Los muertos

0
6

Debut autoral del español Jorge Carrión, en una novela ascética narrada como una serie de TV.Los muertos
Jorge Carrión
(Mondadori, 168 págs, 2010)

Primera cuestión preliminar: Mondadori , siendo parte del grupo empresarial al que pertenece, sigue publicando libros espantosamente trabajados. Cuando no se trata del tamaño de la fuente (ver lo que hicieron con ?Nick Carter? de Mario Levrero: hasta Borges en su lecho de muerte hubiera podido leer semejante letra), se trata de una encuadernación tan poco cuidada que ya no se trata solamente de la falta de pliegos, sino que la goma se desprende de nada y el volumen amenaza con desintegrarse al primer estornudo. Conclusión: no leer libros de esta editorial estando resfriado.
Segunda cuestión preliminar: la faja que cubre la parte inferior de la tapa presenta el libro como ?LA NOVELA QUE ADIVINÓ EL FINAL DE LOST?. Ingeniosa herramienta de marketing, coincidiendo la publicación del libro con el final de la serie norteamericana. Pero resulta que ?Los muertos? no tiene absolutamente nada que ver con Lost, y menos que menos, anticipa, adivina o recrea su final.

Tercera cuestión preliminar: el autor, Jorge Carrión, español que debuta aquí en el mundo de la novela, dijo en charla abierta que revelar detalles del argumento en sí no tenía ninguna importancia (en plena presentación explicaron qué personajes sobrevivían en el final y cuáles no, por ejemplo). Leyendo el libro uno tiene que concederle razón al autor: el argumento es de mínima importancia para el mayor o menos disfrute de la novela. Por eso, esta reseña abundará en esos detalles. El lector está advertido.
El libro está dividido en dos mitades (?Primera? y ?Segunda?, con un ensayo entre ambas y otro al final). Cada parte tiene ocho capítulos a su vez, cada uno con título propio, y el primero comienza del siguiente modo:

?Nueva York, 1955. Un barrio en las estribaciones de la parte alta de Manhattan; ocho manzanas de edificios; cuatro; dos; una; en su lateral izquierdo: un callejón sin salida y, en él, un charco.
El Nuevo abre los ojos y siente el agua. En posición fetal, el perfil del cuerpo incrustado en el charco. Desnudo. Por la bocacalle pasa gente. Está solo, tirita. Sus retinas vibran, como si estuvieran en fase REM todavía. Tres figuras se detienen, al fondo. Una lo señala, pero el Nuevo no se da cuenta. Las tres figuras se convierten en sendos jóvenes: la cabeza rapada, cazadoras color caqui con las cremalleras abiertas, botas negras. Uno sonríe. Otro aprieta un puño americano.?

Cada párrafo de esta ficción está narrado en ese estilo ascético. Es como una cámara que registra, y por eso puede empezar por situarnos en un lugar y un tiempo, luego un recorte de ese lugar, y luego, otro recorte y otro y otro. Llega al plano que le interesa: el del charco, el Nuevo. Aparecen esas tres figuras y en la escritura se puede presentir un juego con la edición de planos detalle y cambios de foco. No existe el narrador omnisciente ni nada que se le parezca. Jamás un monólogo interno, nunca se nos dice qué piensa un personaje, ni nos adentramos en sus sensaciones, su memoria o su percepción. Todo lo que es narrado debe poder verse. El estilo parece descarnado, pero a medida que avanzan los capítulos dejamos de sorprendernos y entramos en la novela. El argumento, hasta el final de la ?Primera? parece ser el de gente que despierta a un mundo que es algún tipo de afterlife, podemos suponer un cielo, un purgatorio, otra vida, una reencarnación. Los ?nuevos? (los que se materializan de repente, sin memoria de su vida previa, aunque se sabe que la han tenido) deben buscar en los adivinos alguna pista de su pasado y así reunirse en comunidad con la gente que tuvo algo en común con ellos.

El truco es que lo que el libro en verdad narra es una serie de televisión. Con dos temporadas (por eso la división de ?Primera? y ?Segunda?), ocho episodios por temporada (correspondientes a los ocho capítulos de cada parte) y ensayos que median, escritos por ?académicos? que discuten los méritos de esta serie, ?Los muertos?.

Pero las sorpresas no terminan aquí. En el último capítulo de la Primera temporada, se revela que los dichosos Nuevos no son simples seres humanos que han fallecido y pasado a otra instancia, sino que son los personajes de ficción (cualquier tipo de ficción: películas, series, novelas, teatro) que han muerto en sus respectivos mundos ficcionales y entonces la serie se revela como la escenificación del afterlife de los personajes que tantos otros autores y directores han sacrificado a mansalva.

?¿Qué es la vida? ¿Es el arte una forma de creación de vida en el mismo sentido que lo es la clonación celular o la fecundidad inducida o in vitro? ¿Hasta qué punto debe estar desarrollado un personaje para considerarse un ser vivo? Es más: si la responsabilidad del creador, individual o colectivo, se relaciona con la posibilidad de infringir la muerte a una criatura de ficción, ¿dónde se encuentran los límites de manipulación de otros aspectos de la existencia de la criatura, como su victimización, es decir, su transformación en sujeto receptor de violencia, su tortura, su sufrimiento físico o psicológico?? Esto se plantea el primer ensayo, el que media entre ambas temporadas. No sólo discurre sobre los derechos de un personaje ficticio, sino que habla de sitios en la web creados por gente cuya angustia gira en torno a la muerte de su héroe favorito. Allí aparece Mypain.com, sitio en el cual uno puede ?resucitar? al personaje de su afecto y por el que debe responder día a día, como si fuera un Second Life llevado al siguiente nivel.

Hasta aquí, la novela es bien cerebral y los personajes son figurines con referencias pop (?Blade Runner?, ?La lista de Schindler?, ?El padrino?, ?Los soprano?, etc.) que sostienen la inteligencia de la premisa. El problema que se esboza en la narración de la ?Primera temporada? es justamente el vacío emocional del libro: el concepto lo es todo y los personajes no nos remiten a ninguna conexión emocional. Lo mismo da que se mueran o no (porque aún en este ?limbo? post-mortem de la ficción se puede volver a morir, desmaterializarse), que tengan mejor o peor suerte en el amor, la amistad y la traición.

Y cuando llega la ?Segunda temporada? la novela entera se arruina. Los personajes son insostenibles, pierden toda coherencia (algo que tal vez tenga su germen en una intención autoral) y el tedio se apodera de la lectura. Los personajes se mueren como moscas, pero no nos importa en lo más mínimo porque nunca fueron más que referencias, y ya no queda otra cosa que esperar que no tarde mucho en llegar el final.

La apuesta de Carrión es original. La idea y la arquitectura son excelentes, pero el libro es como un ensayo general pintado de ficción, sin vida, lleno de ideas pero sin anclaje emocional de ningún tipo. Una vez que a mitad del libro, el lector comprende el juego propuesto (momento de mayor interés en la lectura), la otra mitad no hace más que ir desluciendo lo dicho y dilapidando un mundo cuyas posibilidades eran infinitas.

No es casual que Carrión narre con una cámara e intervenga con ensayos: el libro está lleno de lecturas pero de narración literaria queda poco.
Un dato más: el autor anunció que ?Los muertos? era el primer libro de una trilogía que seguiría con ?Los huérfanos? en 2012 y ?Cisjordania? en 2014. Habrá que curiosear.

Publicado en Leedor el 4-0-8-2010

Compartir
Artículo anteriorEl origen (II)
Artículo siguienteEl viaje de Avelino