Blanco, blanco mundo

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Un relato descarnado del cine balcánico obtuvo mención del jurado en el último Festival de Mar del Plata.Blanco, blanco mundo, inocente y transparente postal de una realidad.

Rotulada como una ópera prima de los mineros, esta nueva película del servio Olak Novkovic está inspirada en un boceto previo llamado ?The miners´ Opera?, trabajada también con su guionista Milena MarKovic. Hecho que les permitió vivir un tiempo en Bor,(contexto donde se desarrolla el film) donde aprendieron a conocer su gente, sus vidas, su pobreza, sus dramas, sus pasiones, aquello sobre lo que cantan y la poesía implícita en ese terrible absurdo, que resulta la vida para algunos seres.

Una joven que vive con su abuelo espera la llegada de su madre, que acaba de salir de la cárcel por haber matado ?a su padre?. A partir de allí el espectador se enfrenta a un collage de situaciones, cuya marca en las acciones de sus personajes es una historia previa de dolor, ya sea por la ausencia de una figura materna y/o paterna, de allí su refugio en el alcohol, las drogas y/o el sexo.

En una atmósfera por momentos asfixiantemente naturalista, que alterna con un distanciamiento poético, visual y sonoro. Estos amores imposibles, con encuentros y desencuentros abundan en un clima de cruda desolación, despiadada, y a la vez profundamente humanas imágenes de la realidad. Reforzadas estéticamente, por el recurso de un canto coral, en una estrategia que permite a cada uno de los personajes, dar a conocer a través de su propia canción, su pasado, su presente, su deseo y la imposibilidad de hacerlo realidad.

En medio de todo ese caos, y en cada uno de sus protagonistas asoma el dolor, una entrega casi inexorable a lo que le toca vivir y todo un pueblo, que resiste como puede a su contexto. Allí la tragedia se impone, como un modo de impedir más dolor al dolor.

Este film es la trágica historia de un pueblo, resultado de un conglomerado de falencias, con una cámara que no elude ni el descontrol, el goce, o el sufrimiento de las relaciones humanas.

Una propuesta diferente desde lo formal, donde la música tiene una presencia vital, tanto para mostrarnos la intensidad del goce, como la de su opuesto.

Un cine emparentado con el primer Lars Von Trier, no desde el manejo de la cámara en mano, sino desde el rigor con que muestra las pulsiones de hombres y mujeres. Un relato descarnado y a la vez, absolutamente poético del cine balcánico.

Publicado en Leedor el 24-11-2010