Paola Tinoco García

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La escritora mexicana revela su perfil narrativo con este volumen que publica Páginas de Espuma. Comentamos el libro y conversamos con ella.

Paola Tinoco García
es coordinadora de producción y representante de la editorial española Anagrama en México. Pero esta vez nos reúnen sus cuentos, publicados por una de esas editoriales que da gusto mencionar, Páginas de Espuma por la excelencia de su fondo editorial y lo cuidado de sus ediciones.

Su director, Juan Casamayor, es uno de los principales responsables de que estos Oficios vean la luz en habla hispana, con una tirada de ejemplares que se reparte inicialmente entre México, España y Argentina pero que irá extendiéndose día a día.

Cassamayor le propuso un día publicar este volumen en un encuentro de trabajo, e incluso, según nos cuenta Paola, todo surgió espontáneamente y armaron el contrato en una servilleta.
Ha venido a recorrer Buenos Aires y está maravillada, probando manjares, recorriendo librerías. Conoce muy bien a la mayoría de los escritores argentinos, con muchos de los cuales puede compartir anécdotas y experiencias como jefa de prensa y coordinadora de la editorial de Jorge Herralde en México, y distribuidora de tantas otras.

Le pido nombres de escritorxs argentinxs que le gusten. No duda y empieza a enumerar: Samantha Schwebliny Fernando Mairal, Damián Tabarovsky y Martín Kohan.

Aquí compra libros y discos, pregunta por escritores y artistas. Ya tiene en su valija la obra de Rodolfo Fogwill. Se lleva una novela de Silvia Molloy. El fondo completo editado por La Compañía, y hablamos del Bioy inédito que editaron este año y que ambas deleitamos. También se lleva discos de Charly García y Astor Piazzolla.

Me recomienda leer a Daniel Sada, autor que, debo admitir, tengo en mi lista de prontos descubrimientos.

Hablamos de su libro de cuentos, del cuento, de todos los cuentos. Me dice con un lenguaje de experta en el tema, que el medio es complejo: ?El género cuentístico es muy castigado por la decisión comercial que no lo ve muy vendible. Yo en cambio creo que sí tiene mucho presente, no más ver lo que hacen lo proclives que son los jóvenes a la brevedad, hoy más que nunca. Por ello el cuento ofrece la posibilidad de llevarse una historia en pocas líneas, y esa historia es una recompensa que se llevan?.

Hablamos del libro, de su lugar en el mundo de hoy, de Umberto Eco y su escritura que siempre es un puente que viene a decirnos que nada acabará con los libros. Paola cree que ?el libro siempre va a funcionar, cada día reafirma su larga vida?. Me comenta que recibió una foto tomada apenas termina la 2da Guerra Mundial, donde se ve gente que ha entrando a una biblioteca bombardeada en Alemania; gente que mira los libros, que busca lo que ha quedado de ellos y lleva esa imagen guardada en su memoria, como un recuerdo de lo que sigue siendo necesario sostener.

El futuro augura otro volumen que ya está listo, también de la mano de Páginas de Espuma. Y una novela corta, cuya edición aún no tiene dónde ni cuándo, porque no hay apuro, nos dice.

Oficios ejemplares

Tinoco García es socióloga, con buen trabajo de campo, observadora de costumbres y modos, especialmente relacionados al mundo laboral. De allí estos 14 cuentos que retratan 7 oficios extravagantes para cualquiera que busque la rutina, el sueldo fijo y la profesión.
Algunos relatos están relacionados con el gremio de la autora (Ladrón de libros, El escritor, Jefa de prensa, La esposa del autor), otros con profesiones realmente extravagantes (Buzo de cementerio). Algunos más glamorosos (Cenicienta humillada, Fotógrafa a trois), otros relacionados con la marginalidad (Soñatriz, Lavacoches, Drug dealer). Algunos más pícaros (Pedigüeño profesional), otros con una marcada carga social (Boleteras).

El mundo del trabajo y su ausencia sobrevuela estos pequeños ecosistemas que son los cuentos, a través de este volumen de historias muy bien equilibradas, presentadas y sopesadas.
Deberíamos agregar que Oficios ejemplares viene además muy bien ponderado por Ricardo Piglia, Enrique Vila-Matas y Andrés Neuman. Cuando se lo recordamos, se sonroja, porque son tres de sus escritores más admirados. ?Piglia me ayudó mucho, fue un gran estímulo, corrigió finales, sugirió oficios, es un gran maestro para mí?.

Quizás el principal logro de estos cuentos es la frescura que aportan en una escritura despojada de citas intelectuales que retoma el mero hecho de contar, recuperando historias más o menos cotidianas.

Desde el estilo, tienen algo de la picaresca española, de la capacidad de reírse de la desgracia. Es sencillo, pero no simple. Hay una complejidad muy bien ordenada entre lo ingenuo del desarrollo y la ironía implícita hacia el mundo del trabajo, plagado de ?oficios?, eso que no se estudia, que constituye una respuesta adaptativa a las necesidades del medio, una práctica muchas veces intuitiva.

Y este es el punto, que celebramos. Se trata de una escritura que no pretende más que la utopía de la literatura: llevarnos con ella hacia mundos posibles, donde la realidad cotidiana es una excusa para contar historias que se abren y cierran, como una noticia, como un chisme, como un tema de conversación, como un sueño ajeno adonde asomarnos, al comienzo casi casualmente, pero que finalmente se vuelve tan necesaria como la recompensa de un buen botín.