VA, de Mariana Carli

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La danza invade la fábrica IMPA.
La obra de Mariana Carli es todo sobre el espacio y cómo los cuerpos lo habitan. En este sentido, el lugar donde se desarrolla es fundamental: la fábrica cultural IMPA. Que quede claro, IMPA no es un teatro, es una fábrica: prácticamente no hay luz, no hay butacas, sino unas pocas sillas acomodadas donde menos molesten las columnas, con máquinas y tachos apilándose por los rincones.

La obra comienza desde la planta baja y una luz va guiando al espectador entre las máquinas y recovecos de este espacio no convencional, acompañándolo durante dos pisos con una grabación de ruidos de pájaros. Ruidos que serán fundamentales, dado que los intérpretes transitan un camino desde la animalización como aves, a la humanización y de vuelta al reino animal, mostrando con el propio cuerpo los puntos de contacto entre estas dos esferas.

La eterna dialéctica entre depredador y presa se inscribe en lo corpóreo: relaciones de poder, de fuerza y dominación estructuran esta danza. Lo que comienza como un juego rápidamente vira a lo violento, tranformando al hombre en un animal que caza o es cazado. La paradoja de un cuerpo que se muestra con voluntad de movimiento independiente del sujeto que lo ejecuta, y la de unos bailarines que controlan a la perfección cada músculo de sus cuerpos, es acompañada por la música en vivo de Daniel Figueroa, quien utiliza algunos elementos fabriles como percusión. Su música es la partitura para que los movimientos se inscriban en ese espacio. Es como un director de orquesta o como un titiritero moviendo los hilos de sus marionetas, incitando a la violencia o la paz.

Gracias al diseño de iluminación de Mariano Arrigoni – quien pone los acentos no en los espacios habitables, sino en los efectivamente habitados por el músico y los bailarines- Carli logra que un espacio como la fábrica, que se impone por su monumentalidad, se doblegue al servicio de su relato.

Publicado en Leedor el 29-10-2010