Tron: el legado

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Apenas un videojuego, cuyo mayor pecado es no haber aportado mayores novedades treinta años después.
A uno que no ha visto la primera edición de 1982 dirigida por Steven Lisberger (ahora productor), lo tienta poder compararla con la recién estrenada ?Tron: el legado?. A falta de disponer una copia del original, resulta útil la lectura de las críticas locales de esa época. La de Adrián Desiderato, publicada el día de su estreno (31 de marzo de 1983), decía: ?La era de las computadoras ha llegado al cine??Tron? acarrea la novedad de su artilugio formal y sus florilegios visuales, orquestados por un complejo sistema de computarización que es el mismo que alimenta los juegos de video?. Lo notable de ese comentario es que se podría aplicar textualmente a la nueva versión que se acaba de estrenar. Pero esa misma traslación de la crítica prefigura la pobreza de este nuevo intento del estudio Disney al no haber aportado mayores novedades, sobre todo a nivel de guión, y alargado la propuesta en más de treinta minutos, superando el conjunto las dos horas.

Quizás el mayor acierto de ?el legado? sea la inclusión nuevamente de Jeff Bridges (Oscar por ?Loco corazón?) quien aquí vuelve a interpretar a dos personajes. Por un lado es Kevin Flynn, el padre desaparecido de Sam (el inexpresivo, para decirlo suavemente, Garrett Hedlund) y por el otro Clu, su avatar. Esta última palabra, que ahora ha popularizado James Cameron, da pie para señalar los años luz que separan a este ?Tron? del film del director de ?Titanic?. Este avatar es un Jeff Bridges rejuvenecido treinta años, un logro cinematográfico de efectos especiales de los grandes estudios de Hollywood.
El gran problema de esta remake es la falta de interés de una trama que más de un espectador encontrará confusa y que será mejor apreciada por los más jóvenes, sobre todo aquellos que disfrutan de los videojuegos. Los personajes entran y salen del espacio virtual, aquí llamado la rejilla (grid). La estética tiene mucho que ver con este tipo de entretenimiento y para los no adeptos puede generar cansancio la utilización predominante de ciertos colores: sobre todo el naranja y también el negro, blanco y amarillo de muchos de los personajes y ambientes. Sin duda, hecho a profeso, uno terminando extrañando los verdes que recién vuelven a aparecer en una escena final a lo largo de una carretera arbolada.

Dirigida por el debutante Joseph Kosinski, ?Tron el legado? lo tiene nuevamente a Bruce Boxleitner en el personaje que da título al film, a la bonita Olivia Wilde y a Michael Sheen, el mismo de la recientemente estrenada ?El día del juicio final?. A señalar la versatilidad de este último actor aquí como Castor, en un personaje totalmente diferente, alter ego de un David Bowie más joven.

Nota: Este comentario se basa en una versión vista en 2D y en inglés. Es probable que en 3D y/o en IMAX la apreciación crítica cambie algo aunque no se cree que en forma sustancial.

Publicado en Leedor el 18-12-2010