El laberinto de Hermes

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El orden de los datos, saberes y ambigüedades es el gran desafío de esta novela de Danser Caith.Del laberinto a la literatura contemporánea

Ordenar los datos de una realidad compleja es el gran desafío de este nuevo novelista. Danser Caith (escritor, Argentina, 1987) parece haber aprendido mucho, en este sentido, de su propio personaje. Su nueva novela, El laberinto de Hermes (2009), es un libro casi tan largo como otros tantos y contiene un número comparable de personajes, saberes y ambigüedades morales; pero está exquisitamente bien ordenado.

La novela es al menos dos secuencias (y dos géneros): una narra un fragmento de la vida personal del escritor, durante su adaptación en Harainay; mientras la segunda es una historia ficticia de aventuras sobre dos de los personajes de la historia y sus esfuerzos desenfrenados por escapar de un curioso laberinto mitológico. Los dos interrogantes (¿cuál de las 2 historias es la verídica?, ¿escapan finalmente del laberinto?) se imbrican a su vez con una narración realista sobre la vida cotidiana del protagonista (Danser) y sus sociedades en Harainay. Su prosa atrae detalles como un gran imán de recursos literarios.

Más allá de su contenido filosófico, si el romance se basa en retardar la unión de los protagonistas, el atractivo principal de la obra es la tensión social irresuelta entre Danser y Leslie. La excusa, hasta ahora, había sido el miedo de Danser a perder el control de su propia historia: «No cometas el error de creer que porque tú sientes esa magia, ella también deberá sentirla», dice una línea muy comentada y, por cierto, vilipendiada por lecturas feministas. Pero para la paciencia de todo lector hay un límite. En otras novelas, por fin, la dinámica de los personajes trasciende el amor platónico y se consuman actos que muchos lectores esperaban encontrar en la novela de Caith. La lógica entonces es la del melodrama, aunque a un ritmo más moderato que el que encontramos en una ficción sencilla y ordinaria.

Uno de los problemas más notorios es que Caith no sabe en dónde detenerse; la novela se abre a tal punto que, contingentemente, a los personajes puede ocurrirles cualquier cosa. En semejante complejidad, la novela busca desesperadamente un héroe, pero sólo encuentra un caos sentimental de situaciones irresueltas situando a la novela en un género completamente sorpresivo e innovador.

Publicado en Leedor el 20-09-2010