

Los relatos tienen en común cierta adopción del realismo sucio norteamericano llevado al costumbrismo del interior. Piénsese en un Carver pasado por el Mairal de ?Una noche con Sabrina Love? o ?Salvatierra?, dosifíquese con cierta agudeza a la Terranova, y se obtendrá algo parecido a ?El asesino de chanchos?. No se trata de establecer paralelos porque Lamberti esté usando una fórmula, sino que es un modo de relacionarlo a nombres más conocidos.

La gran constante es el estado de observador del narrador. En todos los cuentos el narrador casi siempre está observando, escuchando anécdotas, recordando cosas que le contaron, especulando con lo que sucederá al día siguiente. La acción siempre aparece en el relato ajeno, el que le cuentan al narrador, o directamente ocurre frente a él. En el cuento ?El asesino de chanchos?, si bien existe un hombre que masacra gente, es apenas un elemento más de un relato cuya intención jamás tiene que ver con el policial o el cuento de horror. El protagonista anda por una casa, mira en las noticias lo que se dice del Asesino de Chanchos, pero básicamente lo que se nos cuenta es otra cosa: la mirada de un trotamundos que no sabe muy bien qué hacer con nada, y quizás encuentra en el personaje despiadado y criminal un espejo de todo aquello que él no es: alguien decidido, con un propósito. Alguien, en cierto modo, admirable.

En otro de los cuentos, ante la muerte de su padre, el protagonista encuentra una carta del difunto en la que se le revela que tiene un medio hermano. Parte entonces al encuentro de éste y toda situación dramática queda despojada de su hábitat natural en la literatura. Lo que sucede entonces es que ambos hermanastros terminan en una situación algo promiscua junto a una chica?y uno de los logros es que se siente totalmente natural?. Ese es un punto importante del libro: no existe una intención de bajada de línea, de exponer un paradigma ético y moral que debiera regir el comportamiento humano. Todos los personajes de Lamberti son amorales, pasivamente amorales. Viven en el aquí y ahora, se buscan su sustento, quieren coger, pasar un buen rato, ganarse su guita, comer un buen asado. Pasar un rato entre amigos. Por supuesto que todo esto no es inocente de ideología, simplemente que la ideología flota por sobre los relatos a modo de bruma, puede reconstruirse en el tono dominante de la suma de los cuentos, pero no está presente de manera panfletaria ni mucho menos. Y si no hay una descripción minuciosa de los argumentos, es por lo antes mencionado: los argumentos no son demasiado relevantes: las ficciones esconden percepciones, ideas, sensaciones y relaciones lúcidas que son el núcleo del libro.

Por momentos la escritura de Lamberti puede ser un poco desordenada. Tiene ritmo, en la mayoría de los cuentos está afilada, pero se nota todavía cierta inocencia en algunas articulaciones que no son casuales. No ayuda mucho que la edición sea un poco descuidada (no sólo por errores de tipeo, sino varios errores de puntuación que son un poco molestos a la vista).

Finalmente, ?El asesino de chanchos? no pasará a la historia como un magnífico exponente de la literatura vernácula, pero es un punto de partida interesante. Lo suficiente como para estar atentos al autor, a ver con qué la emprende en el futuro.

Publicado en Leedor el 1-03-2011