Diccionario de cine argentino

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Un diccionario de films argentinos, tomo III, ya está en las librerías editado por Corregidor.Finalmente, luego de seis años del número II, y a 15 del tomo I que iniciara la colección, llega a las librerías de Argentina, Latinoamérica y España un libro imprescindible para la labor de investigadores, programadores de festivales y ciclos, críticos de cine, fanáticos de actores y actrices, memoriosos de títulos, jugadores de trivias y demás integrantes del mundo del cine, incluido, claro está, el público común y corriente, fiel seguidor de la producción de factura nacional.

El cine argentino ha vuelto a convertirse en un fenómeno de presencia mundial. En la ciudad de Buenos Aires suelen verse largas colas en la puerta del cine Gaumont, una institución del barrio de Congreso, revalorizada por la acción del Incaa. Y en el exterior, El Secreto de sus ojos ha sido la punta del iceberg de una movida que cosecha premios y alabanzas, con figuras como Pablo Trapero y Lucrecia Martel, solo por nombrar algunos.

Porque para nombrar todos y todas, está este tomo III, que, junto a los dos primeros, registra lo producido en largometraje (más de 60 minutos de duración), en el período comprendido de 1933 a 2009.
Este tercer tomo cuenta además con una Filmografía general que indica número de página y de volumen, para poder cruzar datos a partir de una búsqueda más inteligente.

María Alejandra Portela, historiadora del Arte, docente universitaria y gestora cultural directora de este sitio, ha co-escrito esta colección junto a Raúl Manrupe, investigador en cine y televisión, coordinador del área de Cine en el CCRojas y realizador, llevan adelante un proyecto que tiene mucho de labor anónima y cotidiana, que no cuenta con apoyos ni reconocimientos públicos ni privados, pero que se sostiene por la claridad del objetivo que persigue.

Bien señala en su prólogo el gran Abel Posadas: ?preservar la memoria en Argentina ha sido siempre tarea difícil aunque no imposible. Aquí tenemos este Tomo III para demostrarlo?.

En fin, cuando éramos chicos, en nuestras hogares no faltaban ejemplares de diccionarios diversos. Internet parece que puede reemplazar su uso, pero en realidad no es más que el punto de partida, una orientación incompleta y en muchos casos de fuente dudosa. Por ello, quizás sea hora de volver a la costumbre de contar con buenos diccionarios en formato libro. Y este es un buen ejemplo para comenzar.

Publicado en Leedor el 10-01-2011