Bioy inédito

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Unos días en el Brasil, diario de viaje de Adolfo Bioy Casares, un escritor entre escritores que se asoma a tres ciudades en el momento en que está cambiando un país.Editorial La Compañía acaba de editar un texto casi inédito de Adolfo Bioy Casares (1914-1999), diario de sus días participando en Brasil de un congreso del PEN Club (congreso internacional de escritores) en 1960.

Decimos casi inédito, porque fue editado en 1991 en una tirada no comercial, que el escritor regaló a sus amigos. Por lo tanto, esta es la primera ocasión que tiene el gran público de acceder a una escritura que es siempre interesante y continúa siendo central en el campo literario.

Como plus, la edición cuenta con algunas de las fotos tomadas del 27 al 28 de julio de 1960, cuando Bioy visita una Brasilia en obras, inaugurada el 21 de abril pero que parece querer florecer en un páramo.

El librito tiene además un importante posfacio (ya es costumbre y son célebres estos finales a los que nos tiene acostumbrada la editorial, como sello propio de su mirada distinta sobre la literatura), que pertenece a un gran conocedor de la obra del escritor, Michel Lafon, catedrático de literatura Argentina en la Universidad Stendhal de Grenoble, editor y escritor (Una vida de Pierre Menard, Gallimard, 2008, traducida al castellano por César Aira). Este texto que cierra el diario de Bioy es una auténtica perla: una suerte de homenaje que rebosa afecto y admiración no solo por el escritor sino por el hombre.

A manera de lecturas posibles, este diario tiene líneas que permiten seguirlo por distintas pistas. Podríamos leerlo desde el desencanto y la mirada cínica por las instituciones literarias. Hay hasta cierta fobia que al parecer era crónica en el escritor, que se resuelve en sarcasmo por los eventos sociales. También como un relato, entre la parodia y la estilización de los grandes relatos de viajeros por Brasil. Este es un género en sí, desde Von Humboldt y la misión Debret a los Tristes Trópicos de Levi Strauss, pasando por el recorrido interno de la antropofagia en el viaje de Tarsila y Oswald, por mencionar algunos casos, de una característica bien propia de Latinoamérica y sus deambulantes.

Pero hay otra, casi policial, que tiene visos eróticos y que podría haber sido inimaginable, al menos en esta modesta lectora, que presenta a un Bioy personaje que persigue el amor de una Ophelia (ni qué decir sobre el papel que este nombre implica en la historia de la literatura y del arte), que lo rehúye, le escapa, lo resiste, donde él es al mismo tiempo sujeto y objeto, detective, víctima y criminal, pista y lupa.

Esto hace que el simple diario de un escritor desencantado se convierta, pactos ficcionales del yo mediante, en el diario de un enamorado romántico o en el cuento de una búsqueda infructuosa donde un alma camina y camina, entre el desencanto y la desilusión, persiguiendo la ausencia en las huellas de alguien que nunca se volverá a encontrar.

Y quizás sea lo que hace la diferencia de la factura Bioy, lo que transforme apuntes de un viaje en una ficción real y exquisita, compleja y apetecible, que vuelve absolutamente reconfortante y único el viejo rito de leer.

Publicado en leedor el 11-9-2010