El cementerio de Praga

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Eco se mueve con soltura en su territorio favorito, la novela histórica, ofreciendo una novela de mùltiples lecturas. Uno de los capítulos más memorables de la memorable serie ?Los expedientes X?, el séptimo de la cuarta temporada, nos mostraba cómo el personaje del Fumador (Smoking Man) había estado inmiscuido en casi todos los hechos fundamentales de la historia reciente de Estados Unidos y el mundo; de hecho, había sido el verdadero asesino de John Kennedy y Martin Luther King, nada menos. Gran parte del efecto del capítulo estaba en constatar quién (y se trataba precisamente del personaje más misterioso de la serie) había estado oculto en las sombras de la historia, moviendo los hilos, ejerciendo de voluntad personal (o grupal) detrás de hechos que podrían parecer azarosos. Es decir, que la historia tiene una forma, un objetivo, una intención; que los hechos no obedecen a la lógica decepcionante del azar, de la nada, de la ausencia de significado.

Esa pulsión de aborrecer el vacío es la que anima a tantos adeptos a las teorías conspirativas. La búsqueda del ?significado último?, diríase, la afirmación de que algo observa, algo que siempre, sea lo que sea, será mejor que la nada.

En la nueva novela de Umberto Eco, El cementerio de Praga, se nos presenta a un personaje análogo al Fumador de ?Los expedientes X?. Simone Simonini es un falsificador de documentos que trabaja para misteriosos grupos con intereses muy claros de dominio de las masas (o al menos de Europa), que suelen emplear la vieja técnica de fijar un enemigo detestable (o un chivo expiatorio) para ganarse el apoyo de la mayoría. Ese enemigo varía según el conspirador: los templarios, los francmasones, los carbonarios, los adoradores del diablo, los judíos. Porque Simonini fue educado desde su infancia en el más duro antisemitismo, gracias a su abuelo, ferviente convencido de que los judíos no buscan otra cosa que apoderarse del mundo para atormentar a los cristianos.

Uno de los documentos más importantes en la historia del antisemitismo y las conspiraciones es ?Los protocolos de los sabios de Sión?, publicado originalmente en 1903 y resumen de todas las acusaciones en boga a los judíos. Se trata de una falsificación bastante burda que pretende pasar por las actas de una reunión de representantes de las 12 tribus de Israel en el viejo cementerio judío de Praga; cada uno de los representantes expone su versión de cómo hundir la civilización occidental, atacando la economía, la política, el arte y las costumbres. Si bien se probó casi de inmediato que se trataba de un fraude, Los protocolos de los sabios de Sión sobrevive hasta nuestros tiempos; Adolf Hitler lo cita como una de sus mayores influencias en ?Mi lucha? y, de hecho, la noción de ?solución final?, el exterminio de todos los judíos del mundo, estaba presente en las ideas de quienes falsificaron el documento.
Y aquí entra el Simonini de Eco, que en ?El cementerio de Praga? se nos presenta como el verdadero autor de ?Los protocolos??.

La novela puede leerse como una larga confesión con propósitos autoanalíticos; a lo largo de sus casi 600 páginas desfilan personajes reales como Garibaldi, Freud y Alexandre Dumas, más otros autores y políticos menos conocidos pero igualmente históricos, entre ellos el autor de ?Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu?, uno de los primeros textos ?conspirativos? y enfocado a denunciar el complot mundial de la francmasonería; Simonini se apodera de este documento y, cortando y pegando, lo va convirtiendo gradualmente en ?Los protocolos??, reemplazando a los francmasones por los judíos e inventando la escena (tomada a su vez de la novela ?Biarritz?, de Herrmann Goedsche) del cementerio de Praga. En cierto modo, la génesis de ?Los protocolos?? es el eje de la novela, o al menos un eje posible, ya que también está presente una trama de misterio involucrando ciertas ?lagunas? en la memoria de Simonini, que se embarca en su confesión o autoanálisis para resolver la identidad del misterioso Abate Dalla Picolla, posible ?segunda personalidad? de Simonini.

Eco se mueve con soltura en su territorio favorito, la novela histórica. Uno de los recursos que usa con mayor efectividad es el de incorporar al discurso del narrador o al diálogo de los personajes fragmentos de textos de la época, que aportan a cierta credibilidad, por decirlo de alguna manera. Se trata, además, de una novela altamente entretenida, adictiva incluso. El misterio de la identidad de Dalla Picolla se mantiene a lo largo del libro, y su desenlace no desilusiona. Al mismo tiempo, el artificio de narrar la historia desde Simonini y a la vez desde Dalla Picolla (que ofrece una suerte de ?otro lado? a los acontecimientos, del mismo modo que en cierta manera Simonini está ?del otro lado? de la historia oficial) convierte a ?El cementerio de Praga? en una novela más compleja desde el punto de vista narratológico que, por ejemplo, ?El péndulo de Foucault?, para muchos (incluyéndome) la mejor novela de Eco.

?El cementerio?? ofrece la posibilidad de múltiples lecturas. Una de ellas es la de indagar los efectos del odio y el miedo en la psique de un hombre inteligente. Simonini, que nos asombra por su ingenio y su adaptabilidad, es fundamentalmente un misógino, un racista, un xenófobo, un hombre muerto de miedo y envenenado por el odio. Es, a la vez, el personaje más memorable creado por su autor, al menos desde el William de Baskerville de ?El nombre de la rosa?. Y su herencia, lamentablemente, perdura; citando al autor, en la nota final de la novela (que nos ofrece un esquema de la trama que puede ser de gran utilidad a la hora de no perderse en el juego de escrituras y narradores planteado por el libro), Simonini, ?todavía está entre nosotros?.