Que no se corte..

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Que no se corte en Buenos Aires: la decadencia de la clase media argentina, en tono de comedia. Buena obra en El Fino. Allá lejanas, parece que jamás hemos de volver. Pero el tiempo, con sus giros imprevistos nos devuelve al mismo lugar, en otras circunstancias pero hacia el mismo espacio.

Y esto, en tono de comedia es lo que explora Que no se corte en Buenos Aires, con un grupo de amigos que por motivos indeterminados regresan de vacaciones a las playas de Mar del Plata luego de 10 años.

Esta pieza teatral comienza desde el preciso instante en el que entramos al teatro, una casona antigua que nos recibe en su living con un trago y un documental sobre las playas de la costa Argentina; que si bien aporta información, por momentos causan gracia. Durante quince minutos estamos a la espera, mientras unos cantos a lo lejos, al estilo de un grupo de adolescentes de veraneo o viaje de egresados, son el perfecto indicio de que debemos sentarnos en nuestras butacas.

Y de esta manera, dos amigas, dos amigos y un bañero serán unidos nuevamente por la contingencia, que como las olas del mar fueron, vinieron y luego los arrojó en un balneario de la costa atlántica.

Entre el sol, la arena y el correspondido aburrimiento de mirar, comer, leer y jugar a las cartas, las escenas se suceden con gran dinámica entre estos cuatro personajes heterogéneos pero unidos por la necesidad de recuperar y retener aquello que fueron hace tanto tiempo. Como si el mar no hubiese devorado nada de aquello.

Mientras, a lo lejos, el bañero observa desde la altura sin saber que él también es protagonista de esa misma circunstancia.

Que no se corte en Buenos Aires, es una obra muy bien trabajada porque logra despertar en el público muchas risas y algunas carcajadas gracias al proceso de identificación. Y por eso, durante una hora se activará nuestra memoria para llevarnos por algún verano caótico, de amores pasajeros y largas tardes al rayo del sol.

De la misma manera, es perfecto el sistema de personajes que genera los contrastes necesarios para exacerbar los caracteres de estos amigos al tiempo que forma los estereotipos de un grupo de adolescentes de fácil reconocimiento.

Por un lado Eva, la aburrida que odia la arena y el mar y solamente observa desde su reposera mientras critica todo su alrededor. En contraste a esto su amiga Laura, quien está a la espera de que algo sorprendente suceda. Y en su búsqueda encuentra lo que no buscaba para luego aferrase a la fantasía de recuperar lo que el tiempo se llevó.

Y entre los amigos, Pote es quien luego de veranear en el exterior vuelve a la costa argentina con las mismas ganas que un niño pero con sus hormonas en pleno estado de ebullición. Mientras que su amigo Damián no logra salir de su depresión y fobia todo terreno que lo obligan a mantenerse medicado y en estado pesimista durante ese día de verano.

A ellos se les suma el bañero pueblerino quien jamás salió de su natal ciudad feliz y solamente es un pasivo espectador del ir y venir de los turistas.

Que no se corte en Buenos Aires, es una comedia realista que habla no sólo de las relaciones adolescentes sino también de la decadencia de la clase media argentina que debe volver de la crisis. Una clase media venida a menos a partir del 2001 y que a pesar de que la ola no se la llevó, la dio vuelta para devolverla a la misma orilla pero en otras coyunturas. Eva, Laura, Pote, Damián y Tomy quizá representen las diferentes actitudes que pudo adoptar cualquier argentino.

Decir algo sobre este tema por medio de la ironía y la risa trivial hace de Que no se corte en Buenos Aires una gran obra para cualquiera que quiere pasar un momento ameno y si desea llevarse a casa un souvenir del verano tiene bastante para reflexionar o recordar aquellos días en la costa con amigos.

Publicado en Leedor el 17-10-2010