Memorias de una dama: el libro

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Sin dudas, la mejor novela de Santiago Roncagliolo. Ojalá un día vea la luz.
Sin lugar a dudas, ?Memorias de una dama? es la mejor novela de Santiago Roncagliolo hasta el momento. ?Abril rojo? tenía el aval del premio de novela Alfaguara y ?Pudor? se convirtió en una película de cierto éxito en España, pero ambas todavía tenían una serie de huellas del armado, eran buenos libros, entretenidos y en el caso de ?Abril rojo? con una mirada muy aguda sobre el trasfondo político-social del Perú post Sendero Luminoso (que se completa de modo muy informativo con el libro de investigación sobre el tema ?La cuarta espada?, también del mismo autor). Pero el mejor narrador de Roncagliolo suele encontrar su horma en la primera persona. El ?yo? que juega a confundirse con el yo del autor. Si bien sus dos novelas narraban las desventuras de terceros, tanto ?La cuarta espada? como ?Jet Lag? (su bitácora de viajes presentando la novela premiada) ganaban en frescura al ser narrados por un Santiago Roncagliolo que no deja de ser construido por el autor, pero que suena creíble, entre otras razones porque se toma en sorna a sí mismo (y al resto de los mortales).

En ?Memorias de una dama? finalmente Roncagliolo aborda una novela desde la primera persona y con la perspectiva de un joven autor peruano que intenta hacerse un camino en España, sin papeles legales y viviendo con menos de lo necesario. Este personaje, sin nombre, que cuenta desventuras que riman particularmente con la vida del autor en sus primeros años en la península Ibérica, consigue, en el primer capítulo, la oportunidad de salir de todo apuro económico: una acaudalaba anciana, Diana Minetti, quiere escribir sus memorias y para eso busca un escritor que haga las veces de ?negro literario? (si han visto la última película de Polanski, es lo que hacía el personaje de Ewan McGregor: el tipo que escribe el texto desde las sombras, en base a entrevistas y documentación proporcionados por el titular).

Nuestro héroe consigue el trabajo luego de una serie de divertidas situaciones, en las que la especulación, el desenfado y el cinismo del personaje lo vuelven muy humano, poniendo al lector de su lado, viviendo la experiencia hombro a hombro con él. A partir de entonces, la novela trabaja dos líneas narrativas: los capítulos impares tratan sobre este autor, sus entrevistas con la mujer, los problemas legales que acosan su vida cotidiana, que siempre está al borde del abismo, y sus desventuras por conseguir que algún editor publique ?su obra seria? (que pronto toma la forma de un segundo libro de aventuras en el Amazonas, que el autor escribe en sus tiempos libres del encargo de Minetti), y los capítulos pares presentan directamente el texto de las memorias de la mujer en primera persona también, como si fuera la voz de la propia Diana (aunque nosotros ya sabemos que esa voz ha sido construida por nuestro autor en la ficción, evidenciando los niveles de discurso).

?Nací en Santo Domingo en 1930, el mismo día en que el general Rafael Leónidas Trujillo, «el Chivo», dio un golpe de Estado. Para atender mi nacimiento, la partera tuvo que atravesar toda la ciudad entre los soldados golpistas. Por suerte no le pasó nada. Según dijo, las tropas se habían concentrado en la plaza de la Independencia con todas sus armas. Pero no tenían oponentes porque todos los militares estaban con Trujillo. Así que disparaban al aire, sobre todo para avisar que había un golpe.?

Así empieza la narración de las memorias de Diana Minetti. Roncagliolo aprovecha los tiempos y lugares para que el trasfondo sociopolítico de la República Dominicana de Trujillo, la Cuba de Batista, la Italia del Duce y los lazos de una CIA recién formada con los países de Centro América presten su verosímil a la historia de una mujer cuyo padre supo ser un empresario de ascendencia fascista, perseguido político y conspirador golpista en consecuencia. Aquí, el trabajo de escenografía histórica autóctona que hizo que ?Abril rojo? fuera más que un simple thriller (el trasfondo de la posguerra interna entre el ejército y Sendero Luminoso) vuelve a ser empleado, de un modo mucho más ambicioso y pulido, para llevar a ?Memorias de una dama? al status de un pequeño clásico contemporáneo (al menos, en la distribución pirata).

Por otro lado, uno de los aspectos más divertidos de ?Memorias de una dama? es su descripción del mundillo literario por dentro: el editor de la novela de aventuras en al amazonas que el protagonista escribió por encargo, siempre elude el contacto, y cuando finalmente se decide a publicarla, le explica que lo único que importa es la fajita que dice que una novela es, por caso, ?Gabriel García Márquez filmado por David Lynch?: es decir, algo que venda. Así es como el escritor, que conoce a Mario Bellatin y a quien le envía el manuscrito, recibe la siguiente frase: ?Un nuevo Corazón de las tinieblas de Conrad para todos.? Más tarde, cuando encuentre el libro de aventuras en las esquinas más remotas de las librerías, leerá con asombro la adaptación que su editor ha hecho de la frase de Bellatin: ?Una novela tierna y estremecedora que me ha dejado varias noches insomne. Un nuevo Corazón de las tinieblas de Conrad en el Amazonas.? Pero esto no termina aquí. Una reunión entre el autor y Mario Vargas Llosa regala un capítulo imperdible: ?Empecé a preparar frenéticamente mi entrevista con Vargas Llosa desde mi regreso a Madrid. Volví a leer La Fiesta del Chivo y, por si acaso, Conversación en La Catedral. Ensayé palabras que había leído en sus artículos, como «dictadorzuelos», «cacaseno» y, sobre todo, «ignominia»?. A Bellatin y Vargas Llosa se suman Edgardo Cozarinsky, Alberto Manguel, y ?un joven novelista paraguayo llamado Santiago Roncagliolo? (que resulta ser putañero, amigo de los editores, vanidoso hasta la médula: ?En consonancia con su imagen de joven escritor, Roncagliolo era el típico cabrón divo y seguro de sí mismo que usa lentes Armani y un reloj de pulsera que parece de pared. Daba la impresión de haberse aprendido cada uno de los chistes y anécdotas que debía contar en la presentación. Hasta tenía cuatro o cinco frasecitas para parecer serio y comprometido. Un redomado mentiroso, podía olerlo. Era como si cada centímetro de su cuerpo fuera de mentira.?)

A su vez, los intereses alrededor de Diana Minetti, las discusiones sobre el libro que en cierto modo se disputan constantemente la anciana y su ?negro literario? (ella quiere unas memorias frívolas, que cuenten que conoció a Jackie Kennedy y otras figuras del siglo XX; él quiere un libro que investigue los procesos golpistas en Dominicana y Cuba, todo lo que ha quedado borroso en los libros de historia, un volumen que lo inserte en el ambiente de la literatura seria de España), y la apasionante historia que tejen entre ambos en esa tensión (sea real o ficcionada) hace de ?Memorias de una dama? una novela superlativa.

Roncagliolo es un autor de lectura sencilla aún cuando aborda temas complejos. No se regodea con la frase virtuosa, lo suyo es la narración al estilo de las grandes novelas de otros tiempos. Su interés pasa por qué contar primero, y por cómo contarlo luego en el sentido de que es un gran manipulador del tiempo, de la elipsis como recurso, y por sobre todo, un autor que sabe crear personajes de carne y hueso, algo que no sobra en la literatura de hoy que suele caer en el reciclado eterno del best-seller enigmático/romántico con personajes de cartón o en los grandes libros cerebrales, que casi han sustituido todo argumento por complejos razonamientos más propios de un ensayo.

A Roncagliolo se lee como se leía en otros tiempos: por placer. Pero por sencilla que sea, no es una lectura plana. Roncagliolo tiene ideas, pero no están expuestas a modo de manual, sino que se expresan sutilmente en los conflictos de sus personajes, dejando en claro que nunca hay una certeza definitiva, que los valores son relativos y que más allá de esa gran cosa abstracta que es la Ley, está la vida real de la gente, en la que lo inmediato, lo urgente, pone en pausa toda sujeción a un orden superior y decadente.

Y sin embargo, pese a todo lo dicho previamente, el lector no encontrará en las librerías la novela, por los motivos explicados en la nota anterior. Hay otros modos de acceder a ella, claro, pero es una pena que una lectura tan interesante y adictiva no pueda llegar a manos de cualquier persona por las vías tradicionales. Más allá del autor, más allá de los intereses de la editorial, ?Memorias de una dama? merece otra suerte y es de esperar que llegue el día en que el libro vea la luz finalmente, y no se trate ya de algo que conocemos unos pocos afortunados.

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