La banda del Ciempiés

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La obra del gran escritor uruguayo, Mario Levrero, está siendo reeditada por Irrupciones, HUM y Mondadori. En Leedor, las reseñamos.
La banda del ciempiés es una de las ?rarezas? de la producción Levreriana. Para empezar por su carácter de inédito en forma de libro: originalmente, está novela fue serializada por el diario Página/12, recuperada recién seis años después de la muerte de su autor por la editorial Random House Mondadori. Segundo, por pertenecer ?junto a Nick Carter se divierte mientras el lector es asesinado y yo agonizo? a lo que podríamos la faceta ?paródica? de su autor, que, en ambos textos, juega a tramar un pastiche de cierta literatura pulp con una fuerte carga bizarra.

Pero además, La banda es (y en esto se diferencia de Nick Carter, que se apoya en la evidente condición de pastiche y de ejercicio metatextual) un ejercicio de socavación de la legibilidad.

El texto juega a destruir las expectativas de lector en cuanto a la posibilidad de ?decodificar? una historia coherente. No sólo a través de juegos con la linealidad (en última instancia, una ficción como Pulp fiction, que no es presentada de manera lineal, es de todas formas ?linealizable? si reordenamos los diversos momentos de su argumento) sino también de digresiones, incoherencias, ocultamientos de información (o de pautas para interpretar) y cambios abruptos de tono o registro. En ese sentido, La banda podría acercarse, dentro de la obra levreriana, a París, novela también construida como un desafío a la interpretación.

Lo derivativo, por ejemplo, es una estrategia clara en este texto. La narración, que comienza en tercera persona, sigue de cerca las aventuras de al menos tres personajes ?principales?; en determinados momentos se producen quiebres que catapultan la exposición narrativa a eventos muy posteriores y apenas vinculados con el eje temático propuesto por las primeras páginas (¿qué busca la ?banda del ciempiés?? ¿Quiénes son?), para, concluida esa sección (recordemos que la novela fue concebida como un folletín en entregas) retomar la acción ?principal? en un punto no siempre rastreable con facilidad.

Podría pensarse, entonces, que la noción consabida de ?argumento? o ?trama? es lo demolido en esta novela. Si pensamos que la novela ?trata? de las investigaciones de un detective y un policía en relación a una banda de asaltantes y asesinos que adopta el disfraz de un ciempiés (al estilo de los dragones del Año Nuevo Chino) para sus atentados terroristas sin motivación aparente, entonces de alguna manera vamos a exigir (especialmente teniendo como referencia el modelo paródico, es decir la literatura pulp, que presentaba tramas accesibles y en general lineales) una exploración del tema que satisfaga un desarrollo mínimo de sus posibilidades latentes y un mínimo de ?respuestas? o de ?cierre?. Nada de eso sucede en La banda del ciempiés. De hecho, hacia el final, la narración en tercera persona ?que por momentos toma todos los recursos del narrador omnisciente? deriva a primera y entendemos que lo que venimos leyendo es la ?reconstrucción? de un caso hecha por el recién aparecido narrador, a través de las declaraciones de uno de los personajes. Terminada su labor, el narrador le pregunta a su fuente todas las inquietudes del lector: sin obtener respuesta arriesga una teoría. Tampoco. El informante declara que jamás se sabrá la verdad, y de inmediato recordamos su aparición previa en la novela, como un personaje más: un ?agente infiltrado del budismo? en la sociedad occidental, que intenta destruir la realidad del mundo, como si fuera un heraldo de Tlön. Toda la novela adquiere un sentido posible: el de esas grietas en el universo, de las que hablaba Borges, que nos vuelven evidente su naturaleza de sueño o pesadilla. O, en todo caso, se convierte en una narración totalmente diferente a la prometida (o a la esperada desde el discurso del pastiche posmoderno): la del proceso de destrucción de lo real, de erosión de lo ?interpretable?. En ese sentido, y del mismo modo que en la nouvelle El discurso vacío, aquí se ?narra? la pérdida del significado, el vaciamiento de una historia.

Publicado en Leedor el 24-09-2010