El artesano del miedo

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Para una generación que pasó, quedó como el gran actor teatral. Para otra ya veterana, como el que supo asustar con sus clásicos de los años sesenta.Un fenómeno es que haya cada vez más libros que se dediquen a rescatar figuras clave de la historia del espectáculo de los distintos países. Bienvenidos. Aquí está, el de Narciso Ibáñez Menta.

El término fenómeno también se usó para etiquetar a esos seres indescriptibles que poblaban barracas de feria y daban con su presencia un marco real a los cuentos de seres mágicos. Como los que recreó durante gran parte de su vida el pequeño, nervioso e impar artista español que halló en la Argentina un lugar fijo para exponer su talento, primero como un referente del teatro, después en menor medida el cine y en la segunda década de la tv local, un estrellato sensacional. La caracterización fue siempre su fuerte. Si hasta se apropió de anécdotas ?apócrifas sin duda- de su admirado Lon Chaney.

Para una generación que pasó, quedó como el gran actor teatral. Para otra ya veterana, como el que supo asustar con sus clásicos de los años sesenta: El fantasma de la ópera, El muñeco maldito, después El hombre que volvió de la muerte (con su reposición que vio Gillespi) y otras. Para otra, que puede orillar los treinta y pico, quedó el mito, alimentado cierto eco como lo fue El pulpo negro y algunas películas. Es placentero ver cómo el propio Narciso, maestro de la máscara, se convirtió con el tiempo en un mito más. Como el hombre lobo, o Drácula, o los científicos locos.

El periodista y especialista Leonardo D´Ambrosio más el conocido, buen músico y mediático (algo) Gillespi se reunieron a partir de la admiración y el coleccionismo . Más allá de los afanes propios del rastreador de videos inhallables, con el tiempo el factor común fue la generosidad de compartir su tesoro. Y bien que lo han hecho. Entrevistas de primera mano, datos abundantes, fotos poco o nada vistas: todo es una revelación en este libro. Escrito con indudable cariño y centrándose en la labor televisiva de Ibáñez Menta, su función es valiosa: nada menos que reunir y poner a la luz parte de la historia de la televisión argentina antes de que desaparezca en las borrajosas aguas de los canales surcados por el famoso Erik.

Las anécdotas nos hablan de un espíritu perfeccionista y manejos tiránicos, de huelgas de extras y Buenos Aires paralizada para ver un capítulo decisivo. Los testimonios (llama la atención la casi ausencia de Chicho Ibáñez Serrador) sacan a la luz testimonios de una época de esfuerzo y talento, de prueba y error que podría dar pie a una miniserie. El trabajo tiene rigor y está destinado a ser de esos que sirven de referencia a investigadores, hacedores de revistas y fans. Se tratan de más de 230 páginas que se leen como una novela de Gaston Leroux o de Edgar Wallace, de esas de Editorial Tor con tapa amarilla. Tienen una constante: la mayoría de los trabajos aludidos están, como usualmente pasa, perdidos, lo que no deja de causar fastidio ya que leer lo que fueron las andanzas de El Fantasma?, Elmer y su violencia o el sensacionalismo de Benito Masón, causan ganas terribles de correr a verlos en video. Pero es un imposible. Mientras tanto, siguen apareciendo fragmentos (esquirlas casi) de aquellos trabajos. Unos pocos segundos en you tube, un recuerdo más de alguien, o un libro que cubra ese vacío, como lo es éste, que trae el eco de aquella voz atemorizante, engolada e inolvidable.

Publicado en leedor el 21-01-2011