Desordenes II

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Continúa la reflexión sobre esta revista y el mundo de lecturas que dispara. A propósito de Des-órdenes.

II Jornadas de Investigación Artes en Cuestión.
UMSA. Facultad de Artes.
20 de agosto de 2010.

Nota relacionada: Desórdenes, Arte y Sociedad

Cuando Sebastián Russo me pidió que pensara unas palabras sobre la revista, hecho que desde ya le agradezco, pensé que no tenía sentido hablar específicamente del contenido de las notas, porque las notas hay que leerlas, entonces no tiene sentido hablar críticamente de lo que pueden querer decir distintos artículos que no todo el auditorio conoce; más que una lectura podía ser una trampa que no tiene mucho que ver con ese espíritu subversivo y corporal que propone la experiencia de Des-órdenes y de interpretar.

Pensé mejor en girar libremente en torno al objeto, y lo primero que sentí fue la evocación al poema de Mallarmé, que se llama Un coup de dés, porque Des-ordenes es algo muy parecido a una tirada de dados, siempre distinta y propia de cada instante, que tampoco terminará con el azar, ni aunque esté lanzada desde el fondo de un naufragio, ya que es una combinatoria que permite múltiples lecturas, no infinitas, sino múltiples.

Des órdenes, lo voy a leer como un sintagma, por un lado suena a dar órdenes, con forma de imperativo. Es una invitación a todos nosotros a dar una orden o darle un orden a algo, es decir, a afirmar algo. Ordenar tiene además una carga performativa, es uno de esos verbos que hacen cosas con palabras. Entonces, des órdenes puede traer como consecuencia que nos pongamos en el lugar de hacer hacer.

Pero, al unir la expresión y tomarla como una sola palabra, con ese guión que acentúa el carácter del prefijo negativo, des-órdenes cargaría al sentido anterior la suma de revolver, es decir, dar órdenes que desordenen. Entonces, si empezamos hablando de Mallarmé y la filiación poética de la revista, ahora seguimos con la línea de Jarry y la filiación Patafísica.

De esta manera, Des-órdenes se convierte en una palabra muy feliz por su capacidad de condensar conceptos; el resultado sería algo así como el imperativo de ordenar desordenando, de barajar y dar de nuevo, desde otra cita, jauretcheana, con la que indudablemente dialoga la revista en sus marcas de compromiso intelectual, porque desordenar no es sólo darle otro adorno a la forma, en este caso hay un hacerse cargo de las palabras creando referencias culturales que son, obviamente, políticas.

Ya desde el formato, la revista refuerza la propuesta: las notas no se encuentran ordenadas por un índice. La revista ofrece un índice, pero este es otro oxímoron, porque es un índice aparente.

Un índice es una lista ordenada de capítulos, artículos, materias, voces, etc. con indicación del lugar donde aparecen en una publicación. Entonces, por este lado, el índice no funciona. Sí funciona en otra de sus acepciones, el de ser indicio de algo, el de ser un signo adyacente formalmente a lo que señala. Porque desorden no quiere decir que no tenga continuidad; lo que tiene, y esto es uno de los atractivos de la propuesta, es una continuidad discontinua, o mejor, una continuidad a continuar.

Esto además acentúa el aspecto lúdico, (seguimos con la patafísica). Yo hice el juego de poner a Grünner antes de Foucault, a Sontag después de Russo, alterando el ?orden? natural que pareciera ser el del tiempo y la lógica causa-efecto que deben tener los linajes de escritura. Hice la prueba, maravillosa, de poner adelante el artículo de Sebastián Hernaiz sobre Operación Masacre del que trata sobre Martín Fierro y la crítica, de Alejandro Boverio. El resultado es la posibilidad de efectuar ese ejercicio que nos legaron los OULIPO, de producción de sentido desde la alteración de todos: el plagio por anticipación, ese que hace que en realidad Sontag esté respondiéndole a Grunner y pensando a partir de él, siendo el ?orden? temporal totalmente inútil.

Queda entonces delineada la próxima estación que le pongo a este tren, y es la del espíritu de los OULIPO, recordemos, traduciendo sus siglas, aquel Taller de Literatura Potencial en el cual hoy sabemos que militaron personajes fundantes de nuestro siglo xxi, desde Raymond Queneau, a Marcel Duchamp e Italo Calvino.

Al mismo tiempo Desórdenes se define como una revista. Un vehículo para tratar temas que vuelven a verse, que son revistos desde una óptica particular, la de cada quien escritor. Las primeras revistas que se conocen son del siglo 17, hay una particularmente que está entre las primeras, que se llama Discusiones Mensuales Edificantes y es de 1663. De ella desciende Des-órdenes, que retoma el concepto de Discusiones, la periodicidad habría que pensarla, y por supuesto, también lo de Edificante.

Es una revista, pero es una revista-objeto, obra en un aspecto única y en otro aspecto seriada, que utiliza la forma, la fama, el status de las revistas para proponer un quiebre. Pone de pie para inmediatamente poner patas arriba: interviene el medio, el intersticio entre las notas, el modo de circulación, el hilo de la lectura? Interviene las tapas, el encabalgado, los interiores, los raya, le hace bigotes, la niega desde la imagen. Le crea un contexto para al mismo tiempo decirnos ?es para modificar?, para desordenar? Esto es la práctica del detournement debordiano, el desvío operado para torcer sentidos en un elemento nuclear que sostiene la cultura capitalista: los medios de comunicación, y en este sentido llegamos a la quinta pata de este gato: las prácticas situacionistas.

Y aquí es donde se imbrica la coherencia en la exploración del todo, y el texto es imagen y la imagen es texto: tengo que mencionar el sesgo que marca en Des-órdenes el Grupo Detergente como aporte creador, cómo ?interpretan? sus tres integrantes: Maru Gaudio, Valeria Suárez y Agustín Díasz, son del equipo de los muchos y promisorios egresados de esta casa, que trabajan desde lo colectivo discutiendo sobre lo que hacen a la vez que crean, que a la revista le aportan lo inexorable del azar y el objeto encontrado y acentúan su carácter patafísico ya dicho.
En este mismo sentido, la presencia teórica de otras tres artistas, Florencia Nieto Volonté, Florencia Gomel y Luciana Pía Faccini, afirma el lugar de la reflexión estética desde la propia formación como artistas visuales rondando la tradición conceptual y conceptualista de buena parte de nuestras artistas latinoamericanas.

Espero haber dado un panorama de ciertas líneas que surgen en la proa hacia Des-órdenes, pensando cinco filiaciones posibles de la revista: la poética, la patafísica, la política, la potencial, la situacionista.

Para cerrar estas pequeñitas palabras, una cita de El Placer del texto: esas enormes palabras que pronuncia Roland Barthes en 1977 cuando dice: ?El texto que usted escribe debe probarme que me desea. Esa prueba existe: es la escritura misma?. Así que sólo nos queda bucear en la prueba de nuestro propio deseo: sentarnos a leer éste y los muchos números más de Des-órdenes que van a venir.

Publicado en Leedor el 21 de agosto de 2010.