Lima: José Carlos Tassara

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En la ciudad de Lima, José Carlos Tassara y un paseo por el lado salvaje de la Pintura.José Carlos TASSARA

Dar un paseo por el lado salvaje de la Pintura

“La libertad que a veces sentía no procedía de las reflexiones nítidas, sino de un estado como hecho de percepciones excesivamente orgánicas para ser formuladas en pensamientos”. (Clarice Lispector)

Refugiados en el estanque del planeta, podemos elegir el infinito activo donde la vida, la muerte, la pasión, el deseo y nuestra relación con el tiempo-espacio, pidan una mirada nueva, emergente, disponible al todo sin dejar de lado esas pequeñas partículas que, al encontrarse, fracturan la tierra.

Parece que estos golpes y contragolpes necesitaran de una sentencia que justifique el deseo y la necesidad de acercarnos desde la distancia y la diferencia. Tal vez por una pulsión que todavía no se deja regir por instancias impermeables, pude encontrarme, abriendo otros accesos y con la distancia pesando en mis ojos, con las obras de José Carlos TASSARA; joven artista que presentó en la ciudad de Lima su segunda exposición individual en el Centro Cultural Juan Parra del Riego.

Titulada ?Mira-B? y curada por Esther Oblitas Vallejo, la muestra se ordena y desordena rasgando los múltiples planos que inauguran las superficies pictóricas de Tassara; dejándonos mover en el cruce de la lógica binaria atravesada por el uso dialéctico de una simple conjunción ?Y?. Como señala Esther, dejando para otro momento el uso que la posmodernidad le ha entregado a las dimensiones creativas, ?pensemos mejor en anarquía y desborde, orden y caos, representación y circulación?. Extraña paradoja presente en las geografías ?vivibles y pensables- que el artista modela en grandes extensiones de disputa figurativa entre estados en plenos ?cracks? sobre nuestra presencia.

Este creador de origen venezolano y devenir peruano (él mismo sentencia ser ?peruano con papeles extranjeros, ya casi extraterrestres?) explora nuestro mundo, el suyo y los posibles que vendrán, ejecutando la libertad en la finitud de la materia elegida, una mezcla de óleo, tinta y el cuerpo de una pluma; construyendo figuras que multiplican sus ojos para insistirnos en las frágiles tensiones que nos conectan.

Se trata de una obra que parte de sí para envolver los objetos del mundo como formas que abren los ojos, que exaltan hasta la más corta onda de energía; escritura vibrátil, hecha de sensaciones y afectos. Repara en la tradición figurativa pero la mastica y aglutina con el espíritu callejero del graffiti que, plasmado en las telas, mutan en paredes de gran fuerza expresiva, sugestiva y erótica, acompañadas de códigos escritos. Estos dispositivos complejos contienen la presencia de diversos símbolos que parecen ser la clave para adentrarse en los palimpsestos de Tassara; rasgo imbricado que nace de un exquisito cóctel de la tradición, de lo subterráneo y de cierta inquietud salvaje que activa las zonas más fértiles de la existencia.

A esas grandes masas, le agrega la movilidad fugaz de sombras que remueve las superioridades representables de las morfologías encerradas por el bastidor, para que la pintura comience a dejarse ver, mirándonos. Las formas se funden y, remitiendo a una inversión erótica de las escenas, intiman con el incidente y la ocurrencia: rebelión contra la continuidad del relato, para insistir y resistir, convirtiendo la operación pictórica en una acción constructiva y vital sobre la historia.

José Carlos Tassara constituye una forma turbulenta que, entre materia y fuerza, sólo se nutre de nuevas efervescencias para poner a obrar esa línea que empuja, continuamente, la Libertad en tanto exceso y desborde orgánico de las cadenas que contienen nuestra bien ganada licencia de interrumpir con fatal honestidad la vida. Un terreno que todavía puede seguir brotando si nos atrevemos, entre energía y modestia, a dar ese paseo por el lado salvaje del acontecimiento.

Publicado en Leedor el 6-09-2010