El piano sordo

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Sobre Mitad del habla en el piso- El Piano Sordo performance de Tatiana Blass en la Bienal de San Pablo 2010.Sofocar el sonido

Apagar-me

Apagar-me
diluir-me
desmanchar-me
até que depois
de mim
de nós
de tudo
não reste mais
que o charme.

Paulo Leminsky (Poeta Brasilero 1944-1989)

Paulo Leminsky nació en Curitiba, pero vivió en Sao Paulo. Trabajó y escribió en esta ciudad impactante, nada amable y laberíntica. Hasta en ocasiones podríamos decir sofocante. Leminsky reúne en su obra poética dos corrientes muy claras del arte brasilero: el tropicalismo y el concretismo. Este último pretendía recuperar en el poema la materialidad del lenguaje: redimir a la poesía de la prisión de la palabra y darle materia propia.

Liberar la materia sofocada. Es llamativo que sea esta palabra con la que Tatiana Blass explica su obra, atracción de esta 29º Bienal de Sao Paulo, tan apabullante como la ciudad que la contiene, pero menos caótica y más previsible.

Tatiana Blass es una artista joven y es ya es uno de los nombres más sobresalientes en una de las bienales más importantes del mundo: ?A idéia de fazer colocar a cera em um piano de cauda enquanto um pianista toca, surgiu como uma maneira de abafar o som, prender as cordas e teclas e assim conseguir silenciar o piano? ( ?La idea de hacer colocar cera en un piano de cola mientras un pianista toca, surge como una manera de sofocar el sonido, tensar las cuerdas y teclas hasta conseguir silenciar el piano?).

Sí, señores, esa es la obra performatica de Blass, denominada Mitad de habla en el piso-El piano Sordo.

El lunes 21 de septiembre en la planta baja de la Bienal de Arte de Sao Pablo ante un heterogéneo y expectante auditorio un piano en perfectas condiciones aguardaba su muerte. Por un pasillo improvisado con cintas de seguridad, cámaras de televisión y muchos fotógrafos, ingresaba un pianista, de impecable smoking con la misma elegancia como si estuviera por tocar en el escenario del Carnegie Hall. Se sentó, acomodó y comenzó a tocar un Nocturno de Chopin. Sonaba bellísimo. A minutos de terminar esa pieza, por el mismo pasillo ingresó un señor con un barbijo y un balde, y vertió su contenido líquido en la cola del piano. Era cera líquida. Poco a poco, minuto a minuto, los presentes vimos como esa escena se repetía: el pianista terminaba un nocturno, se levantaba, la gente aplaudía, mientras la labor del señor de la cera seguía con su trabajo. Pieza a pieza, Chopin se volvía más extraño, como si de repente hubiera entrado en un dodecafonismo esquizofrénico y el pianista en una lucha física y mental con el piano. Todo transpirado y a punto de resbalarse, se levantaba de su asiento y recibía los aplausos. Tatiana Blass a un costado daba expresas indicaciones a los (ahora) señores (parece que la cera era mucha) con los baldes, sobre dónde tenían que echar la cera. Se sentía en toda la sala un fervor, una expectativa? un goce. El placer de ver como el sonido se apagaba y ese piano dejaba de ser piano para transformarse en otra cosa. ¿En qué? Tatiana responde: ?A maioria das pessoas querem saber se o piano não pode ser tocado mais depois da performance, o que realmente não é possível. Mas o piano não morre, ele se transforma em uma escultura? (?La mayoría de las personas quieren saber si el piano no puede ser tocado más tras la performance, lo que realmente no es posible. Pero el piano no muere, él se transforma en una escultura?).

Sofocar el sonido, tensar la materia hasta su punto más macabro, aquel que nos deja sin una parte de la belleza: aquel que nos deja sin Chopin.

Si la actitud poética de Leminsky y del concretismo en general era provocar la materialidad del poema, y buscar en la experimentación nuevos soportes para la palabra, ¿Cuál es el gesto de Blass? ¿Con qué nos provoca? ¿Son sus materiales? ¿La irreverencia de subvertir algo tan clásico y sagrado como Chopin y un piano? ?A música é muito importante na minha vida. Esta obra não é uma negação da música, ela tenta discutir cuestioness mais amplas e existenciais, como a dificuldade de comunicación? (La música es muy importante en mi vida. Esta obra no es una negación de la música, ella intenta discutir cuestiones más amplias y existenciales, como la dificultad de comunicación)

Leminsky pedía casi como una plegaria: borrarme, diluirme, hasta que detrás de mí, de nosotros, no quede ni reste más que el charme. La obra de Blass pide también con un grito rabioso la disolución (¿del arte, de la materia, de la obra?), y también incorpora un nosotros tan rotundo como el del poeta, porque la obra sólo se completa con el espectador que presenció o va a presenciar en un video que se presenta junto al piano-escultura, el momento en que todos somos cómplices (más que espectadores) de una agonía: la lenta distorsión de la música y la metamorfosis del piano.

Porque si algo trasforma a El piano surdo en un obra artística es el relato que posee, el pasado que transforma en presente: El relato de la muerte del piano y en consecuencia de la música, el placer de presenciar una agonía y el gesto, absolutamente romántico de que ya jamás ese piano podrá ser el que fue, que su último gesto como tal fue presenciado por otros en un momento único e irrepetible, y que esos mismos han presenciado el nacimiento de la otra cosa: una escultura.

Esta Bienal que invita a pensar el eje arte- política, es testigo de esta performance de la disolución o del nacimiento, tal como usted prefiera tomarlo. Tenga en cuenta que ahí, en esa elección radica el acto político.

Foto de la nota tomada por Ana Lucía González

Publicado en Leedor el 25-09-2010

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