Habla (mejor escribe)

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Propuesta original y cuidada donde el desorden suelto se disfraza de azar.Ese, parece haber sido el destino de esa noche de teatro. Verbos diferentes pero emparentados. Hablar y escribir. Y aquí estoy escribiendo una crónica, una relación para parecer más anacrónico, de la última obra de teatro de Saeed Pezeshki. Sin herramientas teóricas para realizar una crítica, me conformo con contarles qué me llamó la atención, y quien sabe, capaz que logro que a ustedes también les haga mover las orejas.

Habla y comienza la función con una enigmática invitación. Aceptado el convite nos deslizamos por el desarrollo de la obra. Cajas parlantes, una guitarra y mútiples acentos, mútiples nacionalidades para temas tan universales como personales. Extraña paradoja la de los sentimientos que con raigambre biológica, son moldeados por la cultura pero se expresan y viven en la carne propia del solipsismo.

Un fantasma estructuralista recorre la obra. Una definición que parece salida del curso de lingüística general de Saussure diferencia la lengua del habla. Un viejo cuento chino que descubre la fuente del Caos. El desorden suelto a su libre albedrío, disfrazado de azar, responde a las reglas del nuevo estructuralismo: las teorías del caos. El desprecio de Jean Luc Godard se cuela en una escena, tanto en la acción, como en el texto como en el metatexto. Así, la década del ’60 en Francia, tan estructuralista ella, hace un guiño paródico a la elegancia intelectual. También está la carta extracto del “Alexis” de Marguerite Yourcenar, que rompe una relación binaria (en algunos contextos considerada tradicional) no sincrónica y la sustituye por otra (recientemente legislada), pero sin libre deuda.

En el medio los actores. Desplegando textos orales y corporales. En un momento bailan un extracto de una “Radiocoreografía para diez pasos y dos voces” de Rocío Zúñiga, coreógrafa mexicana; donde la melodía y el ritmo lo aportan las palabras de la narradora seductora. Una pareja se despareja, mientras se desangran los clicks de un reloj de doble esfera. La partida de ajedrez continúa por la inercia de la memoria indiferente. Luego, en otro cuadro, la desesperanza se viste de belleza en un suicidio repentino, en una caída libre desde una vida de película.

Párrafo aparte para la dupla de la guitarra. Intérprete y cuerdas andaluzas con ojitos lorquianos y gracia salerosa. De la risa a la emoción con la poesía de Rafael de León y el cantehondo de la pena que repite como letanía. Párrafo aparte para la dupla narradora y su alter ego, en simbiosis risueña, casi una oposición binaria tan típicamente estructuralista.

Decididamente la historia no es lineal, los eventos se suceden en paralelo y los destinos superan al azar. Pese a ello, nos reconocemos en las situaciones. Se genera una empatía por lo sentido, aunque no necesariamente vivido. No es necesario. No es necesario vivir todas las vidas para encontrarse en el otro. Pero queda flotando el viejo debate entre el determinismo y el libre albedrío. Hasta qué punto lo aleatorio es la medida de la ignorancia. Hasta qué punto nuestras elecciones, a veces imperceptibles, condicionan nuestra vida y la de los que nos rodean, los conozcamos o no. Al parecer el destino es una tautología que se desarrolla en cada instante. Como en el habla, la acción se impone a la estructura.

Por lo pronto tomen este texto como una invitación. No les garantizo que les produzca el mismo efecto que a mi. Yo tengo una cierta debilidad por el teatro. Sin embargo creo que todos se encontrarán con una propuesta original y cuidada. Después me cuentan o mejor le cuentan a otros.

Publicado en Leedor el 3-11-2010