Feizbuk Tours

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Tal vez el más “Feizbuk” de todos, el Feizbuk Tours: la nueva propuesta de José María Muscari.Una noche en el Feizbuk

En internet, por suerte, no hace frío. Sin embargo esa noche de estreno, en el patio del Konex, el polo sur se había instalado en las narices goteantes de quienes, con expectativa, esperábamos ingresar al Feizbuk. Fumábamos en uno de los pocos lugares que quedan en la ciudad para fumar libremente: el aire libre. Por suerte no tuvimos que loguearnos, sino simplemente mostrar nuestras entradas. En el pasillo los contactos, los actores, se encontraban como estampas en la pared, anónimas en tanto no se les veía la cara. Con un vestuario tan teatral como el bestiario que puebla la red de redes. Era claramente una vidriera, pero una vidriera activa, más tangible que virtual, más teatral que pedestre.

Nuestro Feizbuk era el de los extranjeros, el Feizbuk tour. Tal vez el más Feizbuk de todos, ya que si algo hizo la Internet y dentro de ella las redes sociales, fue acortar, virtualmente, las distancias. Ya no importa dónde uno esté, el recorrido es siempre el mismo: un click.

La intriga mordía los lugares comunes pero arañaba la ansiada risa. No sabía con qué iba a encontrarme, pero soy un buen espectador, sin conocimiento técnico aunque con una sana expectación, no expectorante. El momento de entrar a la sala siempre está acompañado de una sensación agradable, parecida a la del cine, aunque un poco más íntima y en lo particular más linda. A mi me gusta más el teatro que el cine, la Pepsi más que la Coca y el Facebook más que el Twiter.

El show comienza con una música muy pegadiza, pregnante casi hasta la inconsciencia, que habla del Facebook y lo insulta, lo denigra; pero tal vez reconoce, en esa obsesión, una cierta dependencia. Entran los actores, todos con valijas. Las valijas son siempre teatrales; en este caso, como son todos extranjeros, están justificadas. Una pantalla al costado, dentro del Facebook, promete interacción on line. La obra comienza a todo ritmo.

Los textos se suceden con vértigo, a la velocidad que ocurren las cosas en Internet, cuando la conexión no se cuelga. Un análisis de las redes sociales, pero a la vez una reflexión sobre las relaciones humanas. Los actores navegan entre la web y el escenario; su presentación es también el muro de su propio perfil. Explotan los estereotipos y al mismo tiempo emergen las carcajadas flotando en el ridículo. César Riveros y María Alcalde Montt, los chilenos y los infinitos nombres de la bebida. John Aguirre García, el colombiano y la cumbia pálida en la piel y negra en el alma. Saeed Pezeshki, el mexicano y la sonora margarita que deshoja el melodrama. Milko Bikic, el brasileño y su negación sistemática del carnaval y el fútbol. Pilar Esteban Calle, la española y su cante jondo con melodías llenas de risa y belleza. Herve Segata, el francés y la Chanson con guitarrita y el infaltable perfume. Es como una clase de antropología que celebra la diversidad y se ríe de los prejuicios.

Luego, en caída libre, una visita veloz a los perfiles que pueblan la red social. Perfiles que se presuponen verdaderos, aunque nada pueda garantizarlo. Impactan y estremecen, ejercen un patetismo que se traduce en risa, risa nerviosa, risa negra, risa complaciente. Las historias no son ajenas, están llenas de pena y escasas de vacas.. Las características que se cuentan rozan nuestra intimidad. En alguna de ellas encajamos. Son demasiadas como para evitar las coincidencias. Y no importa tanto la realidad concreta, sino el efecto que causa. En el mundo de las computadoras, uno nunca puede estar seguro que lo que encuentra del otro lado sea un ser humano. Puede tranquilamente ser un robot o más simple aún, una invención estática. Es inquietante no saber qué es lo que hay, realmente, dentro de la pantalla. Sin embargo, como en una película, una novela, o en el teatro, nos comprometemos, casi en forma inconsciente con la historia.

Muscari no es Moliére, tampoco Aristófanes. Ellos no tuvieron Internet. Todos retratan la sociedad y en esa caricatura nos reconocemos. La risa todo lo ennoblece. Tampoco se puede soslayar el enorme esfuerzo de creación y producción que implica montar 7 espectáculos; es casi como jugar simultáneas en ajedrez.

El Facebook es como un espejo de la realidad. El Feizbuk es como un espejo del espejo. Allí se suceden el amor, la locura y la muerte. El sexo, las mentiras y el video. Comunicación y sentimientos instantáneos. Todo pasa y todo queda, aunque las huellas ya no son en el mar sino en el log de un servidor. La eternidad en una hora, el infinito en un click. Las puertas de la percepción son hoy día las ventanas del Facebook o del Feizbuk. A mi me gusta espiar. Ahora me dan ganas de ver las otras 6 versiones.

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Feizbuk de José María Muscari

Publicado en Leedor el 27-07-2010