La otra playa

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El Premio Clarín-Alfaguara de Novela 2010 es toda una sorpresa, y por varias razones. Aquí, un poco de historia del concurso, otro poco sobre el autor, y bastante sobre el libro:
La otra playa
Gustavo Nielsen
(Aguilar/Alfaguara, 2010, 184 págs.)

Premio Clarín-Alfaguara de Novela 2010, ?La otra playa? es toda una sorpresa, y por varias razones. Aquí, un poco de historia del concurso, otro poco sobre el autor, y bastante sobre el libro:

El certamen, si bien uno de los pocos nunca sospechados, suele premiar novelas amables, que tienen algún componente de denuncia social (?La viuda de los jueves?, ?Más liviano que el aire?) o al menos una clara dirección emocional (?Perder?), es decir, apela al lector de los diarios o al lector de sensibilidad más o menos sencilla. También hay apego por el costumbrismo desde su primera entrega (?Una noche con Sabrina Love?) y de tanto en tanto, alguna sorpresa que hace ruido en la serie (?Se esconde tras los ojos?, ?Inglaterra, una fábula?). Si tenemos que decir en cuál de estas clasificaciones entra el libro de Nielsen, claramente estaremos hablando de la tercera.

Gustavo Nielsen es un autor raro: no se formó en talleres, no viene de la carrera de Letras. Es arquitecto y artista plástico (las tapas de sus libros suele pintarlas él mismo) y su literatura generalmente se maneja en un registro que en la Argentina no tiene muchos escritores adeptos: va desde lo bizarro y lo perverso (?Auschwitz?) a la fábula tierna (?El corazón de Doli?). También ocurre en sus cuentos: allí está el mago Marvin, recorriendo y fascinando escuelas provinciales; y también el protagonista de ?Adentro y afuera?, que se divierte con los cuerpos muertos con que trabaja.

Tristemente me entero ahora que ?El corazón de Doli? fue finalista el año pasado. Estamos hablando de una novela claramente superior a la entretenida pero panfletaria ganadora del mismo año.

También, habiendo terminado ?La otra playa? recientemente, sospecho que ?El corazón de Doli? es un libro mayor, quizás porque su esencia está a flor de piel en cada página (es, en cierto modo, el reverso de ?Auschwitz?). En ?La otra playa? una de las sensaciones que priman es que la novela está corta.

En su libro de cuentos ?Playa quemada? Nielsen ya abordaba el tema de la fotografía en un cuento llamado, justamente, ?Las fotos?. La sorpresa del cuento está en el final, pero allí el autor se toma unas cuantas páginas para que un tipo pueda ver en un tren un álbum de fotos ajeno. Lo mismo ocurre con varios de sus mejores relatos cortos: ?Adios, Bob?, ?El café de los micros?, ?Playa quemada?. Hay tiempos muertos que son parte de la pintura, que no retratan nada figurativo, pero construyen el clima del cuadro.

?La otra playa? empieza con un primer capítulo que sorprende en el tono y el abordaje narrativo: es Nielsen resucitando a Carver (no plagiando, sino canalizándolo, trayéndolo a la literatura vernácula). Si ese capítulo fuera un cuento, diríamos que es el más carveriano de su producción: dos parejas que se reúnen, una de las cuales está en crisis, y este contraste pesa sobre los hombros de uno de los personajes, que acarrea con una culpa abstracta.

Como si Nielsen quisiera que encontremos este parecido, luego, en otros capítulos de la primera mitad del libro añade gente con problemas de alcoholismo y hasta una escena de pesca. Ya se sabe: parejas en crisis + alcoholismo + pesca = Carver. Igualmente, para entonces, la novela ya se ha metido en otro terreno. De repente enfila en una dirección que parece llevar a un camino de metempsicosis: el matrimonio protagonista (junto a la pareja amiga) se reúne a ver series de diapositivas de una tercera pareja a la que nunca conocieron. Las diapositivas les llegaron casi por azar, pero se divierten buscando el hilo de la historia que une las imágenes proyectadas. Mientras, el protagonista, parte de la pareja conflictiva, culpable por sentir que ya no está seguro de amar a su mujer, empieza a obsesionarse con fotografiar a gente extraña, entre ellas, una chica a la que nunca vio antes, y que sin embargo le suena como un eco reconocible, magnético. Algo que por momentos confunde con un enamoramiento. Aquí, Nielsen ya está en ese terreno cortazariano en el que tan bien se maneja: entramos a una situación aparentemente normal y de repente personaje y lector nos encontramos con una extrañeza que no podemos terminar de comprender. Pero que no deja de llamarnos.

Creo que casi todo lector supone que se ve venir el final a la mitad del libro. Estos lectores son, ante todo, ingenuos.

A medida que la segunda mitad del libro avanza, nos empezamos a enterar de cuál es el propósito del escritor. Y hablando de escritores, ¡miren quién aparece entonces! Un tal Gustavo, escritor de libros ?stephenkingnianos? que no venden ni mucho ni poco, y al que le gusta la idea de irse a una casa en la playa a escribir su próximo libro. Nada de todo esto es casualidad, pero tampoco es Nielsen tan torpe para achatar la novela haciendo un deus ex machina que lo tiene como protagonista.

Poco más se puede revelar de la novela, porque está cargada de giros en la trama que van revelando el misterio (¿sobrenatural?) del relato. Que funciona, pero al que le falta eso que Nielsen hace tan bien en otros libros: pintar los momentos muertos, permitirse páginas que no hacen más que sentar un clima. Aquí hay poco de eso. La segunda mitad parece, en cierto modo, apurada, como si no quisiera pasarse de cierto número de páginas. ?La otra playa? provoca ?al menos en los seguidores de Nielsen? el deseo inmediato de hurgar en los manuscritos, ver qué se descartó y por qué.

El otro problema de la novela tiene que ver con los diálogos. Son raros, poco coloquiales, o son coloquiales en forma, pero demasiado rígidos por momentos. Por supuesto, cuando la novela llegue a su final, habrá una explicación para todo esto, pero tal vez sea insuficiente. El autor cuida mucho que en los diálogos no se escape ninguna información que arruine las sorpresas por llegar, pero por eso mismo, los diálogos se sienten, en algunas escenas, un poco forzados. En cierto modo, remite a la muy cerebral (y laureada, hay que decirlo) ?Los muertos? de Jorge Carrión.

Y después, está el final. Se trata de uno de esos finales que o bien se aman o se odian. Nadie permanece indiferente. Es como ?El gran pez? de Tim Burton, es como ?Lost?, como ?La invención de Morel? o incluso como ?Rayuela? (en su lectura lineal, no la comentada). Y por supuesto, como la ya mencionada ?Los muertos?. El final, que en realidad ya viene dejando huellas hábilmente, pone a los personajes y al lector frente a la solución del misterio, y Nielsen no se guarda nada. Es una resolución emocional, pero a la vez explica el libro casi por entero. Si esta resolución satisface o no, será algo que cambie de lector a lector.

Que Gustavo Nielsen es un narrador extraordinario, que se sirve ?según sus propias palabras? de material clase B (para luego reciclar todo ese material en algo diferente y de primer nivel, agrego yo), no cabe duda. Quizás sea porque ?El corazón de Doli? es su antecedente inmediato, que ?La otra playa? no brilla tanto. Pero es injusto juzgar un libro por aquello que no es, después de todo quizás no muchos autores argentinos puedan escribir un libro así. Más justo es decir que se trata de una novela entretenida, que se lee casi de un tirón, tiene un argumento atrapante, y sobre la que se puede debatir largo rato si está enteramente lograda o no. Y ahí volvemos a los Premios Clarín. Es lógico que un lector cualquiera se sienta cómodo con las anteriores ?Más liviano que el aire? y ?Perder?: son apuestas mucho más concretas, que juegan en un terreno bien definido. ?La otra playa?, como su título ya preanuncia, es justamente otro terreno, una apuesta mucho más ambiciosa y jugada: es otra playa, ni la tuya ni la mía: no es reconocible ni familiar; como alguna vez dijo Cortázar en el título de uno de sus cuentos más celebrados cuando hablaba, poéticamente, de ese otro cielo.

Nota relacionada: Gustavo Nielsen

Publicado en Leedor el 30-12-2010