Loco Afán

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Ver para dejar de mirar para otro lado, ver para entender, para aceptar. La autora de esta nota recomienda fervorosamente esta conmovedora propuesta.
Funciones: Viernes a las 23 hs.
Teatro La Comedia. Rodríguez Peña 1062, Ciudad de Buenos Aires.

?Una fatídica generosidad ostenta la mano sidada en su clandestina repartija. Parece, decir: Hay para todos, no se agolpen. Que no se va a agotar, no se preocupen. Hay pasión y calvario para rato, hasta que encuentren el antídoto.”
Pedro Lemebel.

Pedro Lemebel (maricón, pobre y también, aunque a muchos les pese, unas de las voces más singulares de la cultura chilena) suele posar su mirada en recovecos pocos transitados por los escritores de su país: la identidad homosexual, el travestismo como alternativa, la represión, el autoritarismo, las minorías en pugna, etc.

Escribe para dar a conocer, para matar el silencio que ahoga. Escritura de la diferencia y
la identidad elegida; escritura política, polémica y subversiva que no tiene miedo de poner el cuerpo.

En Loco afán- Crónicas de sidario (1996) nos sumerge en el mundo del travestismo prostibular sidoso y desde allí se constituye como crítica de todos los órdenes establecidos, morales, políticos y genéricos. La crónica urbana le permite a Lemebel transitar el borde y borrar los trazos de la definición (esa que se cree unívoca y definitoria) de géneros; así podemos leer en el libro cartas, manifiestos, ensayos, poemas que van conformando el discurso subversivo del travesti (marginal y sidoso), como discurso de la diferencia y de la elección sexual. El SIDA atraviesa la obra como tema, como karma, como cuerpo enfermo, desacralizado, que tiene algo que decir.

Gerardo Begérez, director uruguayo radicado en Buenos Aires, tuvo una primera incursión en la poética de Lemebel durante el año 2010, cuando adaptó para el teatro el libro Tengo Miedo, Torero. Justo, muy justo, en el año en que se discutió tanto, en este país, sobre los derechos y las identidades sexuales; y justo también en un tiempo donde afloró tanta homofobia oculta bajo la alfombra de un tibio progresismo. Valentía y pasión pura la de Begérez que se atreve a incursionar nuevamente en las páginas bastardas de este escritor chileno, en un país (que refleje lo que ocurre en tantos países) donde todavía, aun con los derechos obtenidos, muchos no se atreven a decir libremente quiénes son.

La adaptación de Loco afán es exquisita. El director ha elegido estratégicamente las historias más emotivas, quizá las más teatrales del libro, pero también las más divertidas. Así, el espectáculo comienza con ?Los diamantes son eternos? (frívolas, cadavéricas y ambulantes) donde un brillante Marcelo Iglesias recrea el diálogo (nosotros, en este caso, escuchamos sólo su voz) entre una travesti y un joven. Lejos del interrogatorio policial y de los cánones morales establecidos, la escena se centra y reflexiona sobre una vivencia personal y altamente poética de la enfermedad. La palabra se acerca tanto al cuerpo que es el cuerpo el que habla, es el SIDA quien habla y se desacraliza y se desplaza de la periferia al centro, de África a las entrañas del poder político (?El sida habla inglés. -Tú dices Darling, I must die, y no lo sientes, no sientes lo que dices, no te duele, repites la propaganda gringa.?), del borde de la ruta al corazón del Chile de los 80´.

El cuerpo enfermo habla y se nombra. Se saca el estigma de ?loca? como afección y se proclama sobreviviente, ironía, sarcasmo (a pesar del sarcoma), ganas de vivir. En ?Los mil nombres de María Camaleón?, se juega con el tema del nombre, el sobrenombre y la identidad (negada, regateada, burlada, buscada, obtenida). Se dice ?el zoológico gay pareciera fugarse continuamente de la identidad? y se da nombre también a las travestis infectadas (la mosca-sida, la Lúsida, la María Lui-sida, la Depre-sida, la Insecti-sida, etc). Se nombra al SIDA a cada rato para enfrentarlo, para ganarle alguna batalla.

Son de la partida también y en todos los casos con grandes actuaciones: ?La muerte de Madonna?, ?Carta a Liz Taylor? (O Esmeraldas egipcias para AZT), ?Biblia rosa y sin estrellas? (La balada del rock homosexual), ?Atada a un granito de arena?, ?Lorenza? (Las alas de la manca) y ?Su ronca risa loca? (el dulce engaño del travestismo prostibular). La última (y genial) escena de la obra reúne a los cuatro actores sobre el escenario para interpretar ?El último beso de loba Lamar? (Crespones de seda en mi despedida?por favor). Aquí la obra se unifica y forma un todo sin desperdicio, divertido y conmovedor. Parecen decirnos que la risa es el mejor antídoto para la soledad y la depresión (que es lo que mata a todo infectado).

Por su lado, la música acompaña con grandes éxitos de la década del 80 que se han transformado en emblemas de la ?cultura gay?. Resulta importante, además, destacar el trabajo escenográfico que repone el proyecto Nombres o Quilt (paño o tejido). Nos cuenta Lemebel en su libro, que tal empresa se inició en 1987 en EEUU y consiste en un gran mapa de sudarios que cada pariente, pareja o amigo confecciona con alguna prenda de una víctima del SIDA. En esta puesta se usa como provocadora alfombra roja entre las butacas y en el escenario. Caminamos sobre el recuerdo, sobre la memoria de las víctimas que ni muertas han perdido su nombre.

Loco afán es una comedia dramática, provoca risas a montones porque es muy divertida, porque sabe reírse de la más grande de las desgracias, pero también porque nos pone nerviosos, no da miedo (a la muerte, al olvido, a la desolación).

Loco afán es un cuerpo sidoso que habla sin prejuicios, sin golpes bajos y, sobre todo, sin compasión. Habla desde las minorías, desde la periferia y critica a la dictadura que golpeó feo y a la democracia (de muchos rincones del mundo) que todavía se niega a mirar de frente y a aceptar la diferencia.

Ver para dejar de mirar para otro lado, ver para entender, para aceptar. Yo recomiendo (con todos los riesgos que conlleva una recomendación) fervorosamente esta conmovedora propuesta.

Publicado en Leedor el 7-02-2010