Comedia Argentina Siglo XXI

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Entre golpes al universo masculino, permanentes estados de error y un costumbrismo ramplon la comedia argentina aparece liviana y superflua bien al estilo Suar.A veces lloro sin querer

Y MAÑANA SERÁN HOMBRES

No hay humor sin sorpresa inesperada, sin una cierta dosis de anarquía. Si bien no es fácil definir al gag, es seguro que no hay nada en él de previsible. En la ya añeja televisión del siglo XX no pocas figuras y libretistas lo sabían de memoria. (1) Hete aquí, digamos, que al llegar el siglo XXI algunos directores se han dedicado a ?la más pobre de las musas?. El resultado financiero ha sido más que halagüeño y, por lo tanto, se insiste con la esperanza de correr con la plata al banco más próximo.

Se pueden utilizar las módicas estrellas como en Samy y yo (Eduardo Milewicz-2001) pero lo que se logra es transformar al artefacto es una especie de subproducto a lo Woody Allen -cuando era de veras Woody Allen-. O bien se elige una pareja televisiva y se escribe un supuesto guión original en donde todo es previsible, tal como ocurre en Apasionados (Juan José Jusid-2002). Tal vez el más astuto ?entendida la astucia como una forma baja de la inteligencia- sea Adrián Suar. Este señor compra a Pablo Solarz como guionista y a Juan Taratuto como director y entrega Un novio para mi mujer (2008). El barrio aggiornado y el Tenso y la Tana en crisis matrimonial con terapeuta y todo. No sabemos si el público repara en que la Tana pone en evidencia que hace mucho tiempo que no sabe en qué consiste un orgasmo, al menos con su marido, ni tampoco la extraña complicidad del señor en cuestión con los muchachos de la barra.

El Tenso es el paradigma del nuevo estereotipo masculino que nos entrega la comedia cinematográfica argentina del siglo XXI: inseguro, desvalorizado, con un miedo jamás desmentido hacia la no tan flamante agresividad femenina. Los cornudos protagonistas de Tiempo de valientes (Damián Szifrón-2005), son sus primos hermanos. El policía y el terapeuta, en una hermandad preadolescente, desbaratan cierta organización delictiva y, de paso, se olvidan de sus problemas afectivos. No es tanto Luis Luque la imagen masculina por excelencia de esta clase de comedias sino ese buen actor que es Diego Peretti ?con una serie de indecisos estafados y crédulos que va desde No sos vos, soy yo (Juan Tataruto-2004) hasta Música en espera (Hernán Goldfrid-2010).

Reconozcamos, sin embargo, que el señor Suar tiene la capacidad de obligar a la gente a ver televisión en pantalla grande. Es indudable que cualquier espectador piensa mientras ve la más anodina de las películas. Lo que no sabemos es si al salir del cine ya la ha olvidado (2). Esto es: cuando recorremos el mundo de la comedia argentina en el caso del cine a partir de 1933 y hasta el presente encontramos que algunas permanecen en nuestra memoria. Pero cuando los productores Burman y Dubcovsky intentan imitar a Suar con elegancia en El nido vacío (Daniel Burman-2008) o Dos hermanos (Daniel Burman-2010) no tienen la intención de ir más allá de los minutos de la proyección. No está nada mal, claro. El problema es que nos ofrecen sus productos como si se tratara de artefactos que pretenden alguna trascendencia. Los dos hermanos del cuento escuchan, se hacen cargo de su rivalidad recurriendo al símil metafórico de una pared que los traslada al pasado. ¡Qué deleite! Estamos observando a Graciela Borges y a Antonio Gasalla haciéndose cargo de una infancia desdichada, como corresponde a dos estrellas de este calibre. Por suerte y hacia el final, cada uno calmará su corazoncito ?o lo que fuere- gracias al hallazgo de almas gemelas. Y todos contentos. La liviandad superflua de Suar ha contagiado a quienes se creían héroes de un cine independiente.

Nos preguntamos qué se ha hecho de aquellos guiones de Oscar Viale y Jorge Goldenberg para No toquen a la nena (Juan José Jusid-1976) o Juan que reía (Carlos Galletini-1976). Estas producciones, armadas antes del golpe de marzo de 1976, no superaban a otro guión de Viale, Mi novia el travesti (Enrique Cahen Salaberry-1974). Pero en todos ellos había una necesidad de desmontar cuidadosamente los prejuicios, las fobias, las mezquindades de los sectores medios sino de Argentina, al menos de Buenos Aires.

El otro ingenuo bastante lelo es el de Buena vida delivery (Leonardo Di Cesare-2004), un veinteañero romántico al que terminan por invadirle la casa para instalar una fábrica de churros. Nuevo golpe al universo masculino. Sin embargo, en ésta como en las otras, el problema se encuentra en el armado del relato. En todas estas comedias no hay una sola toma que nos llame la atención, ni siquiera dos planos pegados de manera no rutinaria. Se confía excesivamente en la dirección de actores como si eso bastara para suplir la falta de atención, el relato domado y ya muy visto. Comparamos la presentación de la galería del Once en El abrazo partido (Daniel Burman-2003) con lo que el mismo realizador no hace en Dos hermanos. Lo que había sido un tip-y-tap veloz subrayado por la voz over del protagonista en la primera, se convierte en la segunda en un ramplón plano-contraplano o en una panorámica para observar las bondades de la idílica Villa Laura.

MUJERES EN SOMBRA

El relato puede optar por suprimir el universo femenino, tal como ocurre en 76 89 03 (Cristián Bernard-Flavio Nardini-2001). Aquí y con buena fotografía en blanco y negro tenemos a tres amigos que sueñan con la ex estrella porno Wanda Manera. El problema es que desde el 76 al 2003 han pasado algunos años y ellos continúan en la misma. Elogiadísima por la crítica, de buen gusto entre los intelectuales cinéfilos, es indudable que estos tres ejemplares quieren gozar a la señorita Manera. Lo que no se muestra en cuadro es adónde van a parar los hombres que no hacen más que hablar de sexo entre sí. ¿O lo sospechamos?

A su vez y en Ciudad en celo (Hernán Gaffet-2006), los machos de la especie deliran desde la mesa de un café sobre las posibles aventuras sobre el sexo y otros arrabales. No está mal, pero no sabemos a qué viene la explicación que sobre el cine le da uno de estos nabos a la mendiga que le pide comida. Creemos que la cátedra la está dictando Gaffet a la audiencia y resulta algo soporífera. El resto es, además, olvidable. La víctima fatal, Diego Peretti, debe admitir en Quién dice que es fácil (Juan Taratuto-2006), que su desenvuelta locataria esté embarazada y haya suprimido sin miramientos al padre de la criatura. Esta imagen ?a cargo de Carolina Peleritti-, encarna dentro de este corpus de comedias lo que más se teme: la absoluta libertad sexual de la mujer. Se trata de una hembra independiente y alejada de los valores de barrio que pueblan esta zona inamovible.

Porque, ¿ha cambiado algo? En un tiempo lejano (3) había directores preocupados por el armado del relato en una comedia. Los temas podían ser banales pero jamás el modo en que se narraban las historias. Hay un esfuerzo en 76 89 03 y sería necio negarlo. No alcanza sin embargo para conseguir que historia y relato logren el interés de la audiencia histórica. Esta prefiere el otro grupo de comedias: el que nos ofrece la imagen de una sociedad porteña y congelada al menos en sus capas medias. Como si el tiempo no pasara ?a pesar de los terapeutas, los gemidos orgásmicos de Dolores de casada (Juan Manuel Jiménez 2004), la supuesta libertad en materia sexual- el universo afectivo de estos seres sigue atrofiado. Y en esto aciertan Bernard y Nardini en las tres historias de Regresados (2008). El problema es que para regresar, es necesario haber ido a alguna parte. Los hombres y mujeres de estas comedias encauzan sus vidas miserables en un continuo estado de error: el mismo error que han odiado en sus padres.

Desde aquella banalidad llamada El hijo de la novia (Juan José Campanella-2002), armada por Adrián Suar, el público responde a un cierto costumbrismo ramplón, golpes bajos incluidos, que no es otra cosa que la prolongación de la TV. Por supuesto, aquí y allá los guiones insertan momentos que nos demuestran algo así como Èste-es-el-país-en-que-vivimos. Creemos que en realidad lo que quieren decir es Éste-es-el-cine-hacemos. Una excepción: tal vez El hombre de al lado (Gastón Duprat-Mariano Cohn) basado en un buen guión de Andrés Duprat, se interne por senderos que a lo mejor no gustan a todo el mundo. Ponen, no obstante, ciertos mecanismos clasistas al descubierto.

Y a no desesperarse, también tenemos una sábana a mano para llorar con las comedias norteamericanas del siglo XXI. No es fácil el género, caramba.

1) Consultar en www.google.com y en pdf Fútbol y rock. Innovación temática del humor televisivo de Mercedes Moglia
2) El cine es ahora un producto de consumo rápido y digestivo, empalmado con la mercadería de algún Shopping center.
3)Es el caso de algunas screwball comedies de Carlos Schliper.

Publicado en Leedor el 9-12-2010