La máquina de pensar en Glady

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Recién reeditado en Uruguay el primer compilado de cuentos de Mario Levrero se consigue en librerías especializadas en la Argentina. Sus editores prometen una distribución más amplia próximamente.
La máquina de pensar en Gladys, de Mario Levrero.

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La máquina de pensar en Gladys es el primer compilado de cuentos de Mario Levrero. Publicado originalmente en 1970 por la editorial Tierra Nueva, de Montevideo, incluye textos escritos a lo largo de la década de los sesenta, como “Gelatina”, relato largo que fuera publicado independientemente dos años antes, por la revista montevideana Los huevos del plata, que dirigía el poeta de vanguardia Clemente Padín. Recién reeditado en Uruguay, se consigue en librerías especializadas en la Argentina, aunque sus editores prometen una distribución más amplia próximamente.

Algunos de los cuentos levrerianos más clásicos se encuentran aquí. ?”La calle de los mendigos”?, por ejemplo, o también ?”Ese líquido verde”?, ambas obras maestras de la minuciosidad que también contribuyen a trazar algunas líneas de la particular manera de construir lo fantástico que aparece en la narrativa de Levrero. En ?”La calle…”??, por ejemplo, la operación de abrir un encendedor con el propósito de arreglarlo da paso al despliegue de un microuniverso, que termina englobando al narrador; ?”Ese líquido verde”?, por otra parte, incorpora el absurdo y el humor a través de la invasión de un espacio privado ?la salita de una casa? por una procesión disparatada que recuerda un bestiario medieval.

Los platos fuertes del libro son los ya mencionados ?”Gelatina”? y “?La casa abandonada”?, aunque también cabe destacar ?”La casa de pensión”?, que de alguna manera ?por su clima opresivo, sus espacios proliferantes y su desolación kafkeana? prefigura a la novela El lugar, escrita no mucho después pero publicada a comienzos de la década de 1980. La influencia de Kafka fue central en esta etapa de la obra levreriana; de hecho, se cuenta que el propio Levrero dijo que el autor de El proceso le había enseñado que ?se puede escribir mal?. La noción de literatura menor ?rastreable a Beckett y a Gombrowicz? podría servir de punto de partida para una lectura de estos cuentos y novelas (quedaría completa la etapa con algunos cuentos posteriores y la novela La ciudad), pero también el trabajo sobre lo fantástico en el sentido de ?irrupción? en lo cotidiano es una vía de acercamiento fértil. ?”La casa de pensión”? construye un universo en el espacio desmantelado de una residencia hiperpoblada, y de alguna manera puede entenderse como una ampliación de la estrategia ficcional de “?La calle de los mendigos”?, es decir la proliferación de un espacio a partir de un núcleo reducido, de alguna manera similar a las ficciones ?también de herencia kafkeana? del primer Ballard, por ejemplo cuento ?”Ciudad de concentración”?, en el que el espacio ocupado por una ciudad se vuelve infinito.

?”Gelatina?” permite una lectura desde la ciencia ficción, género al que Levrero se acercó quizá de la misma manera que los personajes de Kafka ?o Aquiles a la Tortuga? se acercan al castillo o a la verdad sobre la condena que pesa sobre sus hombros. Algo extraño ?la ?gelatina? a la que alude el cuento? ha ocupado la ciudad; ha ?irrumpido?, por volver a emplear un término que constituye un verdadero polo semántico de la obra levreriana (de hecho, una tardía colección de textos breves lleva precisamente ese nombre), deformando el espacio, el tiempo y la organización social. Como en las catástrofes ballardianas, la aceptación o resignación es el tono imperante entre quienes habitan la ciudad. Cualquier lucha o rebeldía posible está desplazada: la situación es irreversible y la entropía acecha.

?”La casa abandonada”? es otro ejemplo de proliferación levreriana, a la vez que un guiño a la literatura del nouveau roman francés; la visión ?detalladísima? de una casa, su jardín y sus posibles habitantes desencadena un universo complejo y fascinante.

El libro, a modo de un álbum conceptual, comienza y termina con dos variaciones sobre un mismo tema: ?La máquina de pensar en Gladys (positivo)? y ?La máquina de pensar en Gladys (negativo)?, que podrían presentarse como las dos caras de una situación única, aunque este modelo simétrico resulta demasiado simplista. Una interpretación más ?fotográfica? podría funcionar mejor, porque incluye, de por sí, la posibilidad de contrastes dentro de cada una de las ?imágenes? planteadas por las variaciones.

La máquina de pensar en Gladys, más allá de su estructura más o menos circular, está claramente atravesado por dos o tres líneas, núcleos temáticos o procedimientos, que lo vuelven ese conjunto diríase homogéneo; probablemente, la mejor expresión de esas estrategias es la novela El lugar, y un desarrollo posterior de los núcleos fantásticos estalla en lo que podríamos llamar la etapa ?intermedia? de su obra, la de los libros Todo el tiempo y Espacios libres, este último un recopilado que, si bien incluye cuentos que fácilmente podrían ser pensados como los mejores de Levrero, carece de la sensación de conexión y ensamblaje de La máquina de pensar en Gladys y que podría encontrar su punto álgido en Todo el tiempo.

Publicado en Leedor el 11-10-2010

  • Saludos al programa La Máquina de Pensar, que acaba de entrevistar a Jaime Villanueva, integrante de Casa Azul.
    Abrazos
    Karina