Lucía Reategui

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Frente a la obra de esta joven artista peruana, los únicos recaudos que se pueden tomar son los instintivos.Una cuestión de Piel. Notas sobre Lucía Reategui

Lo más profundo es la piel
(Paul Valery)

¿Existe un límite en nuestro ser?; ¿ya hemos llegado a ese fondo de potencias agotadas y la única opción que nos queda es resignarnos a un vivir automático e inequívoco? Con estas interrogaciones y sus derivadas, Lucía REATEGUI nos entrega su cuerpo y pasiones a través de un conjunto de obras donde la existencia sólo es ruptura y recomposición de materia.

Frente a la obra de esta joven artista peruana, los únicos recaudos que se pueden tomar son los instintivos. ELLA, mujer, artista, performática, dinámica y audaz; nos avanza y nos entrega literalmente su cuerpo para vincularnos con el grito sordo de la angustia, con lo espontáneo, con lo primitivo, con los presentes infinitos; con todas las vibraciones que nos reconectan con la tierra y nos reconcilian con el proceso de la vida. Guiada sólo por la ?sed de ser?, esa manifestación de lo íntimo en lo externo que movilizó la obra de Ana Mendieta, la artista evoca un cuerpo sorprendido por la acción, en pleno vértigo entre lo real y la representación.

Desplegando su estructura natural de modo intensivo y abyecto, sus obras construyen dispositivos afectivos que repiensan las prácticas, discursos, representaciones e imaginarios relacionados con lo corpóreo en nuestros tiempos. Provocan el encuentro intempestivo con el Otro, en el cual, cada centímetro de la piel se estremece y, sentimos que todos los cuerpos son causas unos para otros en una simple, aunque profunda, afección de superficie. Ingobernable deseo de hacer de la piel una extensión de relaciones que pueden sacudirnos, vibrando en señales.

En tanto entidad física que se vuelve escenario geográfico abierto a la exploración y aprehensión del mundo, nunca podemos olvidarnos del cuerpo y de su piel que escucha los ruidos del afuera en contacto, por impregnación con otros, que cambia de tacto o de perfume, que envejece, palpita, se deleita, o suda en la ejecución de un acto. Urgente imperativo y efecto de lo corpóreo que Lucía trabaja en los bordes de la piel, conectando la fuerza de su ser con la superficie; zona donde se constituyen la multiplicidad de seres. Allí, afectados, se encuentran nuestros cuerpos. Un cuerpo pasa a penetrar al otro, se retira y produce mezclas que determinan estados y hacen emerger los acontecimientos.

En esta coreografía, los organismos se deshacen y proyectan efectos incorporales, extendiendo el cuerpo a conexiones de niveles, pasiones, umbrales y nuevas intensidades. Apertura de la corporalidad, hambre de devorar el placer, deseo de tomar, sentir, tocar y ser a través de las pulsaciones de la carne.

El encuentro con la obra de esta artista es siempre una cuestión de piel, una aventura antropofágica y primigenia sobre el misterio de nuestro existir, una apuesta para volver a impulsar el vector más activo de la vida. El misterio y lo oculto se torna palpable. El deseo nos vuelve al cuerpo e insiste en un placer verdaderamente intenso, sin dejar de tocar el umbral de la perturbación.

Página de la artista: http://www.luciareategui.com/