Fantasmas

0
12

Cuanto más leo a Palahniuk más me convenzo de que Stephen King es ?o fue? un buen escritor.?COLONIA DE ESCRITORES. Abandona tu vida durante 3 meses. Desaparece. Deja atrás todo lo que impide crear esa obra maestra. Deja a tu familia, y tu trabajo y tu casa. Todas las obligaciones. Vive con gente creativa como tú. Alojamiento y comida gratis para aquellos que consigan ser seleccionados. Antes de que sea demasiado tarde. Vive la vida que sueñas.?

El texto anterior es parte de la contratapa del libro, que asemeja los clasificados de un diario. Éste está marcado en rojo, los demás, borroneados. ¿Una colonia de escritores, que por supuesto, termina siendo casi un calvario, una suerte de prisión en el que la comida y el abrigo son bienes escasos? ¿Donde cada uno de los escritores es descrito por un poema y luego escribe su propio relato, todos estos intercalados con la macroestructura de la novela que narra ese encierro y la relación entre los escritores? Sí, el Stephen King de la época dorada (Misery, It, etc) se hubiera hecho un festín con la premisa.

Palahniuk en cambio, elige caminos sospechosos al comienzo y desde entonces casi no deja de derrapar. Hay que reconocer que algunos de los relatos (los escritos por los autores encerrados) son interesantes. ?Reflexoputa?, sobre la espiral descendente de una masajista de pies es un buen ejemplo. ?Tripas? es contundente, aunque demasiado conciente de su intención escandalosa. (De hecho, aparentemente Palahniuk lleva contada la cantidad de gente que se desmayó en lecturas públicas de ese relato en particular, en el que un adolescente atrapado en una pileta debe cortarse las tripas con sus propios dientes.)

En realidad, se podría decir que la mitad de estos cuentos, si bien la mayoría forzados, son entretenidos y ocurrentes. Está la millonaria que quiere vivir la vida del homeless, también la pareja adulta que quiere filmarse teniendo sexo y fundar un imperio del porno, etc. El problema es que la novela, como tal, no funciona. No funciona de arranque y a medida que avanza produce cada vez más problemas que no logra resolver.

Uno de ellos es el shock por el shock mismo. Sí, Chuck, entendemos todos la alegoría respecto del reality show: los escritores pronto comprenden que en algún momento serán rescatados y entonces tendrán sus quince minutos de fama. Que uno de ellos decida cortarse un dedo para destacarse ante las cámaras, o que todos celebren la muerte de otro porque podrán venderlo como una experiencia traumática, todo eso lo establece y queda claro. Pero el fuerte de Palahniuk no es la sutileza. Por el contrario, si en el primer tercio ya pasó todo esto, para cuando lleguen las últimas cien páginas tendremos un ejército de gente mutilada, descripciones que se apilan de tal forma que ya no producen más que hastío: sí, otro más que se sacó las uñas. Sí: uno que contempla cortarse el miembro para pasar al frente. Incluso la que se comió una porción de su propia nalga.

Por otro lado, el verosímil tambalea durante toda la novela para tumbarse definitivamente en las páginas finales. Claro, Palahniuk sale con una premisa muy buena, pero ¿cómo justifica la separación con el afuera, la voluntaria participación de cada escritor, que un viejo maneje su reclusión siendo parte y estando al alcance de todos? Por no mencionar ya una serie de revelaciones francamente estúpidas que se despliegan en la segunda mitad del libro y deshacen cualquier posibilidad de salida inteligente.

Mis amigos ilustrados me dicen que Palahniuk tiene buenas novelas. Me hablan de Rant (2007) y de Nana (2002), ambas editadas por Mondadori. Por mi parte, llegué a él por El club de la pelea, la película que David Fincher realizó basada en la primera novela de Palahniuk.

Todavía no logro leer ninguna de esas tres, pero tanto Fantasmas como Snuff están llenos de torpezas y gimmicks que buscan el escándalo como si no hubiera habido antes un Marqués de Sade, por decir un ejemplo obvio.

La comparación con King no es gratuita. Se trata de dos autores comerciales. Debo decir aquí que ?comercial? o ?bestseller? no me parecen palabras sucias en el vocabulario de la literatura. Una cosa es un Grisham, que fabrica productos de venta masiva y otra un Umberto Eco, cuyos libros contienen ?o se sirven de? muchos de los elementos en boga (novela histórica, ocultismo, suspenso propio del thriller).

Pero mientras los libros de Grisham son de consumo rápido, úselo-y-tírelo, Eco tiene una sustancia literaria y filosófica que informa sus relatos y les presta otro vuelo. (Ante la duda, léase El péndulo de Foucault, obra maestra que sería burdamente imitada desde su publicación)
King y Palahniuk son ambos escritores de bestsellers comerciales. Ninguno de ellos es Umberto Eco, probablemente ninguno es tan obvio como Grisham. Los dos, además, cumplen con la prometida cuota de crueldad, sangre y perversión que suelen anunciar. Pero da la sensación que en King se debe a una fascinación real que incluso es un condimento más de la trama.

En al caso de Palahniuk, esa es la sustancia: pareciera que todo el tiempo estuviera buscando cuál es el siguiente paso en la escala del morbo, cómo escandalizar a un público cautivo. Otra diferencia esencial probablemente esté en la construcción de personajes: en King, sus buenas novelas tienen grandes personajes (y en las demás, tan mediocres como la trama). Con Palahniuk los personajes (al menos en Fantasmas y Snuff) son apenas una acumulación de tics y conveniencias narrativas.

Sinceramente espero que Rant sea una buena novela. Que Nana lo sea. Porque Palahniuk sabe narrar. El problema es que se excede o se pierde en casi todo lo demás.

Publicado en leedor el 25-01-2011