Zumbido

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Silvia Rivas despliega sus máximos recursos y se afirma como una videoartista consecuente con su propia poética, con una propuesta de imagen impecable. Zumbido
Contemporáneo 26.
MALBA. Planta Baja.
Figueroa Alcorta 3415. CABA
Del 10 de septiembre al 22 de noviembre.

Obras en exposición:
Zumbido (dinámicas), videoinstalación de un canal multidisplay. Duración 3´50´´.
Zumbido (trama incesante), videoinstalación de un canal. Duración 3´50´´.
Colaboración técnica: Juan Pablo Ferlat. Diseño de sonido: Luciano Azzigoti. Performance: Julia Edo.
Zumbido 1. Grafito sobre papel. 104×450 cm.

Egresada de la Escuela Nacional de Bellas Artes como escultora, la trayectoria de Rivas dentro del mundo del videoarte comienza oficialmente con su primera videoinstalación en 1993 (Museo de Bellas Artes, con curaduría de Jorge Glusberg y Laura Buccellato) y se reafirma con la obtención de la Beca Guggenheim y su exposición consecuente en 2001. Así, hitos fundamentales son Notas sobre el Tiempo (2001), Acontecimientos débiles (2002), Episodios mínimos (2006).

En esta ocasión, se trata de dos videos, Zumbido (dinámicas) y Zumbido (trama incesante), acompañados por la exhibición de uno de sus dibujos, a la manera de un ?anti still?, boceto donde la artista se imagina y crea, se vuelve profética, no como fotografía del producto terminado, sino como posible mapa de lo que tiene en su cabeza.

El hecho de que todo el proyecto lleve el nombre de un efecto acústico, indica quizás la importancia que la artista le da al tema del sonido, elemento que acompaña de manera muy lograda la propuesta plástica.

Creemos que Zumbido puede ser leída como un punto de inflexión en su propia poética, no desde la temática, en la que sigue fiel a su filosofía del tiempo como lugar de contradicciones, múltiple y espeso, que se transforma en espacio, sino por sus búsquedas formales.

En efecto, Zumbido representa un nuevo corte sobre el tema de las acciones inútiles, la tenacidad de luchar contra lo que, a pesar de que se venza, siempre recomenzará.

Pero hay tres características que podemos leer, y quizás permiten esbozar una vuelta de tuerca en referencia a toda su obra anterior: el cambio a una estética menos barroca y más minimalista: de Zumbido (dinámicas) que contrasta con la casi prácticamente oscura sala de la instalación que sigue a Zumbido (trama incesante) donde el blanco que nos ciega se convierte en un negro que también nos aturde, explorando la luz (categoría que permite articular como pocas la intersección tiempo/espacio, tema que leemos recurrente en Rivas); la casi ausencia de esa imagen pixelada y pincelada, que tiene por ejemplo toda la serie de Lluvia, en Notas sobre el tiempo, y en relación con estos dos aspectos, justamente, la relación con el cine.

Hay algo distinto a todo lo realizado que Zumbido aporta, y tiene que ver con otra voluntad narrativa, cierta pequeña noción de conflicto que asoma, las referencias a la mosca obstaculizando una pantalla y hasta una dosis de humor.

Lo demás, desde el foco puesto en la inutilidad de ciertas acciones, la imposibilidad de cerrar procesos que recomienzan ni bien se superan, la circularidad del tiempo que al repetir la misma acción y reacción se sostiene tan idéntico que se conforma como espacio, y la elección de un hecho banal y cotidiano como metáfora de planteos más existenciales, conforma un decir que es fiel a la poética de Rivas.

Experiencia que hay que transitar, en un lenguaje, el audiovisual, que reina, pero saturando de significantes que son como moscas, no nos dan tregua, ensordecen y no dicen nada.

Zumbidos es una tela de moscas dibujadas, filmadas, fotografiadas, que nos aturden, nos molestan, nos obligan a movernos todo el tiempo, pero también nos brindan una experiencia estética y nos largan fuera con cierto recuerdo de todo aquello que por más que hagamos nunca alcanzará.

Imagen que ilustra la nota: Silvia Rivas, Zumbido (dinámicas), 2010. De la serie Zumbido [detalle]
Videoinstalación de un canal multidisplay.

Publicado en leedor el 10-9-2010