Arte en los boliches

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Es bastante frecuente encontrar en las casas de antigüedades, vajillas o elementos diversos de los alguna vez llamados Boliches.

Nos preguntamos si existe alguna expresión artística surgida del boliche que nos permita identificarlo como centro generador de arte.

En nuestra búsqueda hemos hallado numerosos de esos lugares, caracterizados por incluir en su ambientación objetos y expresiones plásticas, ya sea antiguos o de vanguardia, los más entusiastamente recreados.

Debemos definir primeramente qué es un “boliche”. Por un argentinismo la denominación ha sido aceptada para identificar un lugar de reunión a la moda, cuando en realidad el término extraído de un voluminoso diccionario, correspondería para designar un almacén muy pobre o a una tienda de baratijas.

Lo que está de moda es lo vigente, aceptado por esa concurrencia selecta, que provoca con su preferencia y presencia habitual, que el espacio público se transforme en centro de encuentro social, por qué no también en generador de arte.

Además nadie podría afirmar hoy día que concurre a una taberna o a una pulpería, sin connotaciones de tipo folklórico.
Sin duda se trata de términos caídos en desuso que, sin embargo, en su época actuaban como lugares de cita para momentos de ocio e imprescindibles para la reunión social.

La taberna diseminada velozmente por Europa, cayó con igual rapidez en el olvido. Se trató de un lugar por excelencia donde se comía y bebía, actualmente vigente con sus características originales sólo en Inglaterra.

La pulpería diseminada en el desierto de nuestras pampas, ambientada con mostrador enrejado ?por si los indios o los gauchos ladinos- suministraba a sus parroquianos bebidas alcohólicas. Más adelante se transformó en almacén de ramos generales, sin abandonar su razón inicial de servir bebidas.

Al café se lo ubica como más antiguo ?en el siglo XVI- en Oriente, cuando estaba reservado a los varones. Paulatinamente se difundió por Europa con admisión de concurrencia menos discriminada.

Es aquí cuando el café adquiere esas características de lugar acogedor para la reunión que se ha mantenido en el tiempo, diríamos ?á la page?, en los cuales la mayoría de las personas se reunían para sostener charlas literarias, leer los clásicos, discutir de política o jugar a las cartas, los bolos o el billar.

Le correspondió a Francia el convertirlos en sitios de lujo, cuando las paredes se revistieron de sedas labradas, sobre las que se fijaron espejos con marcos dorados a la hoja, o en su reemplazo finísimas boiseries, ambientes de lujoso mobiliario todos iluminados por colgantes en cristal de Baccarat o de coloridas y brillantes opalinas.

Sin embargo, es la Belle Epoque la que sin lugar a dudas le otorga al café las características de espacio público para la reunión social que se transmitieron a la actualidad como recintos cerrados con mostrador, mesas con manteles y asientos que muchas veces desbordan en terrazas al aire libre.

Debe agregarse a ello la presencia del grupo de mozos que, además de la atención a los clientes, muchas veces complementaban su dinámica con la acción de cantar.

Más actual es la modalidad del bar que quizás por su origen norteamericano presenta la característica de espacio mayormente mecanizado y de paso.

En nuestro país existe una antigua tradición del café, aún cuando por algunos años se lo llamó confitería. Si bien algunos de los más famosos como ?Del Molino?,?Del Aguila?o ?Del Gas? han desaparecido, resulta frecuente encontrar en las casas de antigüedades o las ferias y mercados de cosas viejas, elementos de la vajilla de estos lugares.

Actualmente se mantienen como representativos de una época brillante el ?Tortoni?, y los ahora remozados ?Las Violetas?y ?Los Angelitos?, en una empecinada resistencia a la derrota.

Sin embargo los boliches están cediendo espacio a los bistrots, como los franceses denominan a centros gastronómicos elegantes pero más informales. Entre ellos ?Josephina?s en el Barrio Norte frente a una plazoleta triangular, con escultura clásica en su centro y árboles en sus veredas que contribuyen a su aspecto y ambiente centroeuropeo. En sus paredes encontramos cuadros y artefactos de bronce antiguos para iluminación.

Estos espacios ?decontractée? sumamente elegantes, compiten en ofrecer especialidades de fama bien ganada o tragos novedosos siendo invadidos mayormente por intelectuales, artistas y gente del mundo del arte y de las finanzas.

Por su parte los coleccionistas buscan aquellos objetos de los cafés de antaño que por su diversidad son reunidos como expresión fiel del pasado en colecciones de la nostalgia.

Publicado en Leedor el 13-11-2010