Deslenguada

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valeria flores nos sorprende recuperando sentidos disidentes, desnaturalizando textos y activando disoluciones génericas, en todos los sentidos de los géneros.
La serie Conversaciones Feministas suma su quinta pata a la gata. A los ya editados volúmenes que recopilan varios autores: Volumen 1: Parentesco, Volumen 2: Biopolítica, Volumen 3: Políticas de reconocimiento I, Volumen 4: Políticas de reconocimiento II se suma Deslenguada, Desbordes de una proletaria del lenguaje, de la lesbofeminista valeria flores, siempre editados por Ají de Pollo.

Deslenguada consiste en un texto hilo, un chisporroteo de palabas estrellas fugaces, donde lo polifónico actúa: 23 fragmentos que parten de respectivos epígrafes de autores diversos en un total fuera de catálogo. Cada epígrafe entra en conjunción con el texto que flores le propone. Así la autora escribe a partir de citas de Clarice Lispector, Monique Wittig y Sandra Zeig, Adrienne Rich, Beatriz Preciado, Violette Leduc, Minnie Bruce Pratt, Audre Lorde, Samuel Delany, Jeanette Winterson, Rosario Castellanos, Alejandra pizarnik, Gloria Anzaldúa, Macky Corbalán, Ursula K. Le Guin, Néstor Perlongher, Marosa di Giorgio, Virginia Woolf, Jacques Derrida.

Su escritura fluye de una manera singular. En una intertextualidad tan intensa, el epígrafe dialoga, se integra, deja su lugar primero. Me acuerdo de todos los sufijos pos que nos rodean, pensando particularmente en la posliteratura.


¿Cómo se para Deslenguada frente a los géneros?

No se encaja en un género convencional o en los géneros convencionales, lo que hace es jugar con las fronteras de los géneros. Apunta a una experimentación con la escritura que no se adecúa dentro de los términos convencionales del género, no es poesía, no es ensayo, no es teoría, si no que combina todos.

¿Y qué tiene que ver esta manera de escribir (de pensar el género) con tu manera de pensar el género?

Justamente porque hay varias cuestiones. Por un lado, se trata de epígrafes que refieren a textos feministas o a teóricas lesbianas que pensaron el género fuera de los parámetros de la heterosexualidad o del género en términos binarios, y hay un diálogo en términos permanentes con todas esas referencias, una cartografía de ecos o de voces que me hacen reflexionar sobre el tema del género. Por otro lado pensar que el género es lenguaje. El lenguaje construye el género. Entonces, uno de los desafíos, y para mí la escritura es un desafío político, es de alguno modo desorganizar la política corporal de la lengua. La escritura de Deslenguadda tiene que ver con los itinerarios vitales míos, el activismo lésbico feminista, de algún modo el activismo teórico, más allá de que no pertenezco a la Academia, soy fronteriza, ese término tan despectivo que se usaba hace tiempo en educación, porque de algún modo usufructo producciones de la academia pero para una reapropiación singular desde un lugar que problematiza ciertas legitimidades que esa institución impone.

Esto que decís de que la lengua es un medio de producción, cómo trabaja en una proletaria, ¿por qué deslenguada entonces?

Porque es disidente de la lengua estándar normalizada, institucional? y proletaria porque de algún modo me desmarco de esa idea moderna de la escritora como desvinculada de las condiciones materiales, y cuando digo condiciones materiales no sólo tiene que ver con lo laboral o social, sino de la materialidad del cuerpo, no me despojo de eso, sino que es parte de la materialidad del cuerpo, hay un cuerpo que se hace en la escritura y en la enseñanza, no hay cuerpo previo? Se hace en ese proceso.

¿De qué forma tu práctica y tu ideología tiene que ver cuando te parás delante de un curso?

El bagaje de género te da una diferencia, entiendo que sí, lo cual también es un desafío, porque el guión tradicional del acto de aprendizaje está como removido, desplazado, hay ciertas intervenciones dentro del aula, en primaria, que se van movilizando, de algún modo el libro no espera una lectora o un lector bajo parámetros utilitarios o convencionales, es más, le constituye un obstáculo o un inconveniente. La lectura de Deslenguada, ya me lo han dicho varios, es compleja, es difícil. Para mí la lectura no es una operación transparente; que sea una operación transparente con ideas preconcebidas lo que hace es que la lectura se convierta en esclava de ese modo de producción de sentido, entonces la idea es desafiar al lector a la búsqueda, a levantar la vista y que las cosas no sean iguales?

Es una literatura que podría seguir ciertos linajes… Pero en Deslenguada hay un gesto permanente de imponer lo poético no como estilo o metáfora, ni siquiera como procedimiento constructivo, sino como operación que devela sentidos al disolverlos inmediatamente donde se fosilicen, que dice porque evita decir, evita congelar una sola mirada? Esta es quizás una de las claves.

Sí, los textos que componen Deslenguada no tienen un inicio o un final. Se puede empezar por cualquier lugar. De algún modo me inspiró El cuerpo lesbiano, de Monique Wittig, para mí es fundamental. Igual que Dona Haraway, que a pesar de ser de la Academia, tiene para mí un escritura que desafía, justamente por su hibridez, especialmente en Ciencia, Cyborg y Mujeres, y en Oncoratón Hombrehembra, donde mezcla registros de la ciencia ficción con el discurso científico y la literatura, hay un ensamblaje y ciertas figuraciones que tienen un aporte para disparar otros imaginarios. Igualmente me pasa con Marosa di Giorgio por esa exuberancia en plantear el mundo vegetal y animal, por esas enumeraciones tan fuertes que hace?

En cuanto a la forma de presentarlo, también fuiste original?

La presentación del libro fue en Neuquén, poco convencional, en un salón a oscuras. Convoqué a cuatro escritoras y escritores a que escriban en el formato que quisieran unas palabras, y así lo hicieron Macky Corbalán, Gerardo Burton, Gabriela Nemiña, Griselda Fanese. A eso se sumó una artista plástica que realiza esculturas que se colgaron y se iluminaban con la lectura, y cerró una batucada con linternas. Esto fue a fines de noviembre de 2010. Ahora lo estoy pensando para marzo acá en Capital.

El libro se distribuye y circula en distintas librerías argentinas. Leedor también lo tiene en su tienda, junto con toda la serie de Conversaciones Feministas.

Publicado en Leedor el 23-02-2011