Temple de acero

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Un western al estilo de los hermanos Coen que está nominada a 10 premios en los próximos Oscars.
A pesar de que muchos creen que esta es una remake del film que hiciera ganador de un Oscar a John Wayne en 1970, en verdad es una adaptación de la novela de Charles Portis. Tras el asesinato de su padre a manos de Tom Chaney (Josh Brolin), su hija de 14 años, Mattie Ross (Hailee Steinfeld) decide que si la ley no va a hacer justicia, ella lo hará. Contrata a un Comisario, ?Rooster? Cogburn (Jeff Bridges) con la condición de acompañarlo y supervisar que las cosas se hagan a su modo. En la búsqueda se sumará el Texas Ranger LaBoeuf (Matt Damon), quien viene persiguiendo a Chaney por crímenes cometidos en su Estado.

Siguiendo con una tradición de los films de los Coen, estos comienzan con una frase que a modo de prólogo nos introduce en el universo a relatar. En este caso es un proverbio que reza ?Los malvados huyen aunque no haya nadie persiguiéndolos?. Como en todos los western (y éste es una suerte de clase magistral de cómo crear uno) tiene que haber un perseguido y un perseguidor, quien tiene la fuerza de la ley de su parte.

Es en torno a la cuestión de la legalidad que el film va trazando su recorrido: Mattie llega para hacer cumplir la parte legal de la muerte de su padre, abogado mediante; contrata a un comisario y lo amenaza con el peso de la ley para hacerlo cumplir su parte del trato; LaBoeuf entra en escena ligado a un contrato legal de encontrar a Tom Chaney. Pero la legalidad no implica legitimidad: queda en un gesto formal que los Coen ponen en crisis permanentemente. Y es que la búsqueda se propone como un acto de justicia, pero desde el comienzo es un acto de venganza: el sheriff le da a elegir tres posibles candidatos a la joven Ross para su pesquiza, y ella elije al que se encuentra más cerca del perfil de un mercenario. A partir de esa decisión todo apuntará a borrar cada vez más las fronteras entre los perseguidos y los perseguidores, porque todos se apoyan en la misma ley, la de la supervivencia del más rápido con la pistola.

Sólo hay un gesto que distingue a los ?malos? de los ?buenos? y es el ?temple de acero?: es el enfrentarse a su destino en soledad y desafiar a la muerte. Y esto es lo que hacen los protagonistas cada uno a su turno: primero LeBouef se enfrenta solo a la banda de asesinos mientras Cogburn desde la distancia a cubierto observa y dispara; luego la situación se invierte y es Cogburn quien cabalga contra cuatro mientras LeBouef está observando a la distancia; y finalmente Mattie Ross se enfrenta al asesino de su padre. Algo del orden de pasearse junto a la muerte y hacerle burla, muy propio del género, para demostrar de qué está hecho verdaderamente un hombre es lo que se pone en juego. Todos los personajes son débiles en un punto: Cogburn está viejo, tuerto y borracho; LeBouef tiene un arma poderosa pero no ha podido apresar a Chaney pese a tenerlo enfrente; Mattie es mujer en un mundo de hombres y perder su femenidad es el precio a pagar por hacerse respetar. Pero sobreponerse a esa debilidad y enfrentar a la muerte sin retroceder es lo que los hace redimirse.

No es un film típico de los Coen, pero ellos nos demuestran, una vez más, que saben hacer cine y que pueden trabajar cualquier género a su antojo.

Publicado en Leedor el 8-02-2011