El refuerzo

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Un cuento que termina por trasnformarse en novela, no una mala novela, pero tampoco buena. Aquí, las razones.
El refuerzo

Horacio Convertini
(PuntoCERO, 2010, 112 págs.)

La novela corta ?El refuerzo? es el resultado, según contó en la presentación del libro el autor, de la revisión exhaustiva de un cuento (10 borradores, según dijo) que terminó por transformarse en novela, dentro del marco del taller literario de Pablo Ramos. ?Y ya estamos trabajando otra? agregó Convertini.

?El refuerzo? es una novela entretenida, de lectura sencilla y pasatista. Tiene algunas pegadas, una de ellas ?que puede parecer menor- es el nombre-apodo del protagonista: El tanque Millán. Dado que la novela cuenta la historia de un malogrado delantero del ascenso que hizo su carrera en lugares como Haití además de clubes chicos de la Argentina que lo van dejando libre una y otra vez, la contundencia que implica leer varias veces ?El tanque Millán? es perfectamente ilustrativa de la idea del delantero bruto pero potente, típico nueve de área pesado, difícil de marcar no por su habilidad sino por su fuerza física. El problema, claro, es que el tanque está roto. Tiene la rodilla mal casi desde el comienzo de su carrera, y dado que lo suyo es el remate bestial, no hay mucho que pueda hacer para resurgir ya sobre el final de su vida futbolística. Y es entonces cuando le llega a su representante una oferta increíble: diez mil pesos por un único partido en un equipo pampeano llamado Club Atlético Villa Luppi. Esto dispara la última aventura de la carrera de Millán.

El primer gran problema se puede entrever en el primer párrafo de esta reseña: Convertini trabaja la novela como una producción en serie. No hay destellos de estilo, y cuando tímidamente se insinúan empeoran el libro: futbolistas y prostitutas hablan como los personajes de ?Rayuela?, pero para peor, representantes, estafadores, jugador y escort, todos tienen una misma matriz de pensamiento. La lógica de todos ellos es idéntica, y lo que diferencia a unos de otros es su historia personal, o artilugios harto agotados como dotar al representante de una tartamudez que intenta hacer las veces de ?rasgo de personalidad?.

Es probable que sea muy fácil hacer novelas de esta manera. Quizás requiere oficio, nadie niega eso, pero parece un trabajo de maquinaria, y no es casual que el autor cuente que trabaja estrictamente desde las 5.30 de la madrugada en sus novelas, antes de ir a trabajar. Que el trabajo en el perfeccionamiento de una narración suele parecer algo pasado de moda en ciertos círculos viciados de la literatura local es verdad, pero lo de Convertini es el extremo opuesto: puro trabajo, poca inspiración. También se nota que el libro es un cuento que fue trabajado para que llegase a ser novela: si se lee atentamente, está bastante claro cuál debió ser el cuento, y todos los injertos que se le hicieron al texto para que lograra la extensión y cierta forma identificable con la novela. Sin embargo, y no es sorprendente, casi ninguno funciona. Peor aún, el final, que en un cuento quizás anduviera, en la novela queda maniqueo, obvio y frustrante (y no es la frustración de las grandes literaturas, es la propia del tiempo malgastado).

Hay por lo menos un episodio que se destaca particularmente. Tiene por título ?El crack? (todos los capítulos están titulados) y cuenta la historia del refuerzo anterior del club que contrata a Millán. Este apartado, junto a ciertas descripciones y mirada humorística sobre el ambiente del fútbol, aportan los mejores momentos de un libro que es un paseo sin grandes emociones.

?El refuerzo? incluso podría ser un libro ilustrativo del problema del alumno demasiado obediente de taller literario: la producción tiende a buscar complacer a un lector supremo, el tallerista. Y la palabra del tallerista es la palabra de Dios. Por lo tanto, a cierto sentido de pertenencia grupal y cierta formalidad acartonada que suelen tener los escritores que se forman en talleres y no se rebelan un poco a lo que se les dice, se suma la necesidad imperativa del autor por obtener la gracia del profesor, perdiendo en el camino la identidad propia.

?El refuerzo? no es una mala novela. Tampoco es buena. Es apenas un libro más de esos que andan por ahí, sin demasiadas ideas, que se proponen solamente contar una buena historia, pero éste se queda en la orilla y al no tener otras ambiciones literarias o filosóficas, el fallo hiere a la novela de muerte para dejarla estacionada en ese gran lote donde terminan todos los libros insustanciales.

Publicado en Leedor el 6-12-2010

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