Kafka, Negro,de tan preciso

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Cuando parecía que todo había sido hecho los textos de Kafka sorprende este Kafka, Negro de tan preciso.

Asediando la escritura de cuatro textos de Franz Kafka, ?El paseo repentino?, ?Ante la ley?, ?Buitres? y ?Una confusión cotidiana?, una nueva estética, cuando parece que todo ha sido hecho, sorprende en la factura de Kafka, Negro de tan preciso.

Es que este hecho artístico en el que teatro y audiovisual confluyen para generar un todo en que las impresiones y expresiones se alternan, mecen y convergen por momentos, prescinde de la palabra salvo para revelar al principio que el tiempo de ningún relato es lineal ni absoluto y por sobre todo, que en Kafka y en la vida misma, muchas veces lo representable es renuente a la palabra. El tiempo es materia intangible, un destino se cumple sólo cuando es narrado, porque tiempo y destino huyen de la representación como los personajes kafkianos han huido de su cuerpo cuando éste deviene sujeto de angustia. Huido, desertado, escapado, alienado, traicionado, fugitivo, el tiempo es al fin y al cabo, un modo singular de percepción de lo por venir y sobre todo de lo pasado.

La puesta de Julián Stella juega a despecho de su voluntad con el ánimo del público. De modo que la pantalla con que un audiovisual proyecta una escena repetida en la una puerta se abre y cierra sin césar, cada vez más rápido y con un ruido más estruendoso, como un replicante de madera, recibe al espectador para colmarlo de sensaciones. Angustia, inquietud, desazón, suspense, turbación, molestia, curiosidad. Curiosidad por saber qué pretende del jamás inocente receptor que desguarnecido en su butaca espera un signo que lo saque de la duda.

¿Pero existe alguna posibilidad de salir de la duda kafkiana?

Poco a poco irán apareciendo los proto personajes, no alcanzan dimensión de personajes en tanto su mutación es continua y no hay palabra que los defina, que los nombre. Son cuerpo, materia orgánica maleable, mutante, que desliza y se desagarra para mostrar una vez que lo inenarrable halla en el cuerpo una serie del orden de lo gestual que convulsiva y singular puede ser más locuaz que mil palabras.

La puesta de Stella es ambiciosa y con cuatro artistas cabalmente entrenados no sólo por el preciosismo de sus movimientos sino por la ductilidad con la que encaran la tarea exhibir sus dolores, mutaciones y búsquedas al compás, a veces del fraseo de la guitarra de Ramiro Torreira, otras de la música que acompaña las proyecciones, llegan entre sonidos guturales y onomatopeyas a obtener una historia de encierra dentro de sí todas las posibilidades de sentido de un texto. Como hubiera dicho Roland Barthes, significan sin césar varias veces.

La factura audiovisual es impecable al igual que el sonido que acompañando las proyecciones o en vivo, como ya hemos mencionado, aporta una cuota de extrañamiento allí donde director y actores podrían haber elegido la narración sincrónica, mimética y naturalista en que apresar a Kafka es casi un sacrilegio. Porque si algo ostenta el autor de ?La Metamorfosis?, ?El proceso?, ?El Castillo?, etc., es la de ser un exiliado múltiple. Exiliado en una lengua que no era la materna. Exiliado religioso en una tierra en la que ser judío era hostil, exiliado escriturario porque todos los que escriben están condenados al exilio, a esa errancia por los textos que pueden ser una patria sólo hasta ser acabados. Incluso, exiliado ex profeso de su propia obra si Max Brod no hubiera desoído su orden de quemar todo a su muerte y nos la hubiera legado.

Desde entonces, desde las distintas disciplinas del arte y también del psicoanálisis se nos brindan análisis cuando ya sabemos que no hay solución y que, si somos seres de angustia, no hay otra victoria que esperar que arribar al fin cargándola del modo menos gravoso.

Esas mutaciones, exilios, huidas, penas y cavilaciones son las que, escritas en los cuerpos de Celina Carbajal, Marcos de las Carreras, Lorena Gaivironsky y Julieta Rozenblum, aparecen en escena desde la guturalidad del dolor, del cambio y del hallazgo. Y logran crear climas sensibles.

De este modo, una estética expresionista es capaz de exhibir los sentimientos, los climas de evocación y memoria en los que la realidad trasmuta a otra cosa, como el sujeto que intenta asirla.

Asimismo, distintos cuadros de corte netamente surrealista, apelan de continuo al espectador para evidenciar que una imagen vale más que mil palabras y así los cuerpos de los actores, en las distintas instancias sólo intervenidas por los cambios de música o proyección audiovisual, varían, hasta quedarse en piel desnuda, porque aunque nazca un sujeto nuevo, hay otro que se ha marchado.

La iluminación y el diseño de vestuario colaboran conformando una paleta que se complementa y potencia siempre.

Gran trabajo de expresión corpórea, danza-teatro, dirección y factura técnica en esta puesta en dónde lo kafkiano, como irresoluble inquietud se vuelve negro de tan preciso.

Ficha tecnica completa:
Autor: Franz Kafka
Idea y Adaptación: Julián Stella
Traducción: Sofía Le Comte
Actúan: Celina Carbajal, Marcos de las Carreras, Lorena Gaivironsky, Julieta Rozenblum
Músicos: Ramiro Torreira
Vestuario: Lorena Gaivironsky, Jesica Mathieu
Escenografía: Melina D´Albenzio, Giselle del Corral
Maquillaje: Roxana Corneli, Nadia Puértolas
Diseño de luces: Federico Martin
Audiovisuales: Ariel García Giménez
Música original: Ramiro Torreira
Proyecciones: Sebastián Estraviz
Entrenamiento corporal: Ana Borré, Laura Buschiazzo
Asistencia de dirección: Lorena Gaivironsky
Puesta en escena y dirección: Julián Stella
Espacio Cultural Pata de Ganso
Zelaya 3122
Reservas: 4862.0209
Entrada: $ 25,00 y $ 20,00 Viernes, 23:00 hs. Hasta el 27/08/2010

Publicado en Leedor el 18-08-2010