Mark Haddon

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Desde su primera edición en 2004, Salamandra lleva 24 reimpresiones en España de El curioso incidente del perro a medianoche, primera novela adulta de Mark Haddon: ahora se consigue en Argentina.El curioso incidente del perro a medianoche

Mark Haddon

(The curious incident of the dog in the night-time, 2003; publicado por Salamandra en castellano, 272 págs.)

Desde su primera edición en 2004, Salamandra lleva 24 reimpresiones de la primera novela adulta de Mark Haddon, quién hasta entonces sólo había publicado libros infantiles.

Haddon nació en 1963 en Northampton, Inglaterra. Es ilustrador, poeta y profesor. De joven trabajó con niños autistas, y no es un dato menor, ya que el narrador de la novela Christopher Boone, es un muchacho fascinado por el mundo de las matemáticas y la física, que justamente, es autista (si bien algunos debaten que se trataría del síndrome de Asperger, aunque esto nunca se especifica en la novela).

El primer capítulo arranca con el ?asesinato? de Wellington, el perro de una vecina. Al encontrarse en medio de la noche con este hecho, Christopher decide emular a su admirado Sherlock Holmes y llevar a cabo una investigación detectivesca. Tiene que interrogar a cada uno de sus vecinos, lo que no parece una tarea demasiado complicada siendo que vive en un pueblito minúsculo, pero a diferencia del famoso detective inglés, el chico tiene sus fobias: no le gusta mirar a los ojos a sus interlocutores, huye de todo contacto físico y está convencido de que no es bueno hablar con extraños. Aquí ya se plantea su primer gran dilema: si no debe hablar con extraños y la mayoría de sus vecinos lo son, ¿cómo interrogarlos sin infringir la norma?

La lógica de Christopher tiñe el libro de principio a fin. Por ejemplo, si cuando va en el micro que lo lleva a la escuela, ve pasar cinco autos rojos seguidos significa que tendrá un día super bueno, si son cuatro autos rojos, un día bueno. Cuatro autos amarillos seguidos, en cambio, profetizan un día negro, por lo que no correrá riesgos, ni tratará con otra gente en la medida de lo posible.

Christopher decide enseguida llevar un diario de su investigación policial, pero la investigación es solamente el disparador inicial, porque la vida de Christopher no es tan sencilla tampoco, y de a poco el relato se transforma en la narración de sus obsesiones, sus cálculos, sus conocimientos, su lógica. De hecho, el ?asesino? de Wellington es descubierto apenas pasada la mitad de la novela, pero para entonces ya han surgido una serie de situaciones en la vida del protagonista que harán que tenga que emprender una aventura mucho más cotidiana para cualquiera y mucho más peligrosa y desafiante para él.

?Los niños de mi colegio son estúpidos. Pero se supone que no he de llamarlos estúpidos, ni siquiera aunque sea eso lo que son. Se supone que he de decir que tienen dificultades de aprendizaje o que tienen necesidades especiales. Pero eso es estúpido, porque todo el mundo tiene dificultades de aprendizaje, porque aprender a hablar francés o entender la relatividad es difícil. Y todo el mundo tiene necesidades especiales, como Padre, que tiene que llevar siempre encima una cajita de pastillas de edulcorante artificial que echa al café para no engordar, o la señora Peters, que lleva en el oído un aparato de color beige para oír mejor, o Siobhan, que lleva unas gafas tan gruesas que si te las pones te dan dolor de cabeza, y ninguna de esas personas son de Necesidades Especiales, incluso aunque tengan necesidades especiales.?

El gran acierto de la novela es la voz narradora. Impecable, con esa necesidad palpable de aferrarse a los objetos, al pensamiento concreto, y también su habilidad-escudo que logra transformar cualquier situación en un dilema matemático o de lógica deductiva, suponiendo que con un marco rígido las cosas son menos aterradoras. Odia la mentira del mismo modo que sospecha de la metáfora y detesta que cambien los muebles de lugar. Le gustan los mapas y los calendarios porque organizan el espacio y el tiempo.

?Yo no digo mentiras. Madre solía decir que era así porque soy buena persona. Pero no es porque sea buena persona. Es porque no sé decir mentiras (?) Una mentira es cuando dices que ha pasado algo que no ha pasado. Pero siempre es una sola cosa la que pasa en un momento determinado y en un sitio determinado. Y hay un número infinito de cosas que no han pasado en ese momento y en ese sitio. Cuando pienso en algo que no ha pasado, empiezo a pensar en todas las demás cosas que no han pasado (?) Ésa es otra razón por la que no me gustan las novelas propiamente dichas, porque son mentiras sobre cosas que no han ocurrido y me hacen sentir débil y asustado. Y por eso todo lo que he escrito en este libro es verdad.?

El libro es el proyecto paralelo de Christopher: una especie de diario de su investigación policial que lleva a una de sus maestras va corrigiendo, según él nos cuenta. Está lleno de dibujos con los que Christopher intenta descifrar las expresiones ajenas, o teoremas matemáticos con los que busca resolver situaciones como su miedo a lo nuevo, (en un caso, se le ocurre una ecuación que equipara el miedo a lo nuevo con el miedo a lo conocido, creando una constante del miedo como valor decisivo; la ecuación no sirve para nada excepto para que Christopher pueda darle un marco conocido a lo que por ser, justamente, desconocido, lo aterra). También explica los números primos, hace cuadros sinópticos para entender las posibles consecuencias de una elección y demuestra porque los dibujos estelares son en realidad una convención bastante estúpida.

La razón de que el libro haya sido el éxito que fue en España y desde hace un tiempo también en la Argentina (hasta unos meses atrás, estaba agotado en todos lados) se debe a esa mezcla de ingenuidad, determinación y pureza que tiene Christopher para contarnos su historia. Haddon escribe así, puntuando mucho, repitiendo los sustantivos y los verbos una y otra vez, con la necesidad de un narrador tan particular de asentar claramente qué le pasa a quién, y que no queden dudas al respecto. En cierto modo, es una escritura anti-literaria, en un sentido muy conservador. Pero lo que en otro libro podría considerarse torpe aquí funciona como el elemento estilístico fundamental, el que dota de credibilidad a la voz narradora: la apuesta misma del libro se centra en esa voz. Y así es que incluso una vez terminada la novela, uno se encuentra extrañando esa escritura, porque para entonces Christopher se habrá vuelto alguien real y querible, un amigo diferente y tierno del que cuesta alejarse por el simple capricho del autor de ponerle un final al libro.

Publicado en Leedor el 15-08-2010