La Belle Noiseuse

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La sección Arte y cine del Festival Internacional de Mar del Plata, nos da la oportunidad de ver La Belle Noiseuse (La bella mentirosa), este film de Jaques Rivette de 4 horas de proyección.

En busca del tiempo perdido o en busca de la verdad.

La Belle Noiseuse (La bella mentirosa) de Jacques Rivette

La sección Arte y cine del Festival Internacional de Mar del Plata, nos da la oportunidad de ver La Belle Noiseuse (La bella mentirosa), un film dirigido por Jaques Rivette, estrenado y premiado con la Palma de Oro en 1991, en su versión larga, es decir, la que tiene 4 horas de proyección.

Cinco personajes. El pintor Frenhofer (Picolli), retirado de la tumultuosa vida creativa; Liz, su esposa con quién habita en un castillo en el sur de Francia; un promisorio pintor admirador del maestro; su novia Marianne (una Emanuelle Béart con veintipocos) y un coleccionista que oficia de presentador. Frenhofer acepta volver al pincel para concluir una obra no terminada hace 20 años ? aquella que lo llevo a retirarse del arte -, con la condición de que sea Béart su modelo.

Rivette filma basándose en la obra ?La obra maestra desconocida? de Balzac como si fuera Proust, trascurriendo el tiempo. La tensión aumenta en cada boceto, en cada detalle, en el leve rasguido de la pluma. Los minutos se descomprimen, el aire se vuelve denso, los planos parecen cada vez más cerrados al observar las mínimas variaciones entre trazo y trazo. La mano del artista empuña enérgicamente una carbonilla. En el contraplano sigue allí, desnuda, Béart en sus incómodas poses. Asistimos a un lento pero preciso proceso de creación plástica donde el pintor y su modelo se someten a una exhaustiva investigación física e interior a través de posturas extenuantes y opresivas. La tercera presencia, la de la cámara compone un acto artístico en tridente, pintor-modelo-espectador tras el destello de la belleza absoluta. El tiempo real en su detallado trajinar, nos va llevando tras una respuesta cifrada, una búsqueda que culmine en la ?mayor obra? para Frenhofer, en una íntima respuesta para Marianne y en una promesa de ?verdad? para el espectador.

Marianne lo inspira, no se trata de un mero cuerpo a copiar. Poco a poco, en los apuntes sobre el papel o el lienzo ambos van implicándose en una indagación que atraviesa al arte en su aspecto más pretensioso y trascendente. Aquel en que el arte imbrica los misterios de la creación con la muerte. Que persigue a la juventud para congelarla en la eternidad y en donde el poder de seducción se traslada al espacio de un marco con unas pocas líneas. ¿Lo conseguirán? Marianne mantiene firme su persistente desnudez y Frenhofer el vértigo de la pluma y la carbonilla. Nosotros seguimos mirando.

Como si fuera un documental, el espectador se adentra y participa en el complejo proceso de conocimiento tras y a través de la obra pictórica. Una banda sonora hipersensible y amplificada, registra las diferentes intensidades e intenciones de cada susurro del estilete o del carbón sobre la cartulina.

El film es austero y aparentemente alejado de los resortes que conduce al drama. Pero la tensión crece y crece, y nos descubrimos ante una película de suspenso cuyo desenlace es descubrir tal si fuera un asesino, a una verdad absoluta. Es extraño pero por un momento, en esas cuatro horas que nos ofrece Rivette creemos que eso es posible y que el lienzo nos devolverá una verdad inobjetable. En el final, claro, surge lo que por un momento La bella mentirosa nos hizo olvidar: que la verdad absoluta es la que permanece oculta?

Publicado en Leedor el 19-11-2010