Hazañas

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Otra manera de asistir a lo absurdo de la realidad. Buenisimo espectaculo de Marcelo Katz y Marcos Arano.
?¿Cuál es tu pequeña gran hazaña?? es la pregunta que nos deja el nuevo espectáculo de clowns que presenta Marcelo katz en el Centro Cultural Recoleta, luego del éxito de ?Aguas? (2008) y ?Aires? (2009). Y esa pregunta encierra otra idea, más conmovedora y fundamental: no importa cuán pequeña sea nuestra soñada proeza sino el empeño que pongamos en conseguirla. Hay aún más: tampoco importan el fracaso, la derrota o el naufragio si podemos reírnos a carcajadas de eso y si nos resulta vital para seguir intentando. En estas ideas y preguntas reside la belleza, la noble poesía de Hazañas.

Lejos de las hazañas monumentales de los próceres, de las aventuras mitológicas o de la locura quijotesca, este grupo de dieciséis clowns y cinco músicos nos acerca a una serie de desafíos insólitos, tiernos y disparatados. Pequeños sueños, de corto o largo alcance, preparados y montados sobre el escenario para sorprender y emocionar a los espectadores. No todas las experiencias llegan a buen puerto pero sí ponen a prueba los límites, las habilidades y las sensaciones. Y la risa llega, la risa siempre llega.

El repertorio de hazañas representadas es muy variado: desde la perseverancia con el balero (o con los años), poderes mentales para mover o detener objetos, acrobacias, música con el cuerpo e intentos por hacer silencio, a contorciones imposibles, viajes imaginarios con todos los espectadores, adivinación sincrónica, bailes de break-dance con el rostro y saltos a la soga mientras se ceba mate. Imposible nombrar todos y cada uno de los números que durante hora y media se suceden sobre el escenario.

La coordinación, la ausencia de baches y el ritmo ascendente es obra del gran trabajo de dirección que realizan Marcelo katz y Marcos Arano. También de los clowns, por supuesto, que se destacan en el trabajo grupal, la perfecta interacción con el púbico y la entrega (de cuerpo, palabra y alma) y de los músicos que acompañan y marcan el compás de cada hazaña.

¡Qué belleza enorme la del mundo de los clowns! Es notable la capacidad que tienen para mirarse a sí mismos y transformar la realidad (con todo lo bueno y malo) en juego; se divierten y divierten, se emocionan y emocionan. Esa verdad de la interpretación se nota y se transmite al público. La conversación entre público y actores es el otro factor esencial para que esta obra funcione tan bien como lo hace. Sobre todo, más allá de las risas de los niños, destacamos la profunda conexión con los adultos, con todo lo que en los adultos sobrevive de la niñez. Quién se anime a mirar esos rostros, en cualquier momento de la presentación, se dará cuenta de que el viaje a la infancia todavía es posible.

Hazañas es poesía de la buena, con muchos colores, luces y ritmos; es una enseñanza de las posibilidades, éxitos y fracasos del mundo y una reflexión sobre lo absurdo de la realidad y sobre lo disparatado que resulta vivir.

Sepan, entonces, que cada fin de semana, en El Patio del Aljibe, mientras cae el sol en Buenos Aires, tienen una maravillosa oportunidad para reencontrarse, como quien no quiere la cosa, con toda esa magia eterna de la infancia que nos ronda siempre la mirada.

Publicado en Leedor el 16-02-2011