La espera, de Kelly A.K.

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Seducción de las bellas durmientes, es una lectura crítico poética de tres textos literarios, desde el aura, la mirada y la espera.El libro que dispara estos comentarios llega a mis manos de casualidad. Está editado por un pequeño sello que no existe en Argentina, pero que tiene un nombre sumamente atractivo: Textofilia.

La espera, seducción de las bellas durmientes, es un libro pequeño y de buena factura, con detalles de delicadeza editorial. Buen anfitrión; un libro para las dormidas, que nos hace esperar más de este nacimiento y hace resonar como un murmullo la frase de Clarice Lispector que contiene: ?Elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano, y es solitario?.

El tema tiene que ver con reflexionar sobre una transformación de las muchas que operan en los cuentos de hadas: el de las mujeres que duermen en bellas durmientes. Un tema que nace en la literatura. Kelly, explicita sus orígenes. La versión más temprana es la de Giambattista Basile, en 1634. A ella le siguió la de Charles Perrault y en pleno romanticismo, la de los hermanos Grimm, que añaden el detalle de la maldición del hada.

La autora va a trabajar el tema en tres obras de la narrativa actual: La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata, The sleeping Beauty Erotic Trilogy. De Anne Rice (bajo el seudónimo de A.N.Roquelaure) y La muerte y la doncella I-V, de Elfriede Jelinek.

Es un ensayo, cosa que celebro. Esto en parte explica el hecho de que esta escritora no escribe replicando. No está obligada a responderle a nadie, ni tiene que superar otro texto académico dentro de un campo crítico. Ella escribe para sí misma, e incluso así lo da a entender sembrando pistas.

Celebro el ensayo también por otro motivo. Los ensayos tributan, lo dice quien prologa este libro, Alberto Ruy-Sánchez, a los experimentos. Y es lo que provoca Kelly al cruzar tres obras literarias con tres conceptos y distintas teorías.

El cómo lo hace tiene que ver con su ethos. Y en este ethos, ser mujer no es un dato indiferente.

Los conceptos y las teorías
Los tres conceptos con los que leer el tópico de la bella durmiente son, para Kelly: el aura, la mirada, la espera.

Para ello hecha mano de diversos modelos teóricos, de los cuales tomamos a tres fil÷osofos: Walter Benjamin, Didí Huberman y Jean Baudrillard, teniendo disparadores interpretativos también en textos de la más recta tradición psicoanalítica.

Hay dos grandes textos que mecen el tejer de Kelly para que el resultado sea una escritura sumamente cautivante. Se trata de Fragmentos de un discurso amoroso (Roland Barthes) y On wait (Harold Schwaizer, hay versión castellana pero no en Argentina).

Con estos cruces teóricos analiza los textos literarios mencionados. Pero el libro no es un ensayo de crítica literaria. Es una obra donde un despertar (la escritura) despierta en otro despertar (la lectura). En el medio, un tiempo que transcurre, inaprensible para quien estaba durmiendo, eterno para quien espera ver al otro despertar.

Mediante el concepto de aura en sus dos valores, el cultual y el exhibitivo, establece conexiones entre la bella durmiente y la obra de arte, poniendo de manifiesto sin proponérselo, un aspecto central de la historia del arte moderno: el status de objeto (de culto y de exhibición/posesión) del cuerpo femenino. Lo que vuelve bella a la bella durmiente, es su aura, que proviene justamente de ser durmiente, es decir, objeto.

Con el concepto de mirada, juega con Didí Huberman y ?Lo que vemos lo que nos mira?, para proponer que esa bella que duerme, toda vez que es contemplada por el príncipe, el amo o el poseedor, lo está mirando con los ojos cerrados, lo está escrutando y definiendo. Es el príncipe quién necesita a la durmiente para saber quién es, para saber, es decir, para poder.

Esta vuelta de tuerca en este mito literario me permite pensar ciertas tensiones que señalizan el arte de la modernidad, desde Las Meninas (o desde la primera bella durmiente que nos mira, La Venus de Urbino del maestro de Velázquez), hasta la más ?óptica? de todas las miradas (por la naturaleza de su soporte y el ojo que supone su modo de registro, un lente), la de Jean Luc Godard, cuando dice aquello de que no somos nosotros los que miramos al cine, si no es el cine que nos mira. Es decir, la modernidad como discurso que gira en torno a la bella durmiente/obra de arte que miramos pero que en realidad nos define y sin la cual no somos.

Finalmente, con el concepto de espera, aquí, el juego crítico de Kelly es realmente encantador, porque es el broche del proceso en el que el aura y la mirada han hecho sus persecuciones y sus ritos. La espera no es un valor de nuestro tiempo, no estamos acostumbrados a esperar para saber.

Al final del libro y luego de recorrer estos conceptos del aura, la mirada y la espera en la relación dialéctica entre la bella durmiente y quien la contempla/despierta, una suerte de epílogo en formato de confesiones de diario nos deja el refuerzo de una presencia que reprimió en el ensayo: las marcas personales de su búsqueda.

El texto de Kelly A.K. es sumamente cuidadoso y afectuoso con sí mismo. Es una delicia para la lectura, y un estìmulo donde las referencias a lo personal construyen también el perfil del ensayo. Ser bella durmiente es un acto femenino, y como lo tal nos refleja.

Publicado en leedor el 10-01-2011