Intervencion divina

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Uno. Lacónica. Distante. Alegórica. Película de dos partes marcadamente diferentes. La primera, más interesante, de estética despojada, se centra en exhibir acumulación de ritos, mecanizados (satirizados), y cuerpos rígidos, incomunicados, en latente violencia implícita (engendrada) -solo hace falta un
chasquido de dedos, o el golpe de un carozo de mandarina, para que todo, la guerra, o un tanque israelí
Provocativa y necesaria intervención

Uno. Lacónica. Distante. Alegórica. Película de dos partes marcadamente diferentes. La primera, más interesante, de estética despojada, se centra en exhibir acumulación de ritos, mecanizados (satirizados), y cuerpos rígidos, incomunicados, en latente violencia implícita (engendrada) -solo hace falta un
chasquido de dedos, o el golpe de un carozo de mandarina, para que todo, la guerra, o un tanque israelí, estalle- Las relaciones humanas exudan complejidad, en analogía con el territorio -la edificación- en el que se vive: desniveles, intrincadas construcciones a medio hacer. Silencio. Miradas. Incomunicación ritualizada, hecha norma. Tensión. Sordos pedidos de auxilio. Todo, dando cuenta de la vida palestina. De la ignorada por muchos (por todos, medios masivos de comunicación mediante) idiosincrasia del pueblo palestino. Relato enmarcado espléndidamente en un clima de tenue humor, atravesado por pequeños e inesperados gags.

Dos. La segunda parte, es más conceptual (plagada de alegorías) por un lado, y más explícita (dando cuenta del conflicto palestino-israelí) por otro. Y es en éste segundo momento, el del conflicto, donde la primera parte repercute, complejizando al mediatizado conflicto, al aparecer los palestinos humanizados, cotidianeizados, imperfectos, con odios, amores, penas. Y la mirada (palestina) de Suleiman sobre la ancestral contienda se evidencia: no se intenta universalizar la conflictiva relación con los israelíes, no se la intenta matizar. Muestra (el director, en primera persona, él es el protagonista) como ve, entiende, juzga, a los israelíes (militaristas, intolerantes, prepotentes, arbitrarios) Y desde esa mirada (intencionadamente) subjetiva el interés reverbera, política, humanamente. Porque lo que hace es complejizar la relación, pero a la vez (al humanizarla) produce un (irritante, para dicotomizadores, simplificadores de realidades) acercamiento de posiciones. Y las (pretendidas) evidentes diferencias entre palestinos e israelíes se muestran provocativamente con matices coincidentes.

Tres. La complejidad se materializa en las formas (imágenes, cúmulos de ellas, multiplicidad de ellas, multiplicidad de significaciones que ellas crean, diversidad de formas de significar con ellas) que el director elige para estructurar (o desestructurar) el relato. Ficcionalización de la realidad. Representaciones farsescas (una excitante y desorbitada pelea entre guerrillera palestina y 5 militares israelíes, sirve de ejemplo) Y músicas que crean climas confusos, mezclando connotaciones. Todo este ecléctico cúmulo de recursos, combinados de forma peculiarmente consistente, extravagantemente eficaz, logra que la atracción visual nunca decaiga, y que lo transmitido (las ideas, los conceptos) colisionen con el entendimiento simplista y a la vez permanezcan latentes, en potencia, prestos a ser resignificados.

Cuatro. Leo un pequeño escrito de Elia Suleiman, y una nueva (y sugestiva) idea surca mi mente: los israelíes no pueden vivir sin los palestino y viceversa, ambas sociedades mantendrían una virtual relación perversa (simbiótica, ¿sadomasoquista?), dice el director de Intervención divina, “?no mostramos nuestro lado oscuro porque es el más oscuro de todos. Es el miedo a que nuestro lado oscuro sea trasgresor hasta extremos desconocidos. Es el miedo, algo de sospecha e incluso algo de la inconsciente certeza de que nos llevará a un agujero negro: la posibilidad de que nosotros y/o Israel no existamos más?”

Sebastián Russo
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Estrenada el 26 de junio del 2003