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Estimulante exposición en el Centro Cultural Borges promediando el verano en Buenos Aires
La propuesta del Centro Cultural Borges es sumamente ambiciosa al reunir obras de artistas argentinos de distintas generaciones y otras más de diez artistas internacionales americanos, brasileros, franceses, griegos y checos. En total se trata de treinta y un artistas que participan de la propuesta de utilizar el punto, la línea y la curva sin importar coincidencias en los tiempos de ejecución de las obras.

Además la muestra se circunscribe a artistas que asumieron la abstracción en su afán de deformar las apariencias del mundo externo, entendiendo así que la pintura tiende esencialmente a expresar el color y la forma elegidos.

Cuál es entonces la importancia asignada en el arte abstracto al punto, la línea y la curva?

En este contexto el punto sería el integrante primero de la construcción de una línea o de una curva que son a su vez el resultado de la repetición sucesiva del mismo.

Se trataría de tres elementos esenciales de utilización en la formación de la obra de arte, elegidos como signos ortográficos por su dinámica en una escritura o mensaje, que se vale de ellos para expresar su existencia.

Pero también debe señalarse la emoción que aportan los tres elementos al arte, que la basamos en su simplicidad:

A el dibujo del punto por tratarse del elemento básico que dará origen a la obra, aún cuando se lo muestre repetidamente en el plano como sucede en algunas de las obras expuestas;

A la línea por el suspenso que aporta a la obra en su comienzo y a veces en la resolución última.

A la curva por tratarse de una línea que no es recta en ninguna de sus porciones.

Así la reunión de los tres elementos se transforma en medios de expresión de la geometría que proyectados al mundo del arte adquieren nuevas dimensiones, aún cuando se puedan apropiar de elementos de otras disciplinas como lo señala el catálogo de mano.

La tarea del observador de esta exposición resulta ardua por la cantidad de obras presentadas en espacios sumamente amplios como corresponde a este tipo de exhibiciones. El avance se realiza como si existiera la necesidad de establecer una interrupción entre las obras. Sin embargo la diversidad de las fuentes de donde provienen las mismas, merece el elogio y un reconocimiento especial por el esfuerzo en reunirlas.

Por ello nuestra propuesta consiste en la observación de las obras de tradición abstracta en las técnicas del dibujo, la escultura, la pintura, el video y los materiales industriales,, de las cuales arbitrariamente nos permitimos seleccionar algunas del conjunto meritorio.

Dentro de ellas el esmalte sintético de Andrés Sobrino, formando una serie de cinco cuadros de 70×100 cm. datado 2010 que se constituye en un homenaje a la línea en sus formas de figuras irregulares, algunas sin cerrar, que produce un efecto visual de conjunto que impacta.

Sol Lewit con su diseño de rayas sobre pared blanca titulada ?Walldraving est le No. 90? o Irene Banchero con ?La vuelta al día? construida con bolas de algodón, yeso y pinturas acrílicas de dimensiones varias y aplicadas sobre el plano

Francois Morellet por su cinta negra sobre papel blanco en cruz, de 2001, de gran impacto visual y de gran atracción por su simplicidad o Beto de Volder en su obra sin título (2011) de grandes dimensiones 5 x 3,20 m .quien con puntos (más bien lunares negros) forma una constelación de figuras curvas.

Estimulante exposición promediando el verano en Buenos Aires, con una concurrencia importante en el día de la inauguración que nos permite iniciar el año con renovado optimismo.

La recomendamos muy especialmente por no ser habitual en nuestro medio una muestra de estas dimensiones, que además se presta a la discusión y comparación entre épocas y estilos.