Julio Sosa

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Una polémica tiene en el centro a una de las grandes voces del tango.¿Tango macho o tango llorón?

El día lunes 15 de noviembre Néstor Cordero, especialista en filosofía presocrática, dijo en una entrevista publicada por Clarín que ?nadie le hizo tanto mal al tango como Julio Sosa. Es el tipo que vino a tergiversarlo. Porque el tango es llorón. ¡Y a éste justo se le viene a ocurrir inventar el tango macho! Entre los tangueros de cuño no se lo puede ni nombrar?.

Las respuestas no se hicieron esperar, y una de las voces que más fuerte viene sonando es la de Leopoldo Federico, Académico de Honor de la Academia Nacional del Tango, eximio bandoneonista y director de las orquestas con las que Julio Sosa grabó las más hermosas versiones de muchísimos tangos: ?Ya hablé con la Academia: o este señor se retracta o lo expulsan o me voy yo?, dijo el miércoles a Clarín. En una nota publicada el jueves 18 de noviembre, Federico salió en defensa de Sosa: ?Me quiero morir, él ha grabado los tangos más hermosos y grabó tangos que no eran de él. ¿Sosa inventó el tango macho? ¿Qué tango macho? Él no era compositor, en todo caso se pueden criticar los tangos de aquel, de ese otro… Alguien le puso el título de ‘Varón del tango’, pero no fue una decisión de él?.

Cordero no se retracta: ?(…) con su estilo machista terminó por hacerle mucho mal al tango. Con él se inició la tendencia del tipo que conquista a la mina y la mina que es servil al lado del tipo?.

Basta explorar la letrística del tango para darse cuenta que la tendencia que Cordero menciona se inicia mucho antes, y podríamos extrapolarla del tango a un modelo de relaciones interpersonales establecido, aceptado y perpetuado por toda la sociedad, del que incluso hoy quedan remanentes. Para Dolores Solá, cantante de La Chicana, ?el machismo en el tango habla de una época de la que Sosa es exponente, aunque antes, cuando el machismo era peor, había tipos como Magaldi que representaban su antítesis?.

Decir que el tango o es macho o es llorón es una terrible reducción. No se pueden simplificar las manifestaciones del espíritu humano y sus numerosos matices a una u otra categoría. Hay un amplio espectro de emociones y problemáticas que ha tratado el tango que no caben en ninguno de esos dos estereotipos: hay letras más bien prostibularias, algunas claramente humorísticas, otras de denuncia social y aquellas a través de las cuales hablan las pasiones del ser humano (independientemente del género).

Calificar de ?tango macho? (peyorativamente) al estilo de Julio Sosa me resulta un tanto incomprensible. Estamos ante un hombre con un registro sumamente amplio, de una afinación exquisita y cuyas grabaciones no pueden sino conmovernos. Además hay que tener en cuenta que se trata de un intérprete, que imprime a la versión del tango parte de sí, del mismo modo que lo hacen los directores de orquesta con las composiciones clásicas, y esto no se considera un aspecto negativo. El sello personal del intérprete se pone de manifiesto al escuchar y analizar algunos tangos que grabó Sosa, en los que el estereotipo de ?macho? ni siquiera aparece, sino todo lo contrario.

Levanta la frente (1936, A. Magaldi, A. Nápoli) cuenta la historia de un hombre que le habla a su hermana, futura madre soltera. Ya desde el título podemos intuir la postura que asume el tango. Si aún hoy la sociedad se cree en el derecho de juzgar a la madre soltera, no hace falta indagar demasiado para darnos cuenta que hace más de setenta años el panorama era todavía peor. En este tango los papeles son muy claros: la mujer que ha confiado en su amante para luego, una vez embarazada, ser abandonada a su suerte. Sin embargo, lo que se exalta es justamente la confianza: ?No peca quien brinda la fe de un cariño, ni es crimen el darse confiada al amor…?. Es un hombre quien denuncia la situación a la que es sometida la mujer, este tango está escrito por dos hombres y la versión de Julio Sosa no hace sino darle voz a esta historia. ¿Podría un machista grabar una versión tan conmovedora de este tango? Un tango en el que expresamente se condena al hombre que abandona a la mujer: ?Malvado es el hombre que infiere la ofensa; infame es el hombre que bebe y se va, y deja en la fuente, la flor y no piensa, no piensa siquiera que un ser nacerá?. La voz de Sosa le da vida a este tango, en el que se defiende a la mujer y se denuncia la bajeza del hombre que no asume sus responsabilidades.

No te apures, Carablanca (1942, R. Garza, C. Bahr) habla de la soledad: ?No te apures, Carablanca… que no tengo quien me espere… Nadie extraña mi retardo, para mí siempre es temprano para llegar?. Decir que este tango podría entrar en la categoría de ?llorón? es simplificar la intensa soledad y melancolía que no sólo posee la letra, sino que además se ve acentuada por la interpretación de Sosa.

Tabaco (1944, A. Pontier, J. M. Contursi) es claramente la historia de un desamor y del doloroso recuerdo de la persona amada: ?Y mientras fumo forma el humo tu figura y en el aroma del tabaco tu fragancia me conversa de distancias, de tu olvido y mi locura…?. No sólo nos canta con sinceridad la tristeza del hombre al que la mujer amada lo ha abandonado, sino que también se hace cargo de sus errores: ?Mi corazón, desgarrado porque aún no me he perdonado todo el mal que te causé?.

Calor de hogar (E. Carrere, J. Fernández Blanco) cuenta la historia del romance de una pareja que, ya mayores, con hijos y nietos, rememoran sus años de juventud: ?Dame un abrazo mi noble esposa y, al calorcito del dulce hogar, mientras los pibes bailan y ríen añoremos la mocedad?. En este tango se valora el amor, la familia, la educación de los hijos, la compañía: ?Felices años que en este nido dieron sus frutos de bendición, nuestros hijitos, que ya son hombres buenos y honrados como tú y yo?.

Si bien Sosa también grabó los tangos que cuentan historias típicas de cuchilleros, malevos y hombres más bien violentos (Milonga en rojo, Dicen que dicen), no son los únicos y bien vale recordar que grabó otros tantos que no representan ese estereotipo (En esta tarde gris, Recordándote).

Presentar únicamente dos opciones para que cantantes, letristas y músicos se definan es desacertado. Un sistema polarizado en el que ninguno de los dos extremos es deseable y son excluyentes, llorón o macho, no ayuda a comprender la profunda riqueza del tango. Dudo mucho que haya un tanguero que pueda definirse exclusivamente (y a la vez encasillarse) en una de estas dos categorías, que lo único que hacen es parcializar las interpretaciones de nuestro patrimonio cultural. Si es cierto que hay tangos que tienden más a una imagen machista del hombre y, por extensión instauran una imagen de la mujer, también es cierto que hay otros que hacen todo lo contrario. Es cierto que hay tangos más ?llorones? que otros, pero también hay tangos que expresan la melancolía, la nostalgia y el dolor sin por ello caer en un sentimentalismo simplificador, factible de ser depositado en una categoría estanca.

Publicado en Leedor el 20-11-2010