Hotel Problemski

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Difícil de ubicar, el libro de Dimitri Verhulst es una propuesta inusual.Hotel Problemski
Dimitri Verhulst
(Lengua de trapo, 2008, 160 págs.)

?«Haz como si yo no estuviera aquí», le dije al niño que estaba muriéndose de hambre y al que yo intentaba fotografiar.?

Con esa frase comienza este libro extraño, que no es una novela, definitivamente no es una crónica y tampoco es una colección de cuentos. Es más bien una narrativa poblada por viñetas, y si el comienzo es fuerte (y a la vez suena conocido), el cinismo del narrador se vuelve absolutamente necesario para que el lector pueda encontrar reparo de todo lo que va a leer a continuación.

En cierto modo, ?Hotel Problemski? amenaza al comienzo con ser la historia de Bipul Masli, un fotógrafo al que vemos retratado en dos breves instancias: aquella en que fotografía al niño agonizando, y otra en la que asistimos a su ?iniciación fotográfica? en la adolescencia. Luego, hay una elipsis brutal que ya nos mete en el Centro de Acogida de Refugiados en Bélgica, donde tiene lugar el resto del libro. Allí hay un puñado de gente que espera por los papeles para poder quedarse, o, como es más probable que suceda, ser enviado de vuelta a su país de origen.

El primer acierto de Verhulst es que jamás explica de manera taxativa qué hace Masli en ese lugar. Lo importante es lo que ve, la descripción de cada personaje, gente desesperada, que vive en un sistema aislado con sus propias reglas y códigos. Cada capítulo funciona como una viñeta, aunque más aún, funciona como una fotografía: allí vemos, por ejemplo, al compañero de habitación de Masli, al que apodan ?Rocky? por su musculatura. No sabremos mucho de él, porque lo vemos a través de la pluma de Verhulst, que trabaja como la lente de Masli: la descripción de lo que es aquí y ahora. Una fotografía, aun cuando tiene la pretensión de hacerlo, nunca cuenta una historia, retrata un momento. El espectador puede elucubrar una serie de ideas y nociones frente a lo que la foto le insinúa, pero no hay nada más en la imagen que aquello que estaba frente a la cámara en el momento del retrato. En ?Hotel Problemski? el recurso le lleva un par de capítulos al autor: el lector necesita despejarse de lo que espera leer para concentrarse en lo que está en la página. En cierto sentido, es un libro que sugiere una dirección más transitada para luego evitarla sistemáticamente.

No ayuda que algunas de las primeras viñetas no sean tan atrapantes como lo serán las siguientes. El tono del libro comienza bastante más jocoso y durante unas 10 o 15 páginas, parece desenfocado. Luego entra en una espiral descendente de cinismo y crueldad que es casi como la respuesta abúlica a los escritos de Primo Levi (uno supone que Masli encontraría ?Si esto es un hombre? bastante patético). Y sin embargo, es esa falta de sentimentalismo y auto compasión lo que hace refrescante al personaje, que a medida que retrata a los demás, se va por las ramas con algunas digresiones fantásticas, jamás dando la nota tierna que se encuentra en cualquier otro libro similar.

Está claro que ?Hotel Problemski? es un libro inusual. Tiene algo del realismo sucio norteamericano, pero tampoco reside exactamente ahí. Hay un episodio en el que una mujer, Martina, va a dar a luz y ha dejado claro que no quiere tener a su hijo. Comienza con el siguiente párrafo:

?Demasiada felicidad tampoco es buena. Ayudar a traer al mundo al bebé que un violador dejó en el vientre de Martina resultó ser un problema menos complejo de lo que creí en un primer momento. El problema fue tener que matar al retoño una vez nacido.?

El resto del capítulo va y viene sobre esta acción que muchos calificarían de inhumana. Y sin embargo, una vez más, está la fotografía en la pluma: no hay juicio del autor, no hay valores morales que discutir. Porque justamente, es una conducta muy humana, y ahí está la foto: la conclusión que la saque el lector.

El mismo Masli comparte su cama con una menor de edad que sueña con escapar en un barco de carga a Inglaterra. No hay detalle escabroso por el simple hecho de sonar transgresor (después de todo, ?Lolita? ya se escribió hace medio siglo), pero justamente, la forma natural y desprejuiciada con la que se trata el tema hace que la singular pareja tenga algún rasgo querible: aquel que se filtra en las grietas de toda convicción ideológica.

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