Kasbek, de Leonardo Valencia

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Novela corta de narración estallada, por momentos de gran eficacia, por momentos un poco frustrante, siempre escrita con la ambición por la frase exacta y la palabra perfecta.
Kazbek
Leonardo Valencia
(Eterna Cadencia Editores, 2009, 128 páginas)

Uno de los aspectos más interesantes de Eterna Cadencia en su corta pero intensa vida editorial es la apuesta por ciertos escritores latinoamericanos no muy conocidos en el país, pero que invariablemente resultan siempre grandes descubrimientos para el lector atento. Lo que en cierto modo comenzó con un nombre de primera línea, con la publicación de los Cuentos reunidos de Felisberto Hernández, y siguió con autores excelentes como Mario Bellatin, Fabio Morábito o Lina Meruane (los dos últimos, reseñados previamente en Leedor) tiene en su nómina también a Leonardo Valencia con Kazbek, una novela corta, una narración estallada, por momentos de gran eficacia, por momentos un poco frustrante, pero siempre escrita con la ambición por la frase exacta y la palabra perfecta.

Se suele decir que ciertos libros ?te enseñan a leerlos?. No hace falta que la apuesta formal sea revolucionaria para que esto ocurra, sino que haya una desviación de las formas tradicionales para que el lector tenga que comenzar a incomodarse un poco y salir de la lectura más pasiva. Kazbek funciona de esta manera. El argumento transita principalmente sobre dos rieles que se superponen: la búsqueda de Kazbek (el escritor que da nombre al libro) de su Gran Novela mientras acepta el encargo de ponerle palabras a una serie de dibujos de un artista para lo que será un Libro de Pequeño Formato. Detrás del argumento de su novela va Kazbek y detrás del argumento del libro de Valencia vamos nosotros. En los primeros capítulos ya encontramos rota la linealidad de los acontecimientos, pero a esto se agrega el trabajo de Valencia dentro de cada capítulo, donde separa el texto en pequeños incisos que casi nunca superan la página en su longitud y sin embargo están cargados de sentido.

?El señor Peer entregó a Kazbek una carpeta de cuero de camello con dieciséis dibujos de insectos. Le dijo que cada dibujo debía ir acompañado por un texto, hasta completar un Libro de Pequeño Formato. Podía escribir lo que quisiera. Incluso transformar el texto en algo más que un comentario añadido a sus dibujos. (?) El señor Peer sostiene que no se le debe exigir nada al artista, salvo que sea coherente consigo mismo. Por eso hay que recibir la obra de un artista como un regalo destinado a sabotear el hambre del lector. Cuando este quiere algo en concreto y el artista piensa en lo que el lector espera, y crea para satisfacerlo, el arte ha muerto, sostiene el señor Peer. Sería como regalarle un espejo, añade, verá su propio rostro al precio de cubrirle el horizonte.?

Kazbek va y viene de Barcelona a Ecuador, del personaje de su Gran Novela a los bichos de los dibujos del Libro de Pequeño Formato, de su soledad apabullada al interés por Isa. En el quinto capítulo, la novela da un vuelco formal, al contener, dentro del libro Kazbek, el dichoso Libro de Pequeño Formato, con la reproducción de los dibujos originales inclusive. Los textos se vuelven líricos, y por la ambición misma de la propuesta, es el momento definitivo del texto. A uno de los bichos, en el texto ilustrativo más significativo, al menos a nivel intertextual, le corresponde el siguiente párrafo:

?Desbordas las páginas. ¿Habrá que olvidar la triple conjunción que te da vida: la mano del dibujante y la mirada del lector y estas palabras que se acercan a tu cuerpo escurridizo? ¿Tendrás que insistir en tu condición de personaje irreal? El artificio del lenguaje se desfonda a sí mismo para mostrar otro artificio. Lo que está fuera del marco también es ficción. La mano de quien dibuja y de quien escribe nunca traza su línea de forma horizontal (?)?

Kazbek es una novela interesante, que tal vez debió ser un libro más largo, ya que el final es un poco abrupto, y cierra mejor todas las piezas racionales del trabajo formal que los sutiles trazos argumentales que ha ido narrando. Los personajes son el envase para distintos tipos de discurso, por lo que Kasbek, desde el vamos, no tiene la intención tampoco de revelar una escritura fuertemente narrativa ni formular personajes inolvidables.

El libro de Leonardo Valencia se inscribe mejor dentro de la narrativa posmoderna en la cual la novela es apenas el tratado que firman autor y lector para dar lugar a una interesante charla de café que seguramente tomará caminos imprevistos para ambos, y de la cual todos saldrán enriquecidos, de un modo u otro.

Publicado en Leedor el 28-09-2010

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