Myfrenchfilmfestival: balance

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Si fuera posible tomar la temperatura de una cinematografía en un momento dado, seguramente un festival online permitiría hacerlo: dejaría concentrarnos en un grupo de films elegidos con bastante probabilidad por algo más que intereses estéticos.
Si fuera posible tomar la temperatura de una cinematografía en un momento dado, seguramente un festival online permitiría hacerlo, en principio dejaría concentrarnos en un grupo de films elegidos con bastante probabilidad por algo más que intereses estéticos.

En épocas de propuestas exhibitorias novedosas, no es muy fácil ir a la vanguardia de este tipo de festivales en internet que pueden llegar a mostrar la capacidad que tiene una cinematografía para generar cierto interés. En este caso el estado del cine francés a nivel mundial.

Según el último dato enviado por la gente de Unifrance, myfrenchfilmfestival, el primer festival online del cine francés, fue visitado, en numeros parciales, por 255.000 espectadores.
El último Festival de Mar del Plata llevó un poco más de 80.000 espectadores. No es dato menor a la hora de la comparación. Mar del Plata también utilizó la herramienta del online en un convenio con el sitio MUBI subiendo tres o cuatros films por dia para verlos gratuitamente. En este sitio, Mubi.com se puede ver gratis, en estos momentos y hasta marzo una muestra de cortos contemporáneos proyectados por el Centro Pompidou.

Hablamos en dos notas ya de myfrenchfilmfestival del que estamos participando como jurado ?blogger? junto a colegas de todas partes del mundo. Buena táctica ésta que permite una difusión más o menos abarcativa desde Japón a Irán, desde Canadá a Argentina, desde Rusia a Gran Bretaña. Pese a todo lo que se pierde de intercambio personal o discusiones que cualquier jurado merece, la experiencia es incompleta pero diferente al fin.

Sabemos que en particular la plaza argentina prefiere el cine francés por encima de otras producciones europeas aunque de las películas que tuvimos que ver, la mayoría de ellas no va a llegar a las salas de Buenos Aires.

Con más sentido estos festivales tienen valor, entonces.

Pero vayamos a las películas:

Tête de Turc (Cara de turco) de Pascal Elbé y Tout ce qui brille (Todo lo que brilla) de Géraldine Nakache como Adieu Gary (Adiós, Gary) ópera prima de Nassim Amaouche son películas que abordan desde algún lugar el tema de la migración árabe-turca-armenia.

Adios Gary por ejemplo suma a esa cuestión varios temas que aparecen recurrentemente: la desindustrialización, el margen físico de las grandes ciudades, ya no es Paris el espacio preferido por este cine, al menos por este grupo de films, la convivencia con la religión musulmana. La inmigración ya está instalada, los hijos hablan francés y quieren aprender árabe por medio de lecciones electrónicas. Las familias disfuncionales y la necesidad de encuentro de esos nuevos formatos. Esas familias en general sufren algún tipo de abandono. El Gary del título es Gary Cooper, una fantasía creada por un adolescente que espera la llegada de un padre ausente que nunca volverá. Films clásicos como Man of the west o Vera Cruz aparecen constantemente en pantalla. La música del trío Joubran le da a esta película una consistencia que a veces no encuentra en lo argumental y la actuación de los consagrados Jean-Pierre Bacri y Dominique Reymond aportan lo más interesante dela película de este joven realizador.

También ópera prima, Cara de turco es un policial, sólidamente narrado. En las afueras de la ciudad, un médico (el propio director) de origen armenio es atacado por jóvenes turcos después de una revuelta en la que la policía se lleva violentamente a una mujer coreana. Las minorías en conflicto (¿Desde cuándo los turcos salvan a los armenios?), sus propios prejuicios, sus resistencias al regreso ¿Quedarse allá y llevar velo? Es la pérdida de la libertad, o la libertad que significa el trabajo a destajo. En busca de los visados definitivos ella aceptará la medalla de héroe que le dan a su hijo confusamente. El Estado siempre aparece desdibujado.

Ajenas a todo este conjunto son Espion(s) (Espía(s)) de Nicolas Saada una historia de amor en torno al espionaje industrial y político y Bus Palladium (Bus Palladium) de Christopher Thompson con la historia de un grupo de pop-rock y sus desavenencias.

Tout ce qui brille (Todo lo que brilla) de Géraldine Nakache, Autre (La otra) de Pierre Trividic y Le Bal des actrices (El baile de las actrices)de Maïwenn abordan la temática femenina ien bexplícitamente, Podríamos incluir tambien a Famille Wolberg (La familia Wolberg) de Axelle Ropert pero ésta lo hace más desde lo transversal.

Tout ce qui brille es una dura película sobre el racismo y el mundo de las apariencias, el trabajo basura y la busqueda de progreso a cualquier costo. La xenofobia y la homofobia. Dos amigas mienten sobre el lugar en el que viven y trabajan, su status social para ingresar a las fiestas y salidas de la clase más alta. Casas de comida o supermercados (cajeras o repositores) otro punto común. Todo lo que brilla tiene un buen estudio de personajes y, pese a que el final no coincide con lo que venía planteando, es más que atendible.

El baile de las actrices resulta un interesante ejercicio de documental donde la cámara sigue por unos días la vida de un conjunto de actrices francesas, narcisistas, tragicas, romanticas comicas explsivia, misticas eroticas dice la canción. Un poco dispersa, da sí, un panorama de qué tipo de actriz pretende el cine hoy, a la vera de monstruos como Charlotte Rampling o Catherine Deneuve (ausente en el film). La película reúne castings fracasados, maquillajes entre bastidores, ensayos malogrados, discusiones, botox, filmaciones, clases de actuación, prejuicios y obsesiones. Un festival de egos donde se dice por ejemplo que Sharon Stone es un holograma. Como en 8 mujeres de Ozon(cada vez más representativa) cada actriz es acompañada por un breve musical que pretende dar un perfil.

La Familia Wolberg, sólida y contundente, bucea en la vida de una pequeña comunidad donde su intedente, un judío ortodoxo debe enfrentarse a su propia familia.

A nivel narrativo, todas se mueven en un particular estado de clasicismo, salvo Otra que tiene cierta preocupacion por alterar el tiempo de la narración enfatizando el mundo mental de su protagonista, todas las demás películas novisimas del cine francés son definitivamente clásicas.

De este conjunto de películas saldrá quizás el nuevo nombre del cine frances, un cine que bordea entre la nostalgia de su industria y la búsqueda de independencia, sin olvidarnos de la nominación al Oscar de El ilusionista como mejor film de animación o la frustrada nominación de la convencional Hombres y Dioses (Des hommes e des dieux) de Xavier Beauvais.

Lamentablemente Complices (Cómplices) de Frédéric Mermoud y Qu’un seul tienne et les autres suivront (Si uno resiste, los demás seguirán) de Léa Fehner no tenían derechos de difusión para Latinoamerica por lo que no pudimos verlas.

Publicado en Leedor el 28-01-2011