Nadie hablará de nosotras

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Estación kitsch…Belisario Club de Cultura
Av. Corrientes 1624. Cap. Fed.
Funciones: Viernes a las 23.00

Nadie hablará de nosotras se declara una comedia kitsch, la escenografía es kitsch, el vestuario es kitsch, las canciones que se interpretan son kitsch, sus personajes se acusan de kitsch, ?kitsch, kitsch, kitsch? repite una. Habría que ver cuál es el alcance, el matiz o el uso que se le da en este caso al término. La tarea resulta complicada por lo que sólo arrojaremos algunas consideraciones entre tantas que podrían hacerse.

Desde Adorno hasta Warhol, desde Eco a Federico Klemm (quizá esta mención haga de este texto un texto kitsch pero ¿quién está a salvo?) mucho se ha teorizado sobre el término en cuestión, se ha hablado de copia, de mal gusto, de falsa conciencia, de atiborramiento, de desechos, de arte bajo. Se ha dicho tanto que no es tan fácil distinguir en la actualidad cuáles son los límites de lo kitsch, si acaso los hubiese. Preferimos, a propósito de esta historia, la aproximación más literaria que nos ofrece Milan Kundera en su libro La insoportable levedad del ser: ?Antes de que se nos olvide, seremos convertidos en kitsch. El kitsch es una estación de paso entre el ser y el olvido.?

Casualmente Nadie hablará de nosotras transcurre en un vagón de tren (que se queda a medio camino entre el trencito de la alegría y el del terror). Cuatro actrices, banales y en decadencia, que se trasladan de ciudad para asistir a una entrega de premios, se ven obligadas a compartir el viaje y, en consecuencia, a construir una conversación hecha sobre todo de recuerdos falsos, sentimentalismos y golpes bajos. En este encuentro ninguna de ellas está dispuesta a aceptar, cirugías mediante, el paso del tiempo, la mugre acumulada bajo la alfombra y el inevitable olvido: ?el dolor de ya no ser? o, lo que es peor, el dolor de nunca haber sido. Estas cuatro actrices, parafraseando a Kundera, tienen la necesidad de mirarse en el espejo de una belleza y juventud simuladas para reconocerse y sentir aquella anhelada satisfacción. Lo kitsch es el medio y más allá está la muerte.

Puestos a buscar semejanzas, cualquiera podría decir que la obra de Andrea Fiorino resulta una muy almodovariana caricatura de ciertas actrices del medio local y también de ciertas piezas protagonizadas por elencos femeninos. Este elenco tan particular nos sorprende con actuaciones brillantes, realmente brillantes (el énfasis tiende a remarcar una verdad empírica), momentos de humor desopilante, diálogos bien logrados y la convicción de que sólo el humor nos salvará.