Yo, una historia de amor

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En el Paseo la Plaza Diego Reinhold despliega toda su energía en un espectáculo de humor dinámico e interactivo.Estamos en las afueras de la sala Pablo Neruda del complejo teatral ?Paseo la Plaza?, uno de los circuitos más conocidos de teatro en Bs As. Crecen las expectativas por entrar a ver lo que dicen será un gran espectáculo.

Luego de pasar por una recepción en donde distintas marcas comerciales ofrecen su apoyo a este espectáculo, por fin vamos a lo que nos importa, el teatro.

Me propongo entonces, desprejuiciarme de todo, ir en blanco, tener una experiencia al estilo empirista. Disfrutar del espectáculo y luego analizar.

Se abre el telón del escenario y vemos una pantalla gigante en donde se proyectarán todas las imágenes del espectáculo, elemento protagonista en esta puesta en escena. Se proyectan al inicio imágenes de paisajes y Diego Reinhold las complementa con una coreografía perfectamente cronometrada, sin perder naturalidad. Las imágenes aluden a las diferentes presentaciones cinematográficas de las compañías nacionales e internacionales. Terminado este número en un supuesto ?error?, arranca el espectáculo que está recargado de humor inteligente, en donde se hacen referencias a frases y autores conocidas conocidos, en donde el espectador tiene que asociar con su bagaje cultural para entender y reír.

Este espectáculo (con grandes similitudes al Cómico Stand up 4 en cuanto a recursos físicos y cómicos) se caracteriza por el despliegue de experiencia que tiene el actor para sostener una energía interpretativa sin caer en lo obvio, en lo burdo. Reinhold canta, baila, actúa. Y lo complementa de tal manera que se retroalimentan las disciplinas entre sí, creando un dinamismo interesante en esta hora y veinte de duración del espectáculo.

La pantalla blanca es el segundo protagonista. Ahí vemos la imagen proyectada del actor, en una situación ?2d?. Escenas y situaciones se producen allí, que ayudan a contar la historia. Es para destacar la exactitud de la interacción del actor con las secuencias de la pantalla, con las danzas, con la música.

Si alguna vez no terminamos de hacer el ?click? en nuestras cabezas sobre por qué en las clases de teatro, se insiste tanto con el ritmo y con la precisión del cuerpo y la música, aquí tenemos una clase maestra de ello.

Ahora bien, ¿hay un hilo conductor de este despliegue de recursos, del chiste monologado, del canto, de la coreografía con la imagen proyectada? Si, un tema más profundo del que aparenta. El actor y su doble (no me estoy refiriendo a Artaud). La imagen del actor desdoblada nos devuelve algo, una sensación. ¿Qué nos pasa con nosotros mismos y nuestra vanidad? ¿Qué ve la gente de nosotros cuando nos ve? ¿Qué vemos nosotros? El romance, la pelea, la frustración aparecen en el espectáculo que nunca deja de lado su cuota humorística. Es interesante destacar que Reinhold es su propio director, así que en este periplo del auto reconocimiento, ¿quien mejor que uno mismo para hablar de uno mismo?

Yo, una historia de amor, nos muestra con mucha diversidad, diversión talento y trabajo lo laberíntico que puede ser, entenderse con uno mismo.

Publicado en Leedor el 22-02-2011