La cúpula

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Sobre la última y atrapante novela de Stephen King.La cúpula
Stephen King
(Plaza Janés, 2010, 1130 páginas)

Stephen King despierta fanatismos y demonizaciones, ambas igualmente incomprensibles. Si bien es verdad que en los últimos años ha logrado un cierto consenso entre sus pares (y ha sido distinguido con premios como la Medal of Distinguished Contribution to American Letters en el 2003 ?en los años anteriores otorgada a autores como Philip Roth, Arthur Miller y Ray Bradbury?), persiste en el mercado local la idea de que es un autor fast-food de literatura pulp de tercer orden. Un autor comercial sin ninguna noción de estilo.

Sin dudas, King es un autor comercial desde el momento en que sus libros son best-sellers, pero en el mismo sentido, Saramago es un autor comercial. Eco lo es (o lo fue) también. El mismo King admite que su prosa no es de las más depuradas (ni le importa tanto este hecho) pero es indiscutible que ha sido un gran narrador popular, y dentro de esa clasificación facilista, uno de los mejores.

El fuerte de King siempre se sostuvo en dos columnas: el poder de su imaginación, planteando generalmente novelas de situación ?What if??: ?¿Y qué pasaría si una supergripe acabara con el 95% de la población mundial? (Apocalipsis); ?¿Y qué pasaría si hubiera un cementerio que devuelve a los muertos a la vida, pero cambiados?? (Cementerio de animales); ?¿Y qué pasaría si un autor tuviera un accidente y quedara en manos de una fan desequilibrada?? (Misery). El otro pilar en el que King se destaca es en la creación de personajes que sostienen esas situaciones sin dejar de sentirse humanos, reales.

No es un dato menor que King proviene de la tradición de las letras norteamericanas, y buena parte de su atracción por lo escatológico o lo brutal tiene en su genealogía a todos los grandes nombres de dicha literatura. King cree en la novela que narra una historia, que atrapa al lector, que propone un misterio o un suspense que obligan a la lectura adictiva, y no es justo calificar a un autor por lo que NO es. King no escribe como Proust, no es hijo de Joyce, no daría nunca una novela ?sin tema? como ?Rayuela? y tampoco llegó a tiempo para inscribirse en la ola de autores digresivos norteamericanos de fin de siglo pasado. No. Con King se trata de buenas ideas que producen muy buenas o muy malas novelas.

?La cúpula? es su esfuerzo más reciente. Es, después de ?Apocalipsis? e ?It?, su novela más larga. La sinopsis dice: ?Un tranquilo día de otoño, la ciudad de Chester?s Mill queda inexplicable y repentinamente aislada del resto del mundo por un campo de fuerza invisible. Los aviones se estrellan y caen del cielo consumiéndose entre llamas, la gente corre sin rumbo por el pueblo vecino al verse separada de sus familias y los coches estallan al impactar contra el muro invisible. Nadie consigue comprender cuál es la naturaleza de la barrera, ni su procedencia, ni cómo ha llegado hasta allí, ni si algún día desaparecerá. Dale Barbara, un desilusionado veterano de la guerra del Golfo reconvertido en un mediocre cocinero; Julia Shumway, la directora del periódico local; y un grupo de skateboarders adolescentes lucharán para descubrir el misterio de la cúpula. Sin embargo, en el otro bando se encuentran el gran Jim Rennie, alcalde de Chester?s Mill, un hombre corrupto y sin escrúpulos dispuesto a todo para tomar las riendas del poder, y su hijo, que oculta un terrible secreto en una oscura despensa. Pero su adversario principal es la propia cúpula. Porque el tiempo no es infinito. El tiempo corre e irremediablemente se acaba??

La sinopsis es un poco mentirosa. Todo lo que dice la contratapa tiene que ver con la novela, pero no termina de dar con la esencia. Lo que hace King es poner, por 900 páginas, una excusa: esa cúpula invisible que separa a un pueblo pequeño del resto del mundo. Tan sólo el aire puede traspasar ese cristal y entonces el pueblo se transforma en un microcosmos, y eso es lo que le gusta al autor. Traza, sin mayor esfuerzo, las idas y vueltas de casi cien personajes importantes, sus entuertos, viejos recelos y heridas, y por supuesto, la lucha por el poder en esta nueva condición socio-política. Dentro de la cúpula, ser el segundo concejal es ser un monarca, si se acierta con las políticas demagógicas y maquiavélicas. Con tal escenario, el resto de la novela es la lucha interna en el pueblo, una suerte de ?Crónica de una muerte anunciada? a gran escala, o un ?Apocalipsis? tamaño de bolsillo. Recién hacia el final, una serie de eventos hace indispensable volver a la naturaleza de la misteriosa cúpula e intentar por todos los medios darle fin.

Mientras tanto, ?La cúpula? es continuamente una de cal y una de arena con respecto a las habilidades del autor. Al poderoso planteo inicial se le puede sumar una presentación de los personajes que es virtuosa en cuanto a la relación espacio-tiempo: todo es dinámico: vamos conociendo a cada personaje relevante cuando entra en escena con respecto a alguno de los muchos incidentes que ocasiona el muro de cristal en su primer día. Así, casi no hay exposición, excepto que la hay, pero está muy bien disimulada detrás de una cadena de eventos que mantiene la tensión en alto todo el tiempo. También logra, y esto no es tan común en otros de sus libros, negarles excesiva centralidad a los personajes principales. El que se perfila como nuestro héroe en el comienzo casi no tiene relevancia en la mayoría de las decisiones importantes pasada la mitad de la novela. Esto no es un problema. Por el contrario, ese vacío de poder entre los que resisten los gestos orwellianos del poder de turno, hace que un puñado de personajes indecisos saque lo mejor de sí e intenten (con sus muchos y fatales errores) encontrar el modo de volver todo a la normalidad.

Otro plus es el ritmo. Casi nunca decae y es adictivo a lo largo de más de 1100 páginas. La identificación y diferenciación entre tantos personajes fluye de modo tan natural que parece que cualquier aspirante a escritor pudiera lograrlo.

Por otro lado, también se encuentran algunos vicios de King: el malo casi caricaturesco; el desequilibrado que sólo piensa de modo perverso. En fin, una línea moral demasiado marcada a fuego. Para King, que se declaró hace tiempo un fan de ?Lost?, no parece haber tenido en cuenta que una de las pegadas de la serie fue jugar siempre en la gama de grises: nadie es tan bueno ni tan malo, todos andamos por ahí, y muchas de nuestras actitudes ni siquiera son juzgables, pues dependen desde la perspectiva con que se las mire. King, por el contrario, prefiere dibujar, al menos en sus personajes principales, hombres muy idóneos o muy tiranos, y eso simplifica la serie de conflictos, que pudo haber sido mucho más rica y hacer de esta su mejor novela, o una de las mejores.

También hay cierto desprecio por algunos personajes. Quizás en un exceso de realismo, parece que King por momentos pensara que tiene demasiada gente dando vueltas y entonces se deshace de un par aquí y otro par allá, de un modo poco interesante (el incidente que tiene que ver con la investigación ?Vader? es en cierto modo un gran McGuffin ?dispositivo narrativo que Hitchcock definía como ?un elemento de suspense que hace que los personajes avancen en la trama, pero que no tiene mayor relevancia en la trama en sí.?).

La sorpresa del libro es que casi no tiene elementos del género de terror. Está más cerca de la ciencia ficción en todo caso, o de la fábula simple y llana. Tiene, eso sí, un final que dividirá las aguas, porque King se guarda el secreto de qué es y cómo es que existe la dichosa la cúpula hasta el final, y cuando llega la resolución de ese, que es en realidad el único misterio per se, el lector o bien se deja llevar y acepta la idea como una lírica excentricidad, o bien se sentirá estafado en su expectativa. El final no está pensado para satisfacer a nadie, ni escapa de la responsabilidad ante el enigma que genera, simplemente que la salida no es para todos los gustos, y la discusión podría ser interminable.

Al final del día, ?La cúpula? aporta argumentos tanto para los defensores como para los detractores de Stephen King. Está claro que la ambición de un autor que ya en sus últimos años de productividad elige encarar una obra de tal magnitud es algo que trasciende lo meramente comercial. Como novela, es atrapante, imperfecta y dentro del género, una suerte de obra maestra malograda.

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