Pueblo Quom en Formosa

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Centenario reclamo de tierras reprimido por la policía en Formosa. Buenos Aires es indiferente. Una mirada antropológica sobre el tema.El nombre de la masacre

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En las últimas horas el horror estremeció nuevamente al pueblo Qom. Más específicamente, en la comunidad La Primavera, de la provincia de Formosa, las fuerzas represivas, respondiendo a prerrogativas del capital, aplicaron su puño de hierro, una vez más, sobre los pueblos originarios. Con el lamentable saldo de muertos, heridos y detenidos, el gobierno provincial intentó apagar el centenario reclamo por las tierras, que lleva más de 500 años en toda nuestra América.

El objetivo del gobierno provinicial de usurpar el territorio Qom para construir una universidad se constituye en una contradicción en los propios términos; sus resultados son sangrientos. El mismo concepto de universidad encierra la aceptación de todas las diversidades; la posibilidad de un conocimiento gratuito y público en permanente cambio. El asesinato y la condena al ostracismo al pueblo Qom, cometida en nombre de tan magno concepto, se suma a la larga lista de ignominias e hipocresías a los que nos tiene acostumbrado la sociedad occidental y cristiana.

A los pueblos originarios de América, la conquista europea, no sólo les arrebató los recursos; les intentó quitar también sus nombres y así arrebatar la identidad. La mayor parte de los nombres populares con que conocemos a los grupos americanos no coincide con la forma que estos pueblos tienen para referirse a si mismos. De esta forma el pueblo Qom es designado por el despectivo término toba. Los Wichís son falsamente denominados matacos. Otros bautismos son aún más denigrantes ya que engloban pueblos, lenguas y culturas diferentes bajo un único rótulo. Los tehuelches, comechingones o apaches, por mencionar unos pocos, son algunos de los nombres con que se quiere eliminar las diversas identidades.

Al repudio inmediato que despierta el conocimiento de la noticia de la terrible represión, suele seguirle una indiferencia atroz. La empatía inicial da paso a la apatía El tema de los pueblos originarios parece diluirse de la agenda colectiva, una vez pasado el shock inicial que despierta la novedad. Sólo los propios interesados y algunos militantes admirables continúan la lucha que nunca cesa.

Desde el medio urbano el horror parece lejano. Buenos Aires es siempre indiferente a los reclamos de los pueblos originarios, aunque es súmamente activa a la hora de reprimir para imponer la voluntad de unos pocos capitalistas funcionales a sus intereses. Los medios masivos de comunicación son cómplices y partícipes necesarios del silencio que rodea a la funesta conquista. Conquista que, por cierto, continúa día a día y no es sólo un fragmento bochornoso de los libros de historia.

Pero la resistencia también persiste. En silencio pero sin pausa las luchas de los pueblos originarios se multiplican por el continente, desde Alaska hasta la Patagonia. Las breves apariciones mediáticas son un síntoma de la negación de las sociedades occidentales a aceptar la responsabilidad en el genocidio que lleva ya más de 5 siglos. La estatua al genocida Roca, en pleno centro de la ciudad de Buenos Aires, es una ofensa más que se agrega al dominio de la impunidad y la hipocresía que caracteriza gran parte de nuestra historia.

En un poema maravilloso, lleno de vergüenza y admiración, Julio Cortázar le escribe al Che Guevara. Sus palabras recitan que mientras Ernesto caminaba mostrando la estrella elegida, Julio dormía.

Es probable que nosotros seamos de los durmientes. Hay otros, pocos pero buenos, que caminan por todos hacia la utopía. Seguramente sigamos soñando y si nuestra militancia es la indignación momentánea y el sopor permanente, tengamos, al menos, la dignidad de usar bien los nombres. De preservar en las palabras la identidad resistente, la cultura milenaria.

Justicia para el pueblo Qom y para todos los pueblos originarios de América.

Publicado en Leedor el 28-11-2010