Cómo viajar sin ver

0
7

Un viaje poético y aforístico, divertido y lúdico en el nuevo libro de Andrés Neuman.Cómo viajar sin ver
Andrés Neuman
(Alfaguara, 2010, 256 págs.)

Tal vez el único modo de hacerle justicia a este libro extraño que remite al ?Jet Lag? de Santiago Roncagliolo, pero también, más oblicuamente, al juego del Cortázar de Cronopios y sus libros-calendario, sea escribir un conjunto de citas y percepciones con el mismo formato que propone ?Cómo viajar sin ver?.

*

La contratapa del libro no miente, pero no dice toda la verdad. El resumen: «Cuando me comunicaron el itinerario de la gira del Premio Alfaguara, lamenté no tener más tiempo para ver cada lugar. Pero después pensé: ¿no se trata de eso? ¿No estaré por experimentar, sin haberlo planeado, una hipérbole del turismo contemporáneo? ¿Y si esa velocidad pudiera ser también una ventaja? Cuando nos resulta imposible una mirada exhaustiva sobre un lugar, sólo nos queda mirarlo con el asombro radical de la primera vez. Si viajaba volando, así debía escribir (?) ?Cómo viajar sin ver (Latinoamérica en tránsito)? propone un recorrido vertiginoso por 19 países, traducido instantáneamente por un ojo poético y aforístico.» lo propone demasiado ensayístico, quizás tedioso de leer. En cambio, se trata de una lectura muy divertida, lúcida, amena y más liviana de lo que se sugiere. No porque Neuman no aborde temas hondos, sino porque la escritura vuela, sugiere y no discursea con ese apego por la masturbación lingüística de la que hacen alarde muchos de sus contemporáneos.

*

Insisto: la escritura es dinámica, pero también lúdica al punto que el libro se deja leer a las carcajadas en varios pasajes. No, definitivamente no se trata de un libro tan serio, o tiene en todo caso el peso de la seriedad con la que juegan los niños, citando muy libremente a Nietzsche.

*

El primer capítulo aborda contundentemente la realidad política argentina. Neuman no se guarda opiniones y sorprende con párrafos que le ganarán amigos y enemigos rápidamente. Un ejemplo: «Trato de escribir macrista en mi portátil y el Word me corrige: machista. A veces el corrector ortográfico parece un detector ideológico.?

*

Si bien el libro mantiene la promesa de no hablar específicamente de literatura, presentaciones y escritores, hay menciones dosificadas e interesantes. Uno se queda con ganas de más.

*

Otra de Argentina: «Mi editorial me ha prestado un teléfono móvil (que aquí, acá, se llama celular) para estar localizable. En cuanto lo enciendo, empiezo a recibir mensajes de este estilo: Qué es una lápida? Una china que te la chupa rápido. COLAS HOT, mandá TANGA al 30303. ¿Debería comunicárselo a la editorial? ¿O guardar un prudente silencio? Elijo una vía intermedia y pregunto, como quien no quiere la cosa, quiénes han sido los últimos escritores invitados. Mientras escucho la lista de colegas, me divierto imaginándolos adictos a la línea 30303. Visualizo sus caras excitadas y pienso: Este sí. Este no. Este quizá. Después caigo en la cuenta de que, a partir de la semana que viene, pasaré a formar parte de esa lista de sospechosos.»

*

Ya en Uruguay: «Montevideo es una posibilidad de lluvia. Por suerte la amabilidad de los montevideanos es una posibilidad de techo.», y poco después, «Los montevideanos son porteños sin histeria.»

*

Hay que decirlo: en tres líneas Neuman define el ambiente y carácter de recepción de cada hotel en el que se instala. Algunas definiciones merecen el aplauso. En Montevideo, previsiblemente, desconfían de los argentinos. El clima del hotel de Caracas, que se ve impecable pero tiene algo raro «como si los empleados conocieran alguna noticia terrible que estuviesen obligados a ocultar» es definido magistralmente como un «Stanley Kubrick petrolero».

*

«En algunos países está muy mal visto decir que no. Nadie te dice que no en Bolivia, Perú o Ecuador, aunque no te digan que sí. Eso algunos lo explican desde la extrema cortesía. Yo lo llamo costumbre de la opresión.»

*

El libro tiene algunas de las autoindulgencias que se le conocen al autor y que de tanto en tanto asoman. Un ejemplo: «Los atascos de Caracas. La Caracas de los atascos. Cada atasco de Caracas. La Caracas de cada atasco.»

*

Pero por cada frase como la anterior, hay un «Chávez se pasa decenas de horas por semana en su programa. Gobierna por televisión. Un Gran Hermano Revolucionario. En ese sentido, puede decirse que es el presidente más moderno del mundo.» O precisiones de gran agudeza como la siguiente, ya en México: «México lindo, librería del aeropuerto. Títulos en primera fila, de izquierda a derecha: Historias de impunidad; Los cómplices del presidente; País de mentiras; Herencia maldita. El reto de Calderón y el nuevo mapa del narcotráfico; Las FARC en México; Las historias más negras de narco, impunidad y corrupción en México; Los capos. Las narco-rutas de México; Crónicas de sangre; Los brujos del poder; y un explosivo etcétera. Se diría que hay más entusiasmo que indignación hacia los crímenes, escándalos y catástrofes. No sé si esta bibliografía denuncia un negocio o funda otro.»

*

«En la South Miami Avenue, donde estaba el antiguo parque de bomberos, han abierto un restaurante español irresistible. No por su comida, sino por su extraordinario nombre: Dolores but you can call me Lolita. Acaban de inventar el restaurante intertextual. Cenamos en la terraza. Comemos croquetas. El fornido camarero dice llamarse Margaret.»

*

Esta reseña está plagada de citas, casi de modo excesivo. El libro de Neuman también tiene citas a los varios libros que va leyendo en cada lugar por el que pasa. Sus citas no son excesivas. Sirven como sinécdoque del panorama literario que va mirando Neuman y esta reseña intenta funcionar del mismo modo: la parte por el todo.

*

El mejor Andrés Neuman es el novelista, digo, sin conocer bien su poesía (que aquí casi no ha llegado excepto la ocasional importación de una antología). Como cuentista tiene algunos relatos espléndidos pero sospecho que todavía no ha terminado de construir una identidad que sí ha alcanzado en su producción de largo aliento. ?El viajero del siglo?, con la que ganó el Premio Alfaguara de Novela 2009 sigue siendo su mejor libro. ?Cómo viajar sin ver? ha sido catalogado como un ensayo, como diario de viajes o bitácora. Sin embargo, se parece a una ficción fragmentaria, posmoderna, cuyo personaje principal, Andrés Neuman, es un hijo díscolo del Holden Caulfield de Salinger. Entonces el libro pasa a ser algo así como una novela de iniciación. Esto no va en desmedro de su interés. Por el contrario, que el libro pueda proponer esta segunda lectura habla del momento literario de Neuman. Su pluma está afinadísima.

*

Corolario del párrafo anterior: como un Mozart desencadenado, quitar algunas notas de tanto en tanto, haría que el concierto fuera perfecto. Mozart también era un poco autoindulgente.

*

«Antes de despedirme, un amigo me dice: ?Si publicas esas notas que estás escribiendo, después vas a tener que presentarlas en cada ciudad que aparezca en el libro?. Me imagino presentando estas líneas en todos los lugares que invocan y escribiendo, mientras tanto, un diario que cuente ese segundo viaje, que a su vez debería ser nuevamente presentado, ciudad por ciudad, y así hasta el infinito. El que entra en un viaje nunca sale de él.»

Publicado en Leedor el 17-11-2010