Diana Aisenberg

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Una artista argentina que hace obra desde la docencia, de fuerte carácter conceptual, que reafirma el lugar vincular de la praxis latinoamericana.¿Cómo te formaste? ¿Cómo es la formación de una artista docente?

Yo estudié en Jerusalém. Me fui en el año 76 y volví a fines del 82, y ese tiempo lo pasé estudiando allá, el magisterio de arte, el profesorado para maestros, hice cursos miles, aquí, en EEUU. Yo quería ser maestra, artista me parecía que no se estudiaba, que nadie iba a sacarme lo que yo tenía, de chica me sentía artista. Tenía una cosa entre pedante y adolescente.
Estudiar era la única manera de mantener la visa y la beca, en ese momento había becas económicas. Había que hacer el preparatorio, estudiar hebreo, cultural, geografía y lo hice todo. No tenía dudas de que quería ser maestra. Y me orienté a la pintura. Cuando terminé, lo que me quedaba hacer era la Universidad de Artes, que tenía un ingreso muy difícil, eran muchos exámenes, y lo dí por darlo, y entré. Con esa universidad me peleé bastante pero estoy totalmente agradecida.
Luego volví, y viajé varias veces. No sé si me gusta vivir en Buenos Aires, pero siento que en Buenos Aires tengo algo para hacer. Por lo menos siento que hace una diferencia en el contexto.
Me interesa el arte en las personas y en la construcción social, tengo un espíritu docente, nunca pensé que no fuera artista, siempre lo fui, y logré armar un combo, en el que comprendí que la docencia era un modo de ser artista. Al principio sacaba ese lado, no podía decir “Amo dar clases”, y para mi es parte de mi obra, porque se me reían, o me decían “seguro que no vendés mucho”, ahora está muy cambiado, más relajado, pero en los ´80 era muy difícil. Yo seguí haciendo lo mío, no era invento, fue todo bastante como el río, y el taller creció mucho, venía de vivir afuera, quería trabajar y se fueron sumando los alumnxs, y eso creció, empezó a tener una marca muy fuerte. Ya no tengo que decir que es mi obra, hoy medio ArteBa estudió conmigo.
Yo sigo pintando, pero soy docente. Hay muchos artistas docentes, pero no sé si hay muchos que se encarnen en la producción de obra desde allí. Me importa el lado del arte transformador de contexto.

¿Cómo es el paso de la docencia al Diccionario?
Desarrollé muchos proyectos, el Diccionario (Historias del Arte), el KDA (Kiosco de Artistas)… Mi trabajo es de hormiga. Ya pasó un montón de tiempo y estos proyectos están copiados y están por todos lados, por eso dejé de mandar el pedido de definición para el diccionario. Ahora lo que estoy haciendo es continuar el proyecto en escuelas e instituciones.
En 2009, lo hicimos en Porto Alegre. Y este año lo llevo a Colombia. Ahora cada vez que muestro instalo el diccionario con documentación. Hago algún artefacto que incluya una mesa para escribir, una urna para poner lo que pensás, ahora es más obra.
El diccionario nació en el Centro Cultural Rojas en el 97, yo armé todo un curso que se llamó Historias del Arte, donde había palabras y conceptos que siempre aparecieron en la historia del arte y eran vistos en clase desde un lugar absolutamente no académico. Traducir a palabras lo que se ve. No había computadoras, no había google, era un google activo, de personas que buscaban fotocopias. Empezó así, como lo llevaba en orden alfabético, fue creciendo en orden. Hasta que hice uno sola, con Daniel Abate, que es hoy mi galerista y con quien estamos sacando un libro.
El artista tiene que escribir sobre la propia obra, tiene que reflexionar, eso es uno de los pilares que trabajamos en las clases. Tienen que hablar de la propia obra y opinar de los otros. Si el artista no habla de sí, van a hablar los otros, y quizás digan cualquier cosa. Es además un espacio de poder que hay que ocupar. Pueden hablar de cualquier manera, no tienen que hablar como académicos, o como empresarios, si no desde ellos.
Mi trabajo también es por el interior del país, en museos pequeños, Allí hay mucho para hacer, hay grupos por muy queridos que siempre me llaman, por ejemplo en Corrientes.

¿Vos te sentís en el mercado?
Yo me siento a mi modo en el mercado. Saco muchos artistas que entran directamente al mercado, en algunos casos antes que yo. Pero yo me siento a mi manera, estoy en la Galería de Daniel Abate, no estoy pendiente, pero vivo del arte, y eso es el mercado, mis cuadros, mis clases, mis libros. El mercado no es los diez gatos locos que se pasean por ciertos lugares, el mercado es mucho más amplio, y está en continua ampliación y reacomodamiento, por su propia definición. Esa es la ley del mercado. Ampliar sus límites. Porque necesita, no porque sea bueno. Y si no lo ves en su totalidad te la perdiste. Si pensamos que estar en el mercado es estar en tres galerías, o en tres colecciones, o hacer ciertas cosas, el artista tiene un problema. Hay mercado para todos, mercado gay, latino, ahora está de moda el outsider. Es un fenómeno cada vez más parecido a lo que sucede con la industria musical. Las artes visuales han dejado de ser fine arts para entrar en cuestión con su lugar en el mercado de consumo.

¿Y qué pensás de lo afectivo en el arte?
Para mí no hay arte sin amor. Nadie presta atención a algo si no es porque despierta un afecto, el que sea. Eso es la base del lenguaje. El afecto tiene que ver con la atención, y sin atención no hay aprendizaje ni hay transformación. Son cosas que vienen juntas. Toda mi obra es una reflexión sobre el lenguaje y la concepción de la historia. Soy una persona que ve y que estudia, pienso cuando pinto cuando trabajo con gente, cuando organizo proyectos. Trato de no repetir la historia, que es lo que pasa, se repite la historia del arte como loros.

¿Tenés una relación muy especial con las letras?
Sí, mi amor son las letras. Trabajo desde las letras. Amo a Felisberto (Hernández), a Clarice (Lispector) a Marosa di Giorgio, un libro te puede cambiar la vida, una lectura te la cambia, textual, visual? El cine ya me cansó, era muy cinéfila de chica. Pero ya no hay cine como arte. Casi todos están en la máquina, incluso los que amaba. El cine es entretenimiento. No tengo pretensiones. Prefiero ver youtube, eso sí me interesa. En la Bienal de San Pablo ví, por primera vez, mucho video y muy interesante. Me gustó también la participación argentina, la propuesta de Jacoby, y la de Ana Gallardo, me pareció tierna, bailé allí.

¿Cuáles son tus referentes?
Mi referente mayor es Joseph Beuys, pero en mi pintura están las marcas de Rembrandt, de Caravaggio. De mis contemporáneos, recupero a Kuitka, no reniego de él, sé que en algún lugar nos cocinamos juntos, y admiro cuando viene y hace esas becas maravillosas. Después tengo mucha referencia en los jóvenes, por ejemplo Flavia de Rin, que fue alumna mía. Me importa mucho su opinión. SAe me han vuelto colegas muchas personas que yo formé. Gachi Hasper es otra. O María Ibáñez Lago, que ahora está en París, y lo sufro. También entre mis referentes está Claudia del Río, que tiene una obra muy poco difundida. En cuanto al sistema de enseñanza, pienso que tiene mucho que ver conmigo Mario Bellatin y su escuela de escritores.
Yo estoy muy rodeada de alumnos, todos aportan su modo de ver las cosas hasta el fin. Cada uno piensa diferente. Me referencian mucho ellos. Acá desarrollamos un código tan amoroso, tan de conexión, que es una fuente inagotable de estudio, búsquedas y retroalimentación.

Publicado en leedor el 24-02-2011